¿TRABAJAR? de NDLeón
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Bulevar la Ku’Damm o Kurfürstendamm en Berlín Oeste. Foto de istockbygettyimages |
¿TRABAJAR?
Con cariño para Fernando Marquina. Hijo predilecto de la Hacienda Casa Grande. La Libertad, Perú.
¿TRABAJAR? de NDLeón
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Bulevar la Ku’Damm o Kurfürstendamm en Berlín Oeste. Foto de istockbygettyimages |
¿TRABAJAR?
Con cariño para Fernando Marquina. Hijo predilecto de la Hacienda Casa Grande. La Libertad, Perú.
LOCURA EN LA OFICINA de NDLeón
LOCURA EN LA OFICINA
Había regresado a la civilización, por varios años había sido el más más en el periodo de cosecha de la hoja sagrada, temido capataz en la cristalización de la droga en medio de la jungla de Uchiza—Tocache, toda esa concentrada experiencia lo mantenía reservado en su lejano pensar. El amor de sus amores se había metido con su peor enemigo y por amor el antiguo sicario se había convertido en taxista, apretón, delivery microcomercializador de quetes y pacos. Para variar, su enamoradita de turno con nuevo amante vendía el peor seviche del barrio, obligado le tenía que comprar, y lo peor, comerlo a vista y paciencia de los mecánicos, paseros, pintores de chatarras, sopletes y alcahuetes.
Aburrido en Lima, recibía una mesada de sus jefes caídos a menos, propinas que no alcanzaban para la canasta mensual. Una botella de ron con su evervess ginger ale y limones lo descuadraban en su presupuesto semanal. La droga en Parina Street ya no era la de antes, no tenía salida. Revender y micro comercializar era una porquería. Mejor era trabajar unas horas en «Gamarra Gallery Gross Sex» vendiendo calzones, sostenes, licras, polos para las venecas que eran las nuevas mamis del centro comercial.
Un sábado, tarde de noche, el desorientado macerador se encontró con su broder, antiguo gaucho de las pampa argentinas, contó su tragedia. El gaucho estaba peor, había chocado su auto, le habían quitado el brevete, su mujer no le daba permiso para salir ni para visitar el templo del santo grial victoriano. Estaba secuestrado por su madre, esposa e hija en plena pandemia de covid19 coronavirus. Se encontraron porque se había escapado por unas horas de la férrea prisión conyugal. Se compraron un par de botellas de ron black, limones y se entonaron en la esquina, en los muritos del jardincito llamado por los parroquianos buenos y malos como «La Oficina». Hablaron sin lágrimas, como buenos victorianos de BalconCity. La primera botella se la acabaron como agua bendita de la parroquia Guapalupe. Recién en la segunda botella hacían pausas para contar sus tragedias urbanas, domesticas y de cana.
El gaucho se cayó de espaldas en las plantas de cactus que adornaban el jardín. Se acurrucó, como almohada la botella vacía. Dos tragos más, el veterano capataz le siguió los pasos, se metió al jardincito y empezaron a roncar. En plenos sueños el antiguo capataz gritaba nombres indescifrables, hacía pausa, luego temblaba como adoquín con tercianas.
—Agravado tienes que ir a la fiesta, si no vas tú no hay tono, la China quiere contigo, su esposo a partido a yunaissteies...
—¡No quiero! Estoy casado. Mi mujer me ama. Yo la amo, nos amamos...
Pasó como una hora, nuevamente las voces le quitaban el sueño a Agravado.
—¡Hurtoagravado, hay un tamal, busca cliente, te agarras el 50% de las ganancias!
—¡No puedo! Estoy casado. Mi mujer me ama. Yo la amo, nos amamos...
En plena madrugada. Agravado gritó a los cielos.
—¡Puedo nadar, cruzar el río Huallaga, pero primero es salvar a mi esposa... mi mujer me ama. Yo la amo, nos amamos...
Llegó la aurora, el fresco amanecer, la gentita del barrio hacían su cola con la distancia reglamentaria de metro y medio para comprar su pan, aceitunas y mantequillas con sus mascarillas y otros exagerados con máscara facial acrílica, guantes y bastones.
