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Silencio en el velatorio. NDLeón.

Silencio en el velatorio. NDLeón.
"Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción". Antonio Machado.

Tratando de pasar inadvertidos se apersonaron en silencio al conventillo del parque, una vez en la esquina del pasaje se camuflaron bajo las sombras de las palmeras, preguntaron por el viejo intelectual, nadie les dio razón. El añejo pensador se encontraba escribiendo un poema triste de despedida para su compadre. A pesar que era vecino antiguo, muy pocos conocían su verdadero nombre, para todos él era simplemente "El Escriba", el amanuense antipático y gruñón por su drástica aversión a la mentira, al robo y a la traición.

A los señores coludidos con el mal sólo les quedó gritar. Del tercer piso el Escriba respondió sin dar cara y sin aviso. -¿Qué pasa?- se escuchó un barullo después unos segundos de silencio,  alguien se animó y habló: – ¿Maestro, va ir al velorio? ¡Todo el mundo está preguntando por usté!– silencio nuevamente, una breve pausa y de repente se escuchó una seca respuesta lacónica -¡Voy!– El Escriba inmutable paró la oreja, escuchó los pasos de la retirada de la manada. Sonrió, miró la hora. –A las 22:00 en punto, voy- se dijo.

Terminó de escribir los versos tristes, chequeó y marcó una coma. Doblo la hoja. Meditando se dirigió al diván, levantó su sobretodo, se dio un vistazo frente al espejo, se acomodó el sombrero Borsalino, se ajustó la chalina azul marino. Salió de su departamento, bajó las escaleras con mucho cuidado agarrándose del pasamano. Los peldaños estaban completamente empapados. La noche estaba de luto, lloraba lágrimas negras, las sombras desaparecían en la densa oscuridad de las tinieblas. El Escriba con las manos en los bolsillos del gabán caminó lentamente pisando seguro. Del tercer piso escuchó un lamento femenino – ¡Mejor no vayas el ambiente está muy feo, algo traman! -. El Escriba respiró profundo tres veces, las tres veces expulsó el aire inhalado con fuerza, sereno continuó su marcha. Mientras avanzaba repasaba su vida, sus logros y caídas, también repasaba su nada.



Nicolás Daniel León Cadenillas
 Miembro del Gremio de Escritores del Perú - GEP.

Llegó al velatorio, más de ciento cincuenta personas brindaban con pisco, caña y café. Saludó a unos foráneos, entró consternado al sombrío lugar, dio el pésame a la familia del difunto, saludó a los más allegados. Se acercó al cajón, observó al finado. Rezó brevemente. En silencio abrazó a los amigos comunes. –¡Oe, ten cuidao!- le susurraron. Miró con el rabillo de los ojos para ambos lados. –¡Chalequéame!- respondió asolapado. Le alcanzaron una taza de café y galletitas sin mantequilla. Entre el umbral y el dintel del portón se quedó parado conversando con los pocos conocidos que se le acercaron. –¿Putamadre, pa’qué has venido?- le dijo al oído un amigo. –Tenía que venir por una y mil razones y no voy a dar explicaciones.- respondió mirando el oscuro cielo. -¿Y quieres irte junto con él? ¡Cojudazo, abre bien los ojazos! ¡Ya diste el pésame ahora vete!- lo reprendieron sus desesperados ángeles de la guarda. Como si no hubiera escuchado nada, caminó por la veredita rumbo a la licorería. 

No dio ni cinco pasos, un grupo cerrado se abrió, sombras fanáticas salieron como jauría de hienas, avanzaron en complicidad con la oscuridad como depredadoras garras; sujetaron y golpearon a los dos ángeles custodios. “El Tío Unicornio”, el prototipo malo del barrunto, el usurpador líder desquiciado golpeó vilmente la espalda del viejo sabio escribidor. El Escriba avanzó un paso, él entendía su pleito con artes y mañas, giró con maestría, a tiempo esquivó una traicionera puñalada, le cayó un puntapié en la rodilla, esquivó una daga, un golpe en la cara, un puntazo en el pecho; quiso retroceder para guardar distancia, el Chato Danny Pelao, con disimulo lo sujetó de la manga del abrigo; hipócritamente, le murmuró: -¡Pa’qué escribes lo que has escrito!- El Escriba se dio tiempo para responder -¿Tú qué has leído, cachudo de mierda?- ¡Yo nada pero él me ha dicho que le han dicho que tú has dicho y lo has hablao y publicao!- contestó el cobarde -¡Te han dicho qué, miserable!-. Los descerebrados trataron de bajarlo, volaron varios botellazos, algunos se estrellaron en el apacible tronco del guayabo. La inseparable dama del Unicornio fuera de sí, irrumpió la bronca, le lanzó varios carterazos, fallando su cometido. -¡Maldito, vas a morir!- gritó con delirio, amenazó con odio al sabio escritor. El Escriba con reflejos de pantera esquivó cada uno de los golpes traicioneros. Lo amenazaron, lo insultaron, lo vejaron. -¡Mañana te voy a destruir!- se escuchó claramente decir de los labios del jefe usurpador. El Escriba sin perder la compostura responde muy educado y con cordura –¡Bien, mañana te espero, me destruyes y haces fiesta. Pero ahora te pido respeto, estamos de luto, respetemos al difunto y a su familia, respetemos al que en vida fue como nuestro hermano, él fue tu ejemplar maestro, merece respeto!.

Dos señores se meten al pleito, ponen orden y piden respeto. El jefe usurpador y su dama, llenos de rencor y amargura rumian su bilis. El Escriba se retira por la veredita que va al bulevar de la avenida central. –¡Mañana!- grita un anónimo protegido por la oscuridad y sombras de la negra noche.

