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Oe, no me la peles. NDLeón.

Oe, no me la peles. NDLeón.
Diálogo irreverente entre dos artistas de la pichanga urbana. Juntos pero no revueltos, cara a cara, Judas, el marquezazo, frente a Manuelito, el sullanero.

Después de la visita de la señora muerte por el barrio, pasaron lentamente cinco semanas. La comarca seguía acongojada, el velo gris del cielo cubría el doloroso dolor, la triste tristeza y las lágrimas húmedas y secas.

El finado, David Salomón, sorprendió con su muerte y con el entierro se generó un ambiente de duda y desconfianza por la herencia y repartición. Como siempre nadie decía nada a viva voz en la villa del señor pero el cuchicheo cada día era mayor.

El llanto era latente entre los aldeanos. El maleteo era el pan de cada día entre los caballeros, nobles y cortesanos. Con recibos y facturas fraguadas se realizó la misa del mes con invitaciones a dedo selectivo. Hubo explicaciones al aire. Que, el difunto no tenía donde caerse muerto pero se murió. Que, gracias a Dios enterrado y sacramentado está. Que, solo había monedas guardadas en latitas de lata oxidada.

La codicia, la pendejada y la angurria de los protagonistas invitó a malos entendidos, a pleitos y estos se degeneraron en inverosímiles discusiones entre los rancios señorones del conventillo de la plaza mayor.


Nicolás León.
"XIII Encuentro Nacional e Internacional de Escritores".
Ciudad de Chulucanas, Capital del Distrito de Chulucanas.
Provincia de Morropón - Departamento de Piura - PERÚ.

Fotografía: Ana María Santana.



- Oye, Manuelito.
- Mande, Marqués.
- Manuelito te acuerdas de las monedas que yo tenía que entregar a la huerfanita Petipan. Primero me acompañaste a sacar una merca de la Empresa Cannabis-Bus de Cajamarca que mi chef Zúñape me mandaba en encomienda de bajada…
- ¿De bajada? A mí no me cuentes nada, esa es tu habilidá…
- Escucha pe, cuando estábamos viniendo para entregarle su parte a la Petipan me dijiste –Me están llamaaando de Spooorting Cristaaal, me voooy- te bajaste del coche. Entonces yo solito, caballero nomas, fui’onde la Petipan, puse mi mejor cara de luto que pude. -Hola hijita, mira estas son las alcancillas de tu señor padre, lástima que ya no está acá ¿no? Así es la vida pe, uno nace, se crece y se muere y nos vamos con las manos vacías. Es una lástima, no. Toma, es lo que quedó de la herencia de tu padre, 400 monedas…- ¡Carajo! La Petipan me miró con desconfianza, se le desencajó la máscara, en vez de agradecerme, me cuadró  –¿Tío, sabes qué? Me han dicho que las monedas de las arcas de mi difunto padre alcanzaba un total de 1200 monedas de plata y tú me estás dando la cuarta parte, las latas están vacías-. Manuelito, no quiero que pienses mal pero sobre el pucho llamé a tu mujer.
- ¿Aló?... Hola, soy el Marqués… Hola, Sissi… mira, por tu culpa tengo problemas… te has ido de boca… qué tienes tú que decir que había 1200 monedas… la Petipan me ha dicho que le han dicho que tú has dicho lo que yo te he dicho… aló… ¿Aló?…- Manuelito tu mujer me dejó con el fono colgado, la pausa me pareció más larga que pedo de culebra. Hasta que por fin respondió tu mujercita.
– ¿Qué? Por mi patroncita la Virgencita Nuestra Señora de las Mercedes yo no he dicho nada de nada. No me pongas palabras en mi boca. No sé de qué hablas- respondió la Sissí.
- ¿Entonces quien ha ido con el cuento? Tú eres la única persona que estaba ahí cuando nosotros contábamos las monedas.
- ¿Yo? Yo estaba cocinando mi cachemita encebollada para mis nietitos. ¿Tu esposa no se habrá embolsicado un tantito? Con tremenda cartera que siempre lleva encima. Pregúntale a ella y no me jorobes la pita.
- Ella, mi esposa, es correcta, decente y honrada.
- Ja ja ja, no me hagas reír que se me cae la braga.

Manuelito, más conocido como El Sullanero, antes de decir palabra alguna, pensó, “el que cierra sus labios es un hombre de entendimiento”. Pero al instante pateó el tablero de la decencia y mandó al tacho su santa paciencia. No aguantó pulgas, respondió en prima.