La voz del jardín fue escuchada nuevamente por Hurto Agravado.
—¡Agravado, tómate un interprovincial, vente urgente a Uchiza Tocache nos están bombardeando, quemando los pastizales, cocales, cabañas, aeropuertos! ¡Necesitamos de tu sabiduría extraprogramática incaica cajachoshilico!
—¡Noo, noo, noo! Estoy casado. Mi mujer me ama. Yo la amo, nos amamos...
Pasaron dos horas, ocho de la mañana, el gaucho se despertó, Agravado fue despertado. El dueño del jardín los granputeó, le habían cagado su cactus genuino ancashino.
—¡Puta madre, vete a tu casa huevón... tu mujer debe estar preocupada, suerte que no te ha pasado nada! ¡Tu mujer te ama, tú la amas, ustedes se aman!
—¿Qué mujer huevón? Yo soy soltero...
Todo había sido una terrible pesadilla en el jardincito de La Oficina.
NICOLÁS DANIEL LEÓN CADENILLAS
Lima, 2021.
PRÓLOGO de ELID BRINDIS
Pocas veces tenemos la oportunidad de asistir a un diálogo interior, y qué mejor que hacerlo a través de la poesía. En II Desamor (Poemario urbano) encontramos ese diálogo interno que el poeta sostiene con sus fantasmas, con ese recuerdo latente que perturba su estabilidad emocional y lo obliga a conceder espacios inusitados a la inspiración en busca de respuestas.
Nicolás León Cadenillas, un «zaguero central» que rompe esquemas, ejerce su derecho a la autocrítica, a la crítica y al reclamo social, en un lenguaje y estilo personal propio, con la mínima influencia de los constructores de poemas de las grandes épocas pasadas, los llamados «monstruos» de la poesía.
Ese diálogo del que hablamos se
advierte en toda su magnitud cuando el hablante lírico se expresa en segunda
persona, escasamente en primera o tercera persona, sobre todo cuando se
enfrenta a la amada y sus fugaces apariciones, desapariciones y, a veces,
etérea presencia velada en los versos.
En sus poemas de largo aliento León
Cadenillas narra historias inconclusas pero conectadas en ese diálogo
interminable, entre presencias fugaces y ausencias prolongadas, mientras que en
sus poemas breves hace gala de reflexiones introspectivas de vivaces matices
que pueden provocar en el lector reacciones controversiales, por decir lo
menos; pero como solía decir Octavio Paz, la poesía sirve para transmitir emociones
y sentimientos.
Un ejemplo de lo anterior, es
decir, de la transmisión de sentimientos, tanto como de la vivacidad de matices
en poemas cortos, lo encontramos en «Ave fénix», en el cual el poeta, en breves versos, describe la
vida del artista en una profunda reflexión práctica, o en «INRI»,
en el que hace de los signos de puntuación el ideal amoroso con que puede soñar
cualquier amante.
Como
ha quedado escrito, de II Desamor
(Poemario urbano) se pueden decir muchas cosas, aparte de ese diálogo
introspectivo que mantiene el hablante lírico con la «amada ausencia», y sella
ese lenguaje de la orfandad sin amor en «Sin respuestas» o, como lo dice el
poeta: «tus respuestas sin respuestas».
El
«victoriano de La Victoria» no se entretiene creando una figura, imagen o
forma, un hilo conductor preciso que predomine a lo largo de sus poemas. Más
bien, en su lenguaje urbano hace un atinado recuento de situaciones que
desembocan en el título, o que nacen de él: «Desamor», pero sin que este se
convierta en una característica o en una constante dentro de sus letras.
Sin
embargo, no deja de lado otros aspectos que forman parte del paisaje humano,
como la locura, los abrazos, los besos, incluso aborda de manera poéticamente
escatológica el tema de la muerte, específicamente el suicidio, en «Morir», al
mismo tiempo que proyecta un reclamo social contra las instituciones
oficialmente constituidas en el tema de la salud, sin perder ese diálogo
insondable entre la poesía y la «amada ausencia».