El Escriba siguió su camino, se detuvo en la licorería, compró un vino semiseco de calidad. Se retiró a paso normal, ni lento ni rápido, él no estaba apurado. En casa tomó una gran copa, lápiz y papel, y comenzó a escribir lo sucedido, exclamó con una sonrisa irónica - ¡Esto puede ser un best séller! – empinó el codo una y otra vez y escribió rápidamente sin parada cada detalle de la feroz cobardía ocurrida en el velatorio del velorio de su gran amigo, el carismático Jefe del Club San Lorenzo del Espíritu de la Verdad y Amén. 

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014. 

Caramelos de menta y limón. NDLeón

Caramelos de menta y limón. NDLeón.
Para Ulises Aquiles Coba Casas, ícono de la Urbanización La Pólvora CNSS  - La Victoria.

Nicolás D. León Cadenillas y Ulises Aquiles Coba Casas.
Baluartes de la Urb. Balconcillo. Distrito de La Victoria.

Un cuento para reflexionar.
Caminando por el Emporio de Gamarra, cargado de compras, ropa interior, calzones nuevos, medias, ternos y abrigos de buen vestir; el meticuloso jurista del barrio observó aterrorizado a un antiguo vecino de BalconCity, cómodamente bien sentadito en su silla de ruedas en el entrada principal de la Galería Guizado Hermanos – sentado es lo de menos - lo que le mortificó fue que el vecino estaba mangueando, limosneando, vendiendo caramelitos a diez centavos la unidad -¡Dios mío!- exclamó para sus adentros el limpérrimo letrado -¡Esto es una vergüenza para nuestra urbanización residencial! ¡Qué va a decir la gente!- repitió mentalmente herido en su estatus social.

El señor abogado toda la semana estuvo pensando como atacar el tema, como sugerir una salida salomónica sin herir susceptibilidades. Regresando complacido de su magistral disertación lógico-argumentativa en su bufete de abogados; pensó nuevamente en sus vecinos de su exclusivo barrio. Mientras pensaba, manejaba prudentemente por el gran puente a 80 kms por hora, vio la luz roja, paró en seco, y como loquito exclamó - ¡Carajo! ¿Qué es esto? ¿Esto no puede ser? – el jurisconsulto reconoció al arrojado de la golosina, nuevamente en menos de una semana divisó a su singular vecinito frente a sus narices, intrépidamente semaforeando entre buses, combis asesinas y automóviles de marca; ofreciendo caramelitos de peritas, menta y limón en hora punta en plena vía central del mayor tráfico del cruce de Pershing con la avenida Javier Prado. Su cerebro dijo basta y pensó tomar el toro por las astas.

-¡Tío colabore pe compre una bolsita de a sol! ¡Señor, señorita una limosnita por el amor de Dios! ¡Cómpre un caramelito! ¡Un solcito no te hace rico ni pobre! ¡A sol diez caramelitos importados del extranjero!- al culto letrado la oferta le retumbó sus finos y delicados oídos.

Niky León y Ulises Coba, hermanados en las buenas y en las malas.

El magistrado, sudoroso, pensativo y decidido, llegó velozmente a su segurísimo, custodiado y distinguido condominio. Se descalzó de sus carísimos zapatos de cuero argentino hecho a mano, se colocó sus pantuflas japonesas de piel rojo escarlata de talón bajo, mudó el terno de casimir escocés por un impecable buzo Adidas Originals, zapatillas Nike, gorro jockey verde dolar. Dejó en su mesita de noche su Rolex reloj de oro amarillo 18 quilates con esfera de nácar engastado con diamantes.

El letrado con llavero de oro chapado y llaves de plata en mano, se dirigió a la “Residential Casitas White” llevando el chisme, tocó el timbre, por suerte salió su compadre, el hermano bueno del vendedor de caramelitos, conocido por la muchachada como “Burruchaga”. Al alto funcionario del Poder Judicial le entró el alma al cuerpo y con confianza disertó.

-Burru, disculpa que me entrometa pero en calidad de amigo, vecino y fiel compañero en las buenas y en las malas, te hago saber, que ¿Cómo es posible que ustedes acepten que Odiseo esté solicitando migajas por las calles del Cercado de Lima? Nosotros vivimos en una urbanización residencial, ¿Sí los vecinos se enteran que van a decir? Yo sugiero que ustedes hagan algo idóneo para suplir la carencia de tu hermano y pare de sufrir deambulando de semáforo en semáforo, semaforeando.

El Burru se sintió humillado. La terrible acción del hermano caído los catapultaba como una gran familia insensible ante los ojos de Dios.

Ante la denuncia del buen vecino asalariado, la familia contrató temerarios espías mercenarios parinacochanos, resultado: el caramelonicidio estaba comprobado. Los hermanos abrumados y avergonzados realizaron un consejo de guerra a espaldas del pobre Odiseo. Convocaron a todos los parientes y familiares cercanos. Algunos miembros llegaron con una minivianda, fuente o bandejita de rico exquisito potaje regional. Uno que otro sixpack de cervecitas en lata. Una vez que acordaron las acciones, nombraron como conciliador al hermano ecónomo más solvente, a Burruchaga. Con carácter de urgencia citaron a Odiseo, el hermano desamparado.

Ulises Aquiles Coba Casas con su hijo Dennys Alexis, 
Categoría 2000. Club Alianza Lima de La Victoria.

Al siguiente domingo en reunión central, Odiseo fue recibido con silencio atronador. Burruchaga, el hermano conciliador lo miró fijamente, frente a frente, le explicó al hermano pobre el porqué de la reunión y le aclaró que se retire de las calles, deje de pedir limosnas y claudique con las ventas de caramelos. –Hermano, Odiseo, los vecinos y nosotros estamos descontentos con tu proceder lastimero. Estás a la deriva teniendo una familia a quien debes pedir ayuda y no dar lástima. Hemos acordado hacer un pozo mensual que cubra tus gastos, necesidades y servicios inmediatos. No queremos que sigas deambulando por las calles dando pena. Nosotros podemos hacer una chancha mensual para que de una vez por todas te retires de las peligrosas calles de La Parada y Pershing. ¿Aproximadamente, cuánto es lo que necesitas mensualmente?