- ¡Oe, Marquezazo, tú eres cojú o te han cachao de chiquito¡ ¡Áyala mierda, usté'tá que me ofiende, usté no tiene porqué llamar a mi mujer! Si son treinta monedas o más ese tu problema, resuelve tu problema tú solo y no jodas a los demás. Tú y tu mujer están refataaaal.
- ¿Pero… la Petipan, cómo sabe de la cantidad exacta de las monedas?
- Porque las paredes tienen ojo y oídos. Porque la amante y confidente del difunto que está muerto vio a tu ñora con su inseparable carterota. La señora Sarah Sarita Bernhardt los vio a ustedes dos por la ventanita silenciosa, triste y desolada que llora por el compañero que se fue dintro del cajón y llena de fe espera la resucitada del cuerpo y alma del que fue Don David Salomón.
- Pero nosotros no hemos tocado nada. No hemos robado nada. Nada nos hemos levantado.
- Eso es lo que ustedes dicen pero la señora Sarita dice todo lo contrario. Por mi parte yo no sé ni me interesa. Eeese es tu problema.
- ¿Y de dónde sabe la Petipan que ha fin de mes le tocaba el pandero a su papá?- preguntó la terrorífica Dama de Olluco, la esposa del Marquezazo.
- Todo el mundo sabe que el último número del pandero le tocaba a David Salomón, todos esperaban el invite de los rones con querosén y aspiraciones.
- Pero Manuelito, nadie sabe como es mi pandero, ni a quien le toca, ni cuando voy a pagar. Todo está anotado en mi cuaderno. ¿No sé porqué le han dicho eso a la Petipan?- la muy ingenua mujer fatal, la Olluco, volvió a preguntar.
- ¿Pero era o no era el último número?
- Sí, claro, pero no se lo iba a dar porque yo sabía que se lo iba a gastar con esa chusma.
- ¡Olluco, a mi me interesa un comino lo que ustedes hagan, hayan hecho o lo que van hacer! Yo estoy libre de pecado ¡Puedo tirar la primera piedra, ahorita! ¡No me interesa náa! ¡Chiii, no me la repeles por favor!
- Con las habladurías de tu señora, de la señora Sarita y tú silencio cómplice. Si, cómplice porque no defiendes a mi consorte, todos joden al Marqués, dicen que es un estafador, un embaucador.
- ¿Quién ha dicho eso? Tú lo estás diciendo, nadie ha hablado mal del marqués.
- Yo solo te estoy advirtiendo. Porque están hablando que yo me he levantado fajos de billetes, talegas de sencillo, de dólares, un reloj pulsera de oro, una libra de plata, los dados de la buena suerte, las bolitas lecherongas, un juego de monopolio, un ciento de CDs de video porno sadomasoquista. ¿Cómo quedo yo y mi marido?
- No me interesa… no me interesa… pa'adefesiero yo nooo.
- ¿Otra cosa, tú sabes que yo siempre viajo?- aclaró el cabezudo marquezazo.
- ¡Carajo! ¡Anda que te cache un burro! No me interesa si viajas o no. Por milésima vez te repito, no me interesa. ¿Marqués, qué te paaaasa? ¿No entieeeendes? ¡No me intereeeesa un comino lo que digas o lo que hablan!
- ¡Pero escucha pe, yo viajo con mi plata!
- Y a mí que mierda que viajes con tu plata o con la del vecino. Yo no viajo.
- Es que están chorreando un chisme que yo me he estado tirando la plata del muerto. El muerto no ha tenido plata menos plata guardada en mi casa. ¿Tú sabes bien eso no?
- Para mi novedáaaa, yo no sé naaaada… yo solo sé que nuestro muertito, mi pata David Salomón que en paz descanse y de Dios goce, antes de morir me dijo que tú le tenías una arrugaaasa, un guardaooo y varias arruguiiiitas, y que lo habías mecido a tu regalada gana, su última voluntad fue que le entregues el billete del pandero y de la junta, las joyas, la lavadora que compró al cash; todo le entregues a su heredera… sonrió… me miró, respiró profundo y estiró la pata… saqué una sábana limpia, lo tapé y nada más. Eso es todo. Más no sé.
- Pero esa lavadora la compró con mi plata, yo le presté el dinero- interrumpió la Olluco.
- No me interesa. Mira de tu panza has un tambor y de tu culo un silbador. Yo vivo de mi trabajo.
- A mí también me deben -gritó aclarando a su conveniencia el Marquezazo- yo he pagado todo; el féretro, la capilla ardiente, el nicho, la carroza, los arreglos florales, el velatorio, las flores, el sepelio, el traslado, la movilidá. No pedí un real. La fámily del occiso solo me han mandao doscientos dólares de Manjátan.
- ¿Chiii, cuánto te ha costao el difuuunto?
- ¡Siete Mil Setecientos Setenta y Siete con 00/100 Monedas de Plata!
- ¿Guaaa, pucta’tá carisisísimo?
- Fue un entierro de primera, pe -se vanaglorió el rancio marqués.
- ¡Erda ereees bien mentirozasooooo!