Y
es posible desvelar otros misterios de la poética de León Cadenillas, pero no
hay nada más alentador para un poeta que ser leído, por lo que se augura una
cálida acogida a II Desamor (Poemario
urbano), sobre todo para los lectores que gustan de la voz fuerte que
caracteriza a un actor de teatro como lo es Nicolás León. En resumen, este es
un poemario al que no es necesario desearle suerte puesto que nació con ella.
Elid Rafael Brindis Gómez (México)
Periodista y editor
SEGUNDOS O TERCEROS… HURRA de NDLeón
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| Adolfo Suárez Perret, campeón mundial, 1961. |
SEGUNDOS O TERCEROS… HURRA
«Desgraciado el país que necesita héroes» Bertolt Brecht
«Doblemente más desgraciados si los héroes son segundones o terceros» Nicolás León
―«Nuestras bravas deportistas consiguieron el subtítulo mundial en una vibrante campaña que puso a todo el Perú de fiesta». «El equipo nacional perdió dejando pundonor en la cancha» ―¿Por qué siempre tenemos que festejar los subtítulos o las derrotas? ¿Por mediocridad? Si hablamos de «competencias» la presea de oro es la única que cuenta, la que se festeja, lo demás al archivo. Qué mala costumbre nacional. Nos llenamos de laureles deportivos con segundones o terceros puestos. Esos festejos son malos ejemplos para todos los ámbitos culturales, deportivos, sociales. Perdimos la Guerra del Pacifico, nuestros vecinos se han llegaba buena tajada del territorio nacional, perdimos los conflictos armados con Ecuador y Colombia; varios de nuestros caudillos, traidores conocidos. Lo curioso es que estamos llenos de monumentos, bustos, avenidas con nombres de muchos que no lo merecen.
―«Somos los mejores, nuestro equipo quedó segundo en la Libertadores» ―¿Qué? Tenemos que recordar al Club Cienciano del Cusco, Campeón en la Copa Sudamericana 2003 y en la Recopa Sudamericana 2004.
Estoy segurísimo que Brasil nunca va a festejar el «Subcampeonato» de la Copa Mundial de Fútbol Brasil 1950, conocido como «El Maracanazo». Ni me imagino que Argentina festeje el «Subcampeonato» de la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990. Maradona requintaría desde los cielos celestes. No veo con certeza que los grandes del box, Foreman, Frazier o Bonavena festejen sus derrotas frente al gran Muhammad Ali. Solo en el Perú festejamos derrotas. Seguimos añorando a nuestra selección nacional de México 1970. Aplaudimos a la selección de Paolo Guerrero en su ida y vuelta de la Copa Mundial FIFA Rusia 2018.
Tenemos medallas de oro. En TIRO: Edwin Vásquez Cam, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, en la especialidad de pistola libre a 50 metros. BILLAR: Adolfo Suárez Perret, campeón mundial en la especialidad Tres Bandas, en Ámsterdam (Países Bajos), en 1961. SURF: Felipe Pomar en 1965 y Sofía Mulánovich en el 2004. Así mismo tenemos en AJEDREZ a Julio Ernesto Granda Zúñiga, primer Gran Maestro Internacional, (1986). Se encuentra entre los mejores ajedrecistas del mundo.
En cada distrito existe una
infinidad de parques, avenidas, calles, pasajes con los mismos nombres de
señores que dejaron sus vidas por una causa justa, por un Perú mejor, también
tenemos nombres y apellidos de muchos rastreros que traicionaron su suelo
patrio sin embargo la historia de los historiadores mermeleros los limpian de
polvo y paja. Sería buen ejemplo develar monumentos, estatuas, bustos; inaugurar
calles, avenidas de los prototipos de hombres y mujeres nacionales de los
campos científicos sociales; antropología, historia, filosofía, lingüística,
literatura, psicología y arte; así también como en el deporte. En vez de
festejar como loquitos un subcampeonato, un tercer puesto o una efímera
participación mundial, tenemos que valorar a nuestras Medallas de Oro. Se tenía
que decir y se dijo.
NICOLÁS DANIEL LEÓN CADENILLAS
Lima, enero, 2021.