Odiseo trató de sumar mentalmente, pensó, meditó, pidió un papel bond y un lápiz Faber Castell con borrador, con la ayuda de su cuñada escribió aproximadamente sus mínimos gastos mensuales en nuevos soles oro moneda nacional. La cuñada se valió de su celular para seguir la cuenta. Odiseo escribió:

-Alquiler mini departamento 700 – Luz 90 – Agua 50 - Teléfono fijo 210 – Celular 300 – Cable 70 – Internet 100 - Comida 900 – Bolsa balanceada para perro y gato 500 – Choclo para el loro 30 – Colegio 600 – Taxis 400 – Pasajes 120 - Polladas bailables / entradas al estadio / anticuchadas / fulbito 400 – Telehipódromo 100 - Mantenimiento Club 1,000

El caramelógamo con dificultad realizó la suma, el orden de los factores no alteraba el resultado, su cuñada chequeó y dio el V.B. El hermano caudillo de la magna reunión leyó el total. Se le secó la garganta, se le trabó la lengua, miró el total varias veces, miró la silla de ruedas, comprobó que las ruedas de la silla estaban gastadas. Le alcanzó la hoja al vecino abogado que fungía de notario, este devolvió el papelito que quemaba. La hoja rotó por todos los presentes de la sala. Los verdugos y guillotineros del caramelero se miraron las caras. Asombrados, avergonzados y sonrojados se pusieron de acuerdo con inquisidoras miradas, dejando en ficha y en stand by el ofrecimiento de la ayuda económica. Le pasaron en micrófono a Burruchaga, y él buscando la palabra adecuada pidió las disculpas correspondientes en nombre de todos los presentes. El abogado A1 se quedó mudo, no opinó, sólo sonrió.

El conciliador hermano Burruchaga pidió solidariamente un voto de confianza para el hermano de los caramelos. Por unanimidad acordaron de vez en cuando comprar las bolsas de caramelitos mientras Dios les de vida y Odiseo pueda seguir bregando por las peligrosas calles de la Lima Cuadrada, ofreciendo, vendiendo sus dulcesitos y recibiendo la caridad humanitaria del Dios Padre Celestial.

Una vez que todo el laberinto se desenredó, Odiseo con la anuencia de la sala pidió la palabra y habló con parábolas porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. – Bueno, yo sólo quiero decir que el dinero no es lo más importante, lo que vale es el sentimiento y la buena intención de corazón, la familia y la unión es lo que cuenta y vale, gracias a todos por compartir y preocuparse por mí- Odiseo abrazó a su hijo que se encontraba a su diestra, abrazó a sus hermanos y hermanas, sobrinos, tíos; dio apretones de mano a sus parientes y paisanos. Del bolsillo de su camiseta bicolor azul y blanco sacó su Celular Android. PS Vita. Marcó varios dígitos, espero respuesta y pidió seis pollos a la brasa delivery y seis porciones de papas fritas de la Pollería Tomi. Mandó por seis cajas de chelas heladas, seis gaseosas de tres litros cada una, dos botellas de ron para bajar la grasita de la Bodega de la Sra. Nancy del Dasso. Y a su carnal broder lo arengó para que vaya con cuidado a comprar a la carretilla de la vecina de la esquina, bolsitas de canchitas, habas, chifles, machica, cigarrillos, fósforos y bastante vainilla. Al primer brindis pidió por lo más sagrado de las "White Small Houses" que apoyen a su equipo de fulbito el “BarChelona Fútbol Club”.

Ulises Coba.
Gran Vecino Ejemplar de la Urb, Balconcillo de La Victoria. 
Gran Amigo. Gran Padre de Familia.
Gran Promotor del Deporte Amateur en su querido Distrito Blanquiazul Victoriano.


Se armó la jarana con guitarra y cajón. El cajón lo cajoneaba con recutecua, mondongo, zalamería y sandunga, Odiseo, él señor de los caramelos de menta y limón. Afuera, en las tenebrosas calles seguía el aroma inconfundible a canela, clavo de olor, inciensos y aditivos de la avenida De Las Américas. Poco a poco la Procesión del Santo Patrón se acercó, la gente humilde se persignó y rodearon al Santo Judas Iscariote, los más avezados metieron el hombro para llevarlo a la Capilla ardente y rezar, y entre trago y trago encender las velitas de incienso en su altar popular.

Nicolás D. León Cadenillas
Lima 13, 2014.

Pedro Luis, el taxista. NDLeón K'Dnias.

Pedro Luis, el taxista. NDLeón K'Dnias.
Dedicado a Pietro Luigi Cancino Capone.

Pedro Luis Cancino Otoya y Nicolás Daniel León Cadenillas.

Esta es una de las más tristes historias dentro de las historias de los lechuceros del volante, le sucedió a Pedro Luis, el taxista de la vecindad.

El cachuelero del timón, el taxista macalacachimba no tenía documentación; carecía de brevete, DNI, tarjeta de crédito, Seguro Social; el auto no tenía tarjeta de propiedad, ni placa original, SOAT, mucho menos revisión técnica. Carecía  de autorización para ingresar al Aeropuerto. El chofer era un perfecto NN y el auto, también. Un buen par de NN. Por designios de los dioses del volante luchaba contra su triste destino para sobrevivir y seguir adelante bregando con su fatal adversidad.

‘Pierre’ -como lo llamaban sus colegas por su semblante de payaso triste romanticón herido de amor- taxeaba a escondidas de los custodios del orden; del fiscal, del juez y de los intocables; de los policías e inspectores municipales. De vez en cuando sufría un percance y con su bendita labia la libraba, salía airoso de sus diligencias coimeando a cuanta autoridad se le cruzaba en el camino. A los tombos corruptos los cegaba con monedas falsas de cinco soles, billetes chuecos que compraba en la cachina de la tía cochina del viejo puente, del río y la alameda, y eso no era todo, en complicidad con el anochecido cielo de vuelto entregaba billetes de Intis millones de la maquinita.