El autor, Nicolás León, con el maestro
FERNANDO BARRANZUELA ZEVALLOS,
Importante autor de cumananas y décimas de Piura, oriundo de Yapatera,

Comunidad afroperuana del norte del país. 
Fotografía: Armando Arteaga.


Después de tantos líos, dimes y diretes, chismes de comadres; golpes bajos, golpes a mansalva, golpes a traición. Alguien tenía que pagar pato. En la comarca nada volvió a ser igual. El susodicho que agarró la mejor tajada de león en la repartición siguió mintiendo a discreción. En cada rincón y en la esquina de La Oficina aprovechaba cada conversación para dar explicación y acomodar los hechos a su cuestionada razón de la sinrazón.

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2015

El premio. NDLeón

El premio. NDLeón

Fragmento del cuento "Mi Gran Unidad Escolar".
Publicado en el libro: "Cuentos breves para mi nieto" 
de Nicolás D. León Cadenillas.

Unos días antes del Mes Morado, Mes de Nuestro Patrono, habían colocado en el Periódico Mural de Primaria un aviso para todos los primariosos, no era de carácter obligatorio, pero yo lo sentía así, se trataba de un concurso de cometas; toda una semana de fiestas y homenajes al Señor de los Milagros, y como fin de fiesta, premiación a los campeones de fútbol y básquet inter-aulas y otras disciplinas. Y en primaria, el concurso de cometas.



Una vez en casa le dije a mi papito que quería concursar, que necesitaba un sencillo para comprar los materiales.

- ¿Qué? ¿Es obligatorio ese concurso?
- ¡No!, el que quiere concursa, yo quiero concursar.
- En el colegio también quieres seguir jugando, el colegio es para estudiar, primero es el estudio, el estudio es la base de todas las materias. "¡El que estudia triunfa!".
- Pero es sólo para el sábado, un ratito nada más. Después vengo y hago mis tareas, esta semana estamos de fiesta, no hay deberes.
- Si no hay deberes aprovecha en estudiar. Lee tus libros.
- Si, ya, papá, además cómo voy a llevar la cometa.

Al día siguiente cuando salí del colegio me fui a la carpintería de mi tío Totti.

- ¡Tío Totti! ¡Hola! ¿Mi tío Sancho? Quiero hablar con él.
- ¿Te han dado permiso para venir por acá?
- Estoy de paso, me estoy yendo a mi casa. Quiero hablar con mi tío Sancho.
- Adentro está, pasa.
- ¡Tío Sancho!
- ¿Qué pasa?
- Tío, hola, tío hay un concurso de cometas en el colegio y yo quiero concursar...
- Bueno, trae los materiales y yo te ayudo...
- Mi papá no quiere que concurse, quiere que estudie, que lea mis libros pero yo quiero concursar.
- ¡Ajá! Así es la cosa. Bien. Vente mañana, yo voy a comprar los materiales, tú haces la cometa, si necesitas ayuda, yo te dirijo.
- Ya tío, tío pero que mi papá no se entere.
- No se va a enterar, sobrino. Somos manto morado. ¿Qué cometa quieres hacer?

Sonriendo, lleno de júbilo, con suma alegría, dije:

- ¡Pava Cantora!
- ¡Ajá! Si la haces bien te invito una gaseosa con tu budín.
- Ya tío, chao, vengo mañana.

Al día siguiente mi tío Sancho me esperaba con los materiales, había comprado papeles de colores, morado y blanco, y me había limpiado un espacio en el piso para que pueda hacer mi “Pava”, le gorreé goma a mi tío Totti, y le pedí retazos de tela a mi tío Lolo, me salió regalando unos bibidíes viejos y una camisa que ya no usaba para hacer la cola. Cuando acabé los tres Gatos me aplaudieron y felicitaron. Mi tío Sancho me llevó a comer budín con gaseosita al chino de la esquina.

- ¿Y ahora cómo vas hacer para llevártela?
- No puedo llevármela, el sábado vengo tempranito y de acá me voy al colegio.
- ¡Ayyyy! Me había olvidado. Muy bien, sobrino. No te preocupes. Acá te la guardamos.