Y esto es todo por hoy, felices fiestas y próspero año
nuevo 2021... seguiremos marchando, exigiendo al MINCUL que se desahueve.
Decirle al gobierno fascista morado, a la Policía Nacional y al Ministerio
Público: Basta de «terruquear» a dirigentes, a civiles, a los artistas
populares por el simple hecho de marchar, opinar, cantar, recitar diferente al
señor presidente. No más mecidas, la lucha continua…
PICHANGA EN TOLAR GRANDE de NDLeón
Crónica de un mochilero. Del libro de mi autoría De Chorrillos hasta las playas de Río. 2015.
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| Niky León, 15° -0 Argentina, agosto, 1973. |
PICHANGA EN TOLAR GRANDE
En la fronteriza Estación Ferroviaria de Tolar Grande del Departamento Los Andes de la Provincia de Salta, Argentina, en plena puna salteña, 3508 msnm; los chilenos, controladores y policías, no nos dejaron continuar el viaje, desconocieron la tarifa de estudiantes. Razones van y vienen y nos bajaron del tren. Sonamos. Nos quedamos en la intemperie abandonados a nuestra suerte. Preguntamos cuando venía el siguiente tren.
—Un tren por semana —respondieron.
El sargento primero, máxima autoridad militar de la Estación argentina, hombre de buena voluntad, nos cobijó, nos adoptó hasta que pasara la marea. —Está prohibido caminar fuera del campamento —nos dijeron. El soldado jefe argentino se apiadó de nosotros y nos consiguió un cuarto en el campamento militar. A las seis de la mañana sonó el corneta y saltamos de los colchones. Colaboramos cortando leña con hacha. El hacha estaba hecha hielo de congelada y pesaba como un vagón de tren. Después del desayuno nos trasladaron a los cuartos del dispensario rural de la Estación como alojamiento. Un señor, empleado administrador del Ferrocarril General, nos brindó con mucho cariño el almuerzo y la cena en su cabaña familiar, el primer plato era a base de menestras y terminábamos con una rico plato hondo de sopa caliente que al menor descuido se convertía en una raspadilla de verduras. Todo el día hacía frío en Tolar Grande y en la noche era una congeladora industrial. En una de las salidas, vimos movimiento en la pampa, nos acercamos cautelosamente. Unos jóvenes, entre veinte y treinta años, estaban apostando unos vinos y asados. A un equipo le faltaba un jugador. Nos miraron de pies a cabeza.
—¿Che, sabés jugar
a la pelota? —preguntó el capitán del equipo blanco.
—¡Soy peruano pibe! ¡Ya te
olvidaste de la eliminatoria de México 70!
—¡Che, no jodás! ¡Contestá! ¿Qué jugás?
—¡Defensa! —grité super
confiado. Empezó el partido y por mi lado fueron los ataques, yo me encontraba
oxidado. Cinco minutos de juego y ya perdíamos tres cero por mi culpa. Mi
marcador pasaba como perico por su casa. Hasta mis compañeros de equipo se
reían de mí torpeza. Las piernas las tenía anquilosadas y entumecidas por el
frío. Nuevamente el macho se me vino encima con pelota pegada a los chimpunes,
le puse la pata recontrafuerte como Roberto Perfumo, un jalón como Chito La
Torre, una quimba como el Cholo Sotil, un pase como Roberto Challe, y un golazo
como Perico León. Me ahogué en la celebración de mi gol. Quería que acabe el
partido, pedí cambio, me mandaron a la mierda. Seguí jugando como Daniel frente
a los leones. En el segundo tiempo demostré mis dotes y condiciones innatas de
armador. En Minas Gerais aprendí algunos trucos de campeones. Terminamos
empates.
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| La linda familia que se apiadaron de nosotros. Arg, agosto, 1973. |
—Mañana la
revancha.
—Yo no puedo mañana —dije con voz tétrica lazarística.
—Si ustedes no hacen
nada. La próxima semana recién se pueden ir.
—Mañana es mi velorio. No puedo más —rieron todos.