La triste historia empieza en la placita de la Iglesia La Ermita de Barranco. Después de haber comido un sanguchazo monstrífero, bebido una gaseosa y dormitado una breve siesta, nuestro experimentado conductor se estiró de pies a cabeza, abrió sus ojotes; en el horizonte el sol se mandaba un clavado de cada día; prendió el motor de su gasolinero Toyota, miró la cruz, meditó y arrancó.

En la siguiente cuadra una señora; bonita, gruesita y limpiecita; le hizo la seña para que parara. Nerviosa preguntó.

-Brasil con Javier Prado Oeste. Combien? ¿Cuánto?
-¡Quince soles!
-¡Pagó Diez!
-Suba… usted es la primera de la tarde. Espero que me traiga suerte.
-¡Rápido por favor!
-Voy por la Costa Verde. ¿Algún problema?
-¡Por donde sea más rápido, s'il vous plaît!

Todo el camino fue en silencio, después de un buen trayecto la mujercita repitió tres veces.

-¡Acelere, acelere, accélérer!

Siguió el silencio nuevamente.

-¿Usted no es peruana, no?
- ¡Je suis péruvien! Soy per ruana…

Llegaron a la avenida Brasil, unos minutos más tarde y antes de lo pactado la dama semigritó.

-¡Acá! ¡Pare! Acá pare por r fa vor.

El chofer acató automáticamente la orden. La señora le alcanzó dos moneditas de cinco soles y bajó, se le acercó un tipo con pinta ancestral de los nativos del Callejón de Conchucos muy parecido a nuestro puntero mentiroso Alejandro Toledo. Este gallo la miró con fastidio y le recriminó delante del chofer profesional.

-Me has hecho esperar cualquiera la cantidad de tiempo.
-No pude salir antes.
-¿Has traído mi encargo?
- No. Primero tenemos que hablar. Ya metiste la pata una vez y no quiero que se repita…
-No hay encargo. No hablo. Ya no quiero nada. Chao.

El sinvergüenza se acomodó los pantalones de un tirón y cruzó la pista esquivando motos, carros y buses. Paró un micro y desapareció. La mujer se quedo fría y taciturna, miró ambas esquinas, camino rumbo al malecón. Se paró. Regresó. El taxista sapeaba todo, bajó del auto haciéndose el güevón, limpió el parabrisas con un trapito rojo cochino, abrió la puerta posterior y de relancina orinó. Sacó una botellita, se mojó las manos y con el trapito sucio se las secó. Se peinó e interrumpió la indecisión de la dama.

-¡Señora! Regreso a Barranco. La llevo.

La dama miró de pies a cabeza al atlético moreno lechucero, fijó la vista en la barriga chelera. Bajó la mirada y con resignación musitó.

-Vamos.
-¡Le cobro igual, Diez Soles!
-Vamos señor.

La señora se acomodó en el asiento delantero. Acurrucó su cartera en su pecho, cerró sus lindos ojitos, sollozó y lloró. En la Costa Verde levantó la mirada, quiso decir algo pero la palabra se le atragantó en la garganta. Caviló. Habló.

-Por favor puede ir despacio, no quiero llegar a mi casa... tempran…
-¿Despacio? Lo que usted ordene… el cliente siempre tiene la razón.

El sol había desaparecido, el resplandor en el firmamento teñido de claros oscuros tonos anaranjados se oscurecía, se notaba una que otra estrella.

-¿Me acompañaría con una copa de vino?
-Acompañarla. Una copa de vino. No puedo decir que no. "Frente una copa de vino, yo me río de mí, me da una pena tan grande que me tengo que reír. Esta risa no de enojo más no es por disimular. Y sin lágrimas en mis ojos es de risa y nada más"… ¿Dónde piensa comprar?
-Lo tengo en el termo.
-¿Y los vasos?
-Copas… en mi cartera.

El auto se cuadró en un pequeño estacionamiento muy pegadito a la estrecha vereda peatonal. La señora bajó, se sentó en una banca. -Hay que ser bien idiota para poner en un malecón frente al mar, bancas mirando al cerro para tragar monóxido de carbono. Esto es un mamarracho de proyecto.- renegó la señito, se tapó la nariz e inmediatamente se puso de pie y se dirigió a la playa llena de piedras. Subió a un montículo construido con gigantescas piedrotas y desmonte. Suspiró. Miró el infinito. Abrió el termo, sacó las copas de la cartera, pausadamente sirvió el rojo vino.

-¡Salud!- Secaron las copas sin respirar. Hicieron silencio. -¿Qué pasó? Perdón… puedo preguntar, no.
-Se acabó la relación. Se enteró de un dinero que había evadido al fisco con ayuda de mi madre… y me quería chantajear. Yo dije que no, que primero había que hablar, que otra vez será… fue empleado de mi esposo… mi esposo se enteró de lo nuestro y lo despidió. Mi esposo no vive conmigo… tiene una secretaria de veinte años.
-Cuarenta y veinte… bonito número. Mi esposa también me dejó por uno que tenía veinte… millones de soles en su cuenta corriente. Fue un amor a primera vista… eso fue lo que ella me dijo.
-Es broma o es en serio.
- La firme... "hay que vivir la vida antes de que la vida nos viva"... evación de impuestos, corrupción, delincuencia… todo eso sucede… taxeando no me entero de nada… vivo en una burbuja… fíjate que en las últimas elecciones no sabía por quien votar…
-Yo no voto… yo pago la multa… ningún candidato vale la pena. Son unos hijos de la guayaba.
-Perdón... no son hijos de la guayaba, son unos hijos de puta. Eso son… se acabó el vino ¿Y ahora?
-¿Compramos una chatita de ron?
-¿Síii?
-No, es una broma… entremos al auto, tengo frío.