El día sábado, del callejón hasta el cole me fui caminando. En el colegio había como cincuenta concursantes, con la ayuda de dos amiguitos puse los tirantes a la cometa, uno la llevaba para tomar impulso y el otro cargaba el pabilo, el trome del manejo era yo. Al principio teníamos problemas faltaba peso en la cola, nos sacamos las corbatas y las amarramos, quedó perfecto. Había que esperar a los profes del jurado. Nos turnábamos para volar el juguete. Cuando los profesores se acercaron donde estábamos instalados los concursantes, todo era un meollo de nervios. Comenzaron a tomar nota, nombres de los modelos, hasta que se acercaron a nosotros.

- ¿Qué modelo es esta cometa?
- ¡Pava Cantora!
- ¿Por qué Pava Cantora?
- ¡No ve que está cantando! Es la única que hace bulla con sus flecos.
- ¿Cómo te llamas?
- ¡Wigiberto Tolentino! ¡Cuarto C!
- Está bonita tu cometa ¿Quién te la hizo? ¿Dónde la compraron?
- Yo la he hecho en la carpintería de mis tíos Totti y Sancho. Si quiere le doy la dirección para que vea y pregunte.
- Te creo. Eso es todo. Hasta el lunes.
- Hasta el lunes, señor profesor.

Mis amigos estaban más contentos que yo. Yo me preguntaba, y ahora ¿qué hago con la cometa? Con cometa y todo me regresé al taller, se la entregué a mis tíos para mis primos.

- ¿Y cómo te fue?
- Me han anotado pero el lunes dan los resultados. No creían que yo la había hecho.
- Usted es un campeón, sobrinito. Ahora a tu casa volando.

Llegó el lunes y en plena formación de las ocho de la mañana comenzaron a entregar los trofeos y medallas a los ganadores de los campeonatos de declamación, lectura, poesía, matemáticas, dibujo, fútbol, fulbito y básquet, a los últimos en nombrar fueron a los concursantes de las cometas. Llamaron al tercer puesto, yo sudaba; al segundo puesto, me puse nervioso; mis amigos comenzaron a decir que yo me llevaba el primer puesto, abrí lo ojos para escuchar mejor.

- ¡Primer Puesto! Para la "Pava Cantora" del Cuarto C, alumno Tolentino, Wigiberto.

Mis dos amiguitos que me habían ayudado saltaron de alegría, yo estaba tan alegre que me quede petrificado. De un grito me llamaron al estrado, subí orgulloso, el Director me esperaba de pie y con aplausos. Me estrecho la mano, saludé a mi profesor de aula, y levantando el brazo saludé a todos los presentes. ¡El Primer Puesto! El premio no fue ningún trofeo, ni medalla, ni algo que se pareciera, fue un libro.

- “En nombre de la Dirección de Primaria y del Personal Docente, hago entrega el Premio del Primer Puesto en el Concurso de Cometas, al alumno del 4° C, Tolentino, Wigiberto, premio que consiste en un libro sobre el Departamento de Arequipa. Aplausos al Campeón”.

- ¡Un libro! Todo el esfuerzo, fastidiar a mis tíos, jugar a las escondidas con mi papá para que no me vea, ni se entere, cargar con la cometa para arriba y para abajo, para un libro. ¿Qué iba a hacer con un libro? Fue debut y despedida. Al próximo año no concursé en nada.

Nicolás D. León Cadenillas.
D - Karlsruhe, Oktober, 2008.

Un diamante de quilates en el Dasso. NDLeón.

UN DIAMANTE DE QUILATES EN EL DASSO. NDLeón

Nombres, chaplines y gratos recuerdos.

Agradezco a mis hermanos por todos los datos super bien dateados. Especialmente a Yuri, gestor de esta crónica, también agradezco a la muchachada de los años 60 por sus precisos recuerdos y colaboración para compaginar la siguiente remembranza beisbolera.

La iniciación, preparación y enseñanza había llegado a su fin. Ni vuelta que darle al peluquín. Un par de disciplinados meses en nuestras vacaciones de verano fueron suficientes para aprender a jugar como los buenos y profesionales de las Grandes Ligas de New York. El juego era bastante parecido al juego de la «canga» pero en vez de palito pequeñito era un pelotita y el palo grande de escoba fue reemplazado por un bonito palo de nombre «bate» que servía para batear. Por curioso, raro y extraño que parezca en nuestro queridísimo Parque Miguel Dasso también jugamos «Béisbol», y para variar ganamos como siempre para no perder la costumbre de buenos con «Bé» de Balconcillo City del Distrito de La Victoria.