Pusieron leña al fuego de la parrilla, sacaron de una
caja de cartón unos enormes churrascazos. Abrieron los vinos mercenarios La
Riojana, vino malo, tipo lija, pero efectivo para la digestión. Los peruanos nos
pegamos un atracón de padre y muy señor mío. Quedamos bien curados con
la bendita sangre del Señor. Con el trencito bajamos a Salta para
recursearnos un sencillo más. Salí a las calles a chambear, a las plazas a
manguear, laboré en la Plaza de Armas haciendo Teatro de la calle, Mimo y
Pantomima, pedí limosna, limpié carros; me aburrí y me fui a Tucumán.
*Fotografías del baúl de los recuerdos en Tolar Grande, agosto,1973. Arg.
NICOLÁS DANIEL LEÓN CADENILLAS
Karlsruhe, 2010.
PASEO POR HUANCAYO de NDLeón
De mi libro «Cuentos breves
para mi nieto».
Dedicado a Julio Marroú Miró.
¿Te acordás hermano? ¡Qué tiempos aquéllos!
(Tango. Tiempos viejos).
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| Nicolás León en el Tren Macho. |
PASEO POR HUANCAYO
En una Semana Santa con
feriados y Domingo de Resurrección. Nos pusimos de acuerdo para irnos a pasear
por la incontrastable y bella ciudad de Huancayo, eso si con pareja, como mi
costillita del barrio no podía ir, ni le daban permiso fui con una amiga y
colega de estudios. Los demás, cuatro amigos, dos de mi barrunto y dos de
surquillo, llevaban a sus lindas noviecitas y vecinas, unas lindas y tremendas
joyitas en bruto, sin pulir se lucían vistosamente por su originalidad.
Éramos cinco pelucones con ropa de colorines, con pintas de vagos profesionales, buenos para nada, con blue jeans apretados y descoloridos, botas gastadas y manchadas de aceite por las motos. Nos comunicábamos con ademanes, gestos, gritos y toda clase de movimientos y morisquetas; hablábamos unos encima de otros, con una perfección extraordinaria de entendimiento.
El promedio de edad de la collera era aproximadamente veintidós años. Viajamos en tren, el punto de reunión fue la Estación de Desamparados, doce horas de viaje, chacota, licor solapa y besitos a las gilas. En Huancayo paseamos por el Cerrito de la Libertad mirando toda la ciudad y el Valle del Mantaro; en uno de los restaurantes comimos unas ricas truchas traídas del criadero de Ingenio. Para bajar el opíparo almuerzo nos fuimos caminando hasta llegar a la Plaza de Huamanmarca que significa «Tierra del halcón», para gran novedad del grupo.
Tres días llenos de caminatas,
en las mañanas para recuperar fuerzas tomábamos de desayuno, en el Mercado más
cercano al Hotelito, jugo de frutas con cerveza negra, huevos y algarrobina. De
almuerzo nos metíamos unas Pachamancas o Lechones con papa y bastante ají con
huacatay, a lo bestia, compartiendo el rancho con nuestras parejitas.
En el penúltimo día de hueveo,
las chicas estaban super cansadas de tanto turistear y sentían más frío en las
noches y era verdad el frío estaba bien picante, las mandamos al Hotel para que
se entretengan viendo televisión y nosotros nos fuimos a hacer tertulia como
buenos contertulios. Escogimos un bar en el centro de la ciudad, con música y
juegos de azar. Nos acomodamos en la mesa principal con vista a la puerta y
veíamos la fachada del frente donde funcionaba una Academia de Artes Marciales
con profesores de la Federación Peruana.
Pedimos seis cervezas heladas,
cubilete con cinco dados y un mazo de naipes. Empezamos jugando «Cachito clásico:
Callao cinco rayas», cada uno tenía su estilo y sus palabras mágicas de la
buena suerte, todos con su cábala para ganar y chupar gratis.