Dentro del auto, se abrazaron, hacía tanto frío que se desvistieron  para entrar en calor. Zamaquearon el auto sin compasión. Abrazos, besos, arrumacos. Desembucharon todo lo tenían que decirse. Acabaron de hablar, se vistieron y bajaron. El taxista revisó las llantas, ella miró hacia la nada. Volvieron a subir al auto.

-¿Cómo te llamas?
-Pedro Luis… ¿Tú?
- María Antonieta Josefa… ¿Cómo te dicen?
-Luchín.
-A mí me dicen… mejor nos olvidamos del tema. Vamos ya.
-Vamos. No te olvides los diez soles, me debes los diez soles del taxi.

Llegaron a la casa de la señora. Un hermoso chalet recién terminado, vigilado por un guachimán uniformado. Ella bajó muy seria, saludó al vigilante. Abrió su cartera, sacó un billete de cincuenta nuevos soles y se los alcanzó.

-Estamos parches. Quédate con el vuelto. Todo fue muy bonito pero olvídate, nada pasó, nada sucedió, tú no has estado ahí ni yo tampoco, yo no te vi, tú no me viste. 

La señora hizo un suave gesto de negación, miró fijamente al taxista, cerró la puerta de un portazo y se marchó. El taxista romanticón herido de amor emprendió la retirada, miró por el retrovisor, miró el billete, pensó en voz alta.

-No estuvo mal el día. No he ganado ni he perdido. Sí así fuera todos los días. Gracias Misericordioso Señor de la Exaltación de la Santa Cruz del Venerable Pasaje José María Corbacho.

La triste y melancólica historia fue para el taxista indocumentado un sueño de una noche de verano.

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014.

Proceso al Cajacho. NDLeón.

Proceso al Cajacho. NDLeón.
Dedicado al salomónico Dr. Edward Mercado Serra y al polietileno Sec. Manuel Mejía Espinoza, gracias por vuestro apoyo mis queridos y respetados mecenas de La Esquina de La Oficina. Nk.

Edward Mercado Serra y Manuel Mejía Espinoza

“Si los que hablan mal de mí supieran exactamente lo que yo pienso de ellos, hablarían peor.” 
Sacha Guitry (1885-1957) Actor, director, dramaturgo francés. 

-Este individo dice que yo lo he golpeao, es totalmente falso, señó Gobernadó. ¡Es mentira! Claro que ganas no me faltan de golpearlo, patearlo, masacrarlo, por mentiroso y hocicón.
-¿Señor, Mercato della Sierra, usted está consciente de lo que está manifestando?- preguntó, Pilato Buriván, el señor Gobernador.
- Cien por ciento conciente, señó- recalcó el denunciante Mercato della Sierra.

Juan de Dios Palosanto de Spinoza, se encontraba sumergido en el sillón de los acusados, vilmente denunciado en la Gobernación Palermitana del Palermo Bar. Sudaba frío. Miró, empapado de  miedo, con el rabillo del ojo izquierdo al denunciante, al maniático leguleyo archiduque de BalconCity, don Edoardo Mercato della Sierra. Recordó que este sujeto malo ya lo había amenazado en la cola de la repartición de los panes y los peces, y él como digno hijo bueno de Dios se quedó callado. Nunca en sus cuarenta años de ciudadano ejemplar había vivido una experiencia tan desgarradora.

-¡Pruebas!- Solicitó la joven abogada de Juan de Dios Palosanto.

El despiadado denunciante escrutó con malicia y odio a la joven letrada. Fijó la mirada al Gobernador, se dio cómplices miradas con su bella endemoniada mujer. Inflexiblemente atacó de palabra. Explicó cualquier tema menos lo solicitado.

-Este señó que se hace el santurrón por unas meras monedas escribe cochinadas- vociferó el arbitrario denunciante- yo no soy ladrón, ni estafador, ni corrupto, ni sinvergüenza y tampoco ingenuo, señó Gobernadó. Seguramente he cometío errores, errores normales. Eso es lo normal. Pero, este señó que funge de escritor no es trigo limpio, tiene negro el corazón.

Entre sus dudas, Juan de Dios, se preguntó -¿Por qué me tiene que suceder esto a mí? ¿Dios Mío, qué he hecho, dónde está la madre del cordero?- Mientras cavilaba, deslizó su mano derecha al bolsillo de su negra y percudida casaca, sacó una libretita, escribió: -El idiota grita, el inteligente opina y el sabio calla- y sonrió.

-Escribe tontería- continuó vociferando Don Edoardo Mercato -maldades, mentiras, a escribido en feisbú sobre mí persona dañando mi imagen de mí reputación, yo no he estafaó a nadies, dice mentira que no son verdá sobre mí, a rajao de mi familia y se mete con mi honrao y piadoso compadrito espiritual. ¡Eso no lo puedo soportál!
-¿En facebook dice usted?- preguntó el imparcial Gobernador.
-¡Sí, señó Gobernadó! Toda esa basura escrito está en feisbú.

Juan de Dios, sorprendido de la viperina verborrea del denunciante archiduque, bajaba la mirada para no incomodarse y pensar en la única pregunta que se le cruzaba por la mente. Por su crianza y educación no estaba acostumbrado a escuchar gritos, ni dar a traición golpes ni puñaladas. 

 -¡Perdón… el señor denunciante tiene que demostrar con pruebas tal afirmación!- se pronunció la señorita abogada.
-¿Tiene usted una copia del texto?- preguntó el Gobernador.
-Mire, yo sé que este señó a escribido esas tontería porque mis amigos y amigas me han llamao y me dijieron que habían leído en feisbú que estaban hablando mal de mí ¡Y eso no lo puedo permitir señor juez!
-Cálmese, yo no soy Juez, soy el Gobernador.
-¿Puede demostrar con pruebas el daño que supuestamente mi defendido le ha ocasionado?- solicitó la señorita abogada.
-¡Claro que puedo! Voi a pedir a una de mis amigas que saque una copia de lo que ha leido y me entregue la copia porque ahora ya no está publicao porque el señó este lo ha borrao.
-¿O sea usted no tiene pruebas?- retrucó la jurista.