La leyenda empezó un día de verano cuando un par de grandotototes larguirunchos de nuestra Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe llegaron a nuestro querido Parque Miguel Dasso y nos metieron letra en nombre de Jesús, María y José, para enseñarnos a jugar basquetbol, béisbol, karate y judo. En mancha escogimos béisbol, sencillamente por una razón, las clases y el jueguito sería en nuestro rico Dasso.

El par de seminaristas canadienses de Canadá de la troupe de la Orden de los Padres Maryknoll habían sido deportistas calificados en su país de origen, dejaron la profesión y se metieron a servir a Dios como misioneros-seminaristas. En dos años de servicio apostólico en nuestro barrio habían sacado un buen número de jugadores de básquet, algunos karatecas y varios equipitos de béisbol, todos alumnos de los Colegios Parroquiales del barrunto. Ampliando sus redes llegaron a nuestro córner. En un día miércoles nos metieron un palabreo celestial y cuando llegó el día sábado, nos esperaban en el centro del parque con un bate, dos guantes y una pelotita de cuero. Tenían bajo el brazo una pizarra y un cronograma bien elaborado con la gracia de Papalindo.

Rezamos el Padre Nuestro e inmediatamente al toque empezaron con la práctica y explicación de las reglas y trampas para dominar el juego. Marcamos las áreas de los campos; campo interno y campo de afuera; y así apareció el área cuadrangular, lo que sería nuestro Diamante beisbolero. La Base del Receptor estaba frente a la Quinta de Alex... ; inmueble donde más tarde nació uno de los más grandes y terrible palomilla de ventana, Alfred Alejo Isaac «El Cholo Coyote» Martínez Cafiolo, que juntito con sus amiguitos; pájaros fruteros y pirañitas; alegrarían el barrio, la tienda de Don Pancho y el Mercadito De Las Américas: «El Pequitas», «Harold Le Pof», «Quique Culón», «Caballito Erick»«Alex Agarra Huevo», «El Chato Marcos», «El Naja Naja»«Iván Cavero», «El Ganso Marco», «El Loquito Carlos»; etc.

- Ustedes tress van al fondo de jardineros.
- ¿Qué jardineros? No hay ni una yerbita y este güevón…
- No decir esa palabra, please…
- ¡Bestia, jardinero es como decir defensa, volante, delantero! ¡Cárgg! ¡Más respeto con el gringo, zonzonazazos, el que jode se caga conmigo!
- ¡Tú callar boca! Son nueve players for Team en el Diamante, otros esperar turno…


José Calderón y Nicolás León en la Av. De las Américas Cdra 7.

Al principio éramos un montononón de mocosos de todas las cuadras, a la siguiente semana fuimos menos, dos fines de semanas más y quedamos los mismos inquilinos de siempre: Los hermanos Chao Wong: Roberto Carlos «Cálo», Danny Daniel «Cañita»y Víctor Hugo; los hermanos Noriega García: Oscar Francisco «Paco» y Eduardo José «Pavo»; los hermanos León Cadenillas: Pedro Alberto «Perico» y Nicolás Daniel «Niky»; los hermanos Inope Castillo: Enrique Toribio «Kike», Humberto Jesús «Pato», Carlos Doroteo «El Chino», Walter Atilio; los hermanos Palomino Capcha: Luis Anastasio «Lucho», Eduardo Pietro «La Negra» y Carlos Simplicio «Tamborcito»; Carlos Ruperto «Carlitos» Cachay; Antonio Martín «Tato» Cayetano Ureta; Mario Guadalupe «Marito» Orihuela Bravo; Silvano Pio «Plata No» Santos Silva; Florián Diego; y la memoria me falla, no sé quiénes más. Formamos dos equipos y dale que te dale aprendimos la lección.

Nuestro promedio de edad fue 12 años. Hugo Chao era el mayor con 14 años; Kike y Marito, 13 años; Lucho, Paco y yo, 12 años; y creo que Walter Inope y no sé quién más eran los Benjamines con 9 añitos tirando para 10; y de mascota, Carlitos Benito «Pablo Mármol» Noriega García con 5 añitos.

Los enviados técnicos instructores como fin de curso nos prometieron que traerían un equipo adversario para hacer el partido de graduación. Aceptamos. Cuando se nos acababan las vacaciones y lo prometido es deuda, fijamos el día del encuentro, volvimos a limpiar el campo de juego de las pocas piedras que quedaban en el área de juego y en el resto del parque.

Babe Ruth, el legendario jugador de los Yanquis de Nueva York.

En el quiosco de revistas y periódicos de segunda mano encontré un chiste con la biografía de Babe Ruth, el mejor jugador de los Yankees de New York. Sin que nadie se dé cuenta pedí 'emprestada' la revista y la llevé al grupo. Nos