En plena bulla y piconería
entraron al local unos señores de blanco y pelo cortadito, se sentaron a un
extremo de la sala y nos pidieron que bajemos el volumen. Les contestamos que
si pedían con un «por favor» bajábamos la bulla. A regañadientes pidieron «por
favor». Bajamos el volumen. Seguíamos tomando y jugando en orden, siempre con
la alegría que dan los tragos. Después de una hora el grupo uniformado nos
pidieron callar porque uno de ellos quería hacer un brindis por un año más de
la Academia de Artes marciales. Al momento que hicieron el brindis nosotros
también brindamos con ellos. Fue el primer y gran error. Teníamos que estar
distanciados de los karatecas y judokas porque comenzaron a mirarnos con malas
caras.
Seguían las chelas en ambos
grupos hasta que recibimos un par de besos volados y varios piropos:
—Para la de rojo —ese era yo.
—Para la China —ese era mi
compadre Zambo.
—Para las dos reinas de la peluquería
—seguía la joda.
—¡Maricones de mierda! ¿Por
qué no se cortan el pelo y se visten como hombres? —más piropos.
Nosotros no «escuchábamos» las
insinuaciones, seguíamos jugando, pero la hiel se nos revolvía por el hígado y
por toda nuestra humanidad. Nos miramos haciéndonos señas con los ojos, con la
lengua, con los dedos, pero nada de hablar, solo gritos de alegría por el
juego. Contamos hasta diez, diez profesores de artes marciales y nosotros cinco
pelotudos metiéndonos en problemas, siempre lo mismo… concha su madre.
Por los poros la adrenalina
hasta el tope y el corazón en la boca, uno de nosotros respondió mentándoles la
madre, la tía, la madrina y la abuelita. Los karatekas habían esperado ese
momento, se levantaron de sus sitios sonriendo, mirándose con confianza de
saberse ganadores, se acercaban lentamente como en las películas del viejo
oeste, nosotros los veíamos venir, pero no hacíamos ningún gesto, ni de miedo
ni de valor, estábamos concentrado en lo que teníamos que hacer. Los seguíamos con
la mirada. Respirábamos lo necesario. Al primer ataque de los karatekas me tocó
a mi hacerles frente, contratacando con el banquillo en el que estaba sentado y
dando los golpes certeros terminé mi actuación arrojando la banquita al centro
del grupo agresor, abriéndome y dejando libre el paso para que dos de nosotros
levantaran la mesa con botellas, platos, ceniceros y se las zamparon al grueso
del grupo contrario. Zambo ya estaba preparado con su correa en la mano y
después de dar varios hebillazos se acomodó en la puerta y el último como
despedida les levantó la banca por los aires. Inmediatamente después de la
demostración sincronizada como defenderse ante peligrosos adversarios,
emprendimos la de villa diego, cada uno por su lado y en diferentes
direcciones, no nos conocíamos y en fuga mucho menos. En la madrugada del día
siguiente uno por uno llegamos a la Estación del Tren, con diferentes prendas
de vestir, nos sentamos a la distancia acurrucados de nuestras lindas parejitas
y cuando el tren emprendió la marcha rezábamos y no veíamos la hora de estar en
casita con nuestras preocupadas mamitas.
En Lima, haciendo nuestras
tareas cotidianas y en la noche reunidos en la tienda de la tía Alicia, por teléfono
nos leyeron un artículo que había salido en el periódico huanca:
«Delincuentes de Lima masacran
a profesores de artes marciales de las especialidades Kárate, sipalki, aikido,
judo, kung-fu, tac-kwon do, artes de combate, defensa personal, deportes de
contacto y lucha libre. Los delincuentes, facinerosos muy peligros para
nuestra sociedad con amplios prontuarios delictivos se encuentran fugados. Los
diez profesores de la academia de Artes marciales de la ciudad se encontraban
reunidos en la pollería celebrando un año más de vida institucional cuando
fueron atacados por los delincuentes, todos ellos se encuentran en cuidados
super intensivos en el Hospital el Carmen. La policía peina toda la zona para
dar con los maleantes».
Nunca se habló más del tema. Y
ahora en está oportunidad lo escuché nuevamente en mi corazón.
*Fotografía: Tren Macho. Estación de Tren de Huancavelica. Martín Molina Castillo —Tárbol.
NICOLÁS DANIEL LEÓN
CADENILLAS.
Karlsruhe, 2009.
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