El demandado, Juan de Dios Palosanto de Spinoza, tenía la vista clavada en la nada. Pensaba que decir pero no decía nada. Su defensa pidió la palabra. Palabra denegada. La letrada insistió y preguntó a su defendido.

-¿Señor Juan de Dios, usted en los últimos tres meses ha borrado algo de su facebook, algún escrito, una carta, a un amigo?
-Yo no he borrado nada, usía. En mi Muro todo sigue igual.
-¿Don Juan de Dios Palosanto, usted qué escribe?
-Yo escribo… cartas y sonetos de amor… versos y poemas líricos, ensayos, sociales… fútbol, cultura y algunos cuentos de barrio de mi barrunto.
-¿Todo está en su Muro?
-¡No! En mi Muro pego el link para que visiten mi página blog. En mi haber tengo más de doscientos cincuenta cuentos dedicados al Círculo Bulevar Palermitano… y nunca he tenido problemas, señor Gobernador.
-¡Mentira, es mentira!- gruño el hostil denunciante gruñón, Don Edoardo Mercato della Sierra.
- Si es algo mío yo no lo borro pero si no es mío, lo borro- acotó Don Juan de Dios -hay gente que me manda textos, cuentos, cartas y yo hago el trabajo de corrector de estilo, corrijo faltas de ortografía y lo que han querido decir, por el cachuelo cobro o me dan mi sencillo. Al principio tenía problemas con el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Y el verbo se hizo libro sin faltas de ortografía. Yo a mis lectores les decía: ‘Las faltas de ortografía es adrede para que se entretengan corrigiendo y no se aburran mientras leen’.
-¡Ajá, ahí está pes! ¿Dices que no borras? ¡Has borrao, pé!
-¿Borrado, qué?
-Lo que has escribido sobre el marqués… y la…
-¿Marqués? Ah, era eso… don Edoardo Mercato, con todo el respeto que usted se merece, usted está equivocado, le han contado mal el cuento… no es “marqués” es “Cajamarquez, cajacho shilico” como mis abuelos, como mis ancestros. ¿Esa palabra es su problema? ¿Usted es paisano mío, es cajamarquino?
-No, a Dios gracias, no. ¿Ahora no te acuerdas de lo que has escribido?
-Ese texto no es mío es de otro, tiene dueño y ese dueño no soy yo. Yo no me puedo apropiar de nada ajeno, ni de sus escritos, ni de sus riquezas ni de su dinero. Palabra de Dios.

La abogada, pidió nuevamente la palabra. Preguntó al vil archiduque.

-¿Señor Don Edoardo Mercato della Sierra, tiene usted pruebas, sí o no?
-¡Tenemos las pruebas pero no las hemos traído!- respondió por su marido la bella mujer endemoniada desde su amplio sillón decorado en paja gris oscuro ratón.

Tímidamente, Juan de Dios, pidió la palabra.

-Señor... con el perdón de la audiencia… Don Mercato, usted menciona una equivocación… los personajes del escrito no tienen nombres, ni apellidos, ni sobrenombres, ni alias, ni chaplines... ¿cómo es qué usted se da por aludido? ¿Cómo sus amistades dicen que es usted uno de los personajes creado por mi humilde imaginación? 

Don Edoardo Mercato della Sierra rumió cólera y bilis. Tiño sus ojos celestes en color rojo sangre bandera chillón.  La abogada insistió.

-La pregunta es para el denunciante. ¿Señor Mercato della Sierra tiene usted pruebas, sí o no? Conteste usted por favor.
-Mire, señó Gobernadó, a mí me llamaron varios amigos y amigas y me dijieron que habían leido algo contra mí y mi familia, otra amiga me llamó y me dijio ¿quién es ese desgraciao que habla mal de ti? ¡Páralo de cabeza!
-¿Tiene usted la prueba?- insistió la letrada.
-Ahora no… pero la voy a conseguir… lo que pasa señó Gobernadó… es que yo no tengo feisbú, no tengo interné, por eso no lo he leido los insultos ni los agravios pero mis amigo respetable todos ello; ellos, sí lo han leido y me dijieron que este individo está hablando mal de mí, manchando mi honorabilidá y el honor de mi blasón familiar y la honra de mi adorada…
-¡Usted no tiene pruebas, ni ha leído nada! ¿Es verdad, sí o no?
-¡Pero mi amada esposa sí lo ha leido!
-¡Usted es el denunciante! Por ley, su esposa no puede ser testigo. Una acusación sin pruebas es un ultraje. ¡Secretario, tome nota!
-¡Venga la sentencia!- respondió el secretario respetuosamente al señor Gobernador.
- ¡En vista de lo que hemos escuchado, y de lo que usted ha declarado, me imagino que usted estará incomodado pero yo lo estoy mucho más, y como en estos chismes y diretes y cotilleos de comadres no tiene usted la razón o usted le pide perdón al señor Juan de Dios Palosanto o va un año a una prisión del Dios de Jacob!

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014.

INTERNET MAIPE

INTERNET MAIPE 
Jr Manuel Toribio Ureta 237
(Ref. entre la 4ta y 5ta Los Diamantes) 
Urb. Balconcillo - LA VICTORIA

De Alejandra León & José Espinoza

INTERNET en el BARRIO 
INTERNET MAIPE 
de Alejandra León Palma
 & José Luis Espinoza Córdova
JR MANUEL TORIBIO URETA 237 
(Ref. 4ta y 5ta cuadra de Los Diamantes)
Urb Balconcillo - La Victoria. 
INTERNET MAIPE de Ale y Jolis.

Vino de la Viña. NDLeón

Vino de la Viña. NDLeón.
"El que no ama el vino, la mujer y la canción será un tonto toda su vida." Pensamiento impreso en una estampa germano-estadounidense de Kimmel y Voigt, 1873.

Después de escuchar la misa dominical de las doce del mediodía, regresé a casita. -Oh, sorpresa- había que esperar hasta las tres de la tarde para ir en familia al piadoso Comedor Parroquial. Mientras tanto me dispuse calmarle los nervios a mi otro yo; darle un aperitivo, algo de beber al sediento y hambriento; abrí una bolsa de pan de centeno, destapé meticulosamente una botella de vino de la viña palermitana, me serví un buen trago en una copa burdeos de caña fina, di gracias y bebí la sangre de la alianza sin derramar una sola gota bermellón. – Una copita más para templar las neuronas y escribo los versos que me dicta la musa del fruto de la vid de mi corazón- me dije –vino fuente de inspiración, brindo por ti como poeta helénico, hijo natural de doña Helena y de don Nicolás- ¡Papá! –Gritó mi hijita amada cortándome la viada del elixir de la fuente de la juventud- ¡Es mediodía! - me increpó –Hija mía, tengo las ideas desordenadas, quiero paz para escribir una bocanada de verbo ardiente para que no me rechinen los dientes- ¡Para ti cualquier pretexto siempre es bueno para empinar el codo! -¡No gritéis a tu progenitor… tengo en mente un poema que me late constantemente… escucha, escucha este verso hecho canción!



-“Diosa morocha, que rica eres, ojos almendrados, morena capulí, cabello anochecido, perfil azabache, eres mi frenesí”.
-¡Caramba! Al primer sorbo se te subió la inspiración o es el hambre que te hace hablar tonterías.
-Hija mía, escucha la melodía.
-“Sonrisa franca, labios tentadores, habladores, embrujadores, cuerpo y despechos de amores”
-¿Tás emborracha’o?
-Borracho de amor por la poesía, no la entiendo sólo la siento que me hace cosquillas…
-“Diablilla, diablilla. Quisiera robarte un beso, apretarte las mejillas, recibir un sopapo o una sonrisa de mentirilla”.
-¡Papá, lleva plata, tienes que pagar los almuerzos de tus queridos nietos!
-No me distraigas ni me hables de plata. Dios proveerá o nos fiarán hasta el próximo domingo.

Me quede solo, cogí lápiz y papel, y escribí como loquillo antes que la musa me dé una patada en el fundillo.

VINO DE LA VIÑA
Diosa morocha.
Morena capulí.
Linda eres.
Ojos almendrados.
Anochecido cabello.
Azabache perfil.
Eres mi frenesí.
Sonrisa franca.
Sincera.
Labios tentadores.
Exquisitos
Embrujadores.
Cuerpo.
Pechos de amores.
Diablilla. Diablilla.
Robarte un beso quisiera.
Apretarte las mejillas.
Recibir un sopapo.
Un desprecio.
Una sonrisita de mentirilla.

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014.

El Cholo Aliaga. NDLeón

El Cholo Aliaga. NDLeón

Con cariño dedico estas líneas por los grandes y lindos recuerdos que tengo de mi tío Herculano Chihuán Aliaga.

- Ahora en la noche es la Misa del tío Chihuán ¿vas a ir?- Sí -respondí lacónicamente. Pensé. Pestañeé. Abrí los ojos para soñar despierto. Me acordé de uno de los cientos pasajes que compartí, compartimos, con el buen tío chupaquino de Chupaca del Valle del Mantaro. El tiíto Herculano.

De niño, en familia, escuché que los mayores lo llamaban con bastante aprecio “El Cholo Aliaga”; los niños le decíamos “El tío Aliaga”. De un día para el otro, de la noche a la mañana, nuestro querido tío Aliaga pasó a ser Chihuán y la familia cambió de logo: Familia Chihuán-León. Se me hizo un remolino cerebral, pregunta que te pregunta, pregunté, y en un instante de lucidez mental di en el clavo, me enteré del nombre completo y profesión del tiíto lindo, y justo en ese momento se encontraba en la cúspide de la fama:

- “Señor Don Herculano Chihuán Aliaga. (Junin) Chef, Gourmet, Maestro, Experto en Artes Culinarias”.

- ¿Cómo se come eso?- volví a preguntar.

- ¡Cocinero, empresario!- me aclaró mi mamá.


Los tíos Herculano Chihuán Aliaga y Alicia Juana León Cadenillas 
con el nieto Angelo Castagnetto Chihuán. 


Recuerdo también los paseos por las playas de Barranco, la tribu de sobrinos era grande. Lupe, Pedrito e Yrma León Zevallos; el primo mayor, Goyo León Alejos; Anita, Pepe, Luchi, Yola, Meche Morales León; la gringa Rosa Santos Cadenillas; Pedro y Niky León Cadenillas; los dueños de casa, los carismáticos primos Chihuán León: Willy, Rafael, Gilda, Petty, Rubén, Jaime y un par de bebes más.

Veraneábamos bajo la atenta mirada de la tía Alicia y de mi mamita, la tía Elenita. A la hora que acababa la excursión, el tío Herculano nos llevaba a comer pollito a la brasa con tecito caliente. –Hasta otro día- nos decía en la despedida. Claro que sí, todos esperábamos la siguiente oportunidad para salir a pasear con los tiítos, Alicia y Herculano Chihuán.

Antes de sacar mi Libreta Electoral, había decidido seguir una profesión artística. A mi papá y a una buena parte de su entorno no les pareció una buena idea. De un momento a otro me encontré en medio de tempestades, mientras tanto yo actuaba como perdido en el limbo. Recibí una sarta de cuestionamientos. En una reunión familiar tuve la suerte de conversar con el tío Herculano, me habló de su profesión, transcribo sus palabras: –Mi oficio es modesto, lo aprendí de joven, lo hago con cariño, cuando uno hace las cosas con cariño las puertas se abren. No hay profesión mala. El resultado es cuestión de uno –. Lo que hablamos no lo sentí como un consejo vertical sino como un derrotero de vida. Y como dijo el poeta español Antonio Machado: –Caminante no hay camino, se hace camino al andar –. Agarré mi mochila, y emprendí la aventura que todavía no tiene fin.

NICOLÁS DANIEL LEÓN CADENILLAS.

La Victoria, 2014.

 

La negra del burdel. NDLeón

LA NEGRA DEL BURDEL de NDLeón
 ¿Y por qué, no?

«BURDEL» Obra pictórica de Víctor Humareda.

LA NEGRA DEL BURDEL
Cuando murió el maestro Leonardo Favio ídolo de mi generación sentí una gran pena, a la distancia fue un gran amigo como si lo hubiera conocido en persona. Escuché sus discos y me percaté que yo también tenía una experiencia de cabaret. Leonardo tenía su Rubia del Cabaret y mi experiencia fue con la Negra del Burdel.
Traté de recordar esa linda experiencia y recordé las veces que nos cruzamos en el camino. Por ases del destino llegó por mi barrio y mantuvimos en silencio el amoroso secreto.
Con mi tío Fernando Alfonso, mayor que yo por tres años nada más, nos habíamos ido en su motoneta Vespa modelo 150S a la playa de Agua Dulce, yo iba bien agarrado sin casco; en esa época no se usaba ni era obligatorio; tampoco llevamos toalla ni bronceador. Jodiendo un rato, chapaleando por el mar otro tanto y cuando el sol recontra quemaba decidimos regresar a casa. Me tocó manejar. Manejé con cautela. Llegando a mi rico BalconCity, mi tío me gritó en la oreja.
¿Vámos a putear, quieres ir o te dejo en tu casa?
¡Ónde las putas!!
¿Adónde? ¿México o Huatica?
¡Huatica!
Me dirigió el camino que yo también conocía. Llegamos al burdel, yo nunca había entrado al susodicho condominio. Con mi pinta de jovenzuelo no sabía que hacer. El portero un negro gigantón tapaba la visibilidad del portón. Con una propina sonrió y me dejó pasar. Mi tío lo palmeó, le dijo una cosa rápida no más y salimos —. El portero contesto otro día no traigas pichones, güevón —.
Caminamos por el callejoncito pobre y sórdido del prostíbulo, mirando a las damas y señoras, ninguna me llamaba la atención, fui y regresé varias veces. Mejor nos vamos le dije a mi tío. Cuando salíamos una de las puerta se abrió y ahí estaba lo que buscaba. Una diosa de ébano, más alta que yo. Con calzón y sostén rojo. Rojo los zapatos de tacón alto y rojo sus labios color rubí de rojo carmesí.
¿Te gusta?
Sí, paga, yo entro acá me despedí turbado.
Atiéndelo bien a mi sobrino con cariño. Está pitito dijo mí tiíto.
Me saqué mi pantalón corto y mi polo de escolar, y las zapatillas llenas de arena. La diosa de ébano se acomodó en la cama sin sacarse el sostén ni los zapatitos rojos.
¡Playa, puta y raspadilla, qué bonito día! cantó la diosa.
De los nervios no pasaba nada. Ella sonrió, carcajeó, le dio un piquito y funcionó.
Yo no doy besitos a nadie pero como tú eres pollito, que bonito me dijo ven y me hizo el amor te acordarás de mí toda tu vida sentenció.
Qué lindo fue, qué lindo fue.
Pasaron varios, años, unos diez, la diosa de ébano caminaba por mi barrio. La miré y dicho y hecho exactamente me acordé de ella. Se dio cuenta de mi intrusa mirada inoportuna y sinvergüenza.
¿Qué michi miras, tengo monos en la cara?
No, yo la conozco, usted fue mi primera enamorada de verdá en carne y cuerpo cuando yo era pipiolo le dije bien despacito sólo para ella. Frunció el ceño, pensó, me miró en complicidad y con una sonrisita me pidió mi opinión.
¿Y... te gustó? moví la cabeza haciendo la señal del si guarda el secreto que quede entre nosotros dos. Estoy plantada, mi esposo subió un gradito más y con los muertos y heridos fácil alcanza. Ahora soy ama de casa. ¿Vives por acá?
Si, vivo en unos de los pasajes del rico Parque Miguel Dasso me miró y se despidió.
Siguió pasando el tiempo y la encontré llorosa y demacrada, se le veía como una antigua diosa de ébano en picada, conservaba la dulce sonrisa de enamorada.
¿Qué te pasa, estás sufriendo de castigo?
Lloro de pica de rabia y de pena. Mi esposo ahora que es comandante me dejó al abandono. Se ha ido de la casa con una vecina cualquiera. Miserable de mierda. Putié por él y ahora el pago que me da. Sólo me quedan mis hijos...
Lo poco que sé es que la hermosa negra del famoso burdel tampoco tuvo suerte con sus hijos, tanto sacrificio y por culpa de ellos, la mencionan sin piedad. Hijos de la güayaba completamente distanciados del amor de la Virgen de Nuestra Señora de las Victorias. El hijito mayor, siguió los pasos del solterón Rafael Rey Rey al Opus Dei; el otro se convirtió en un despiadado otorongo mentiroso búfalo compañero traidor aprofujimoristamontesinista; y el último, recomendado por Manuel Burga, peseteando se vendió por un ripio pío pío al cremoso plumífero clú.
Estos hijos dé... se cambiaron de barrio para evitar la solidaria miraba de nuestro Santo Patrón el Señor de los Milagros de La Victoria Corazón.
NICOLÁS DANIEL LEÓN CADENILLAS
Karlsruhe, Dic/2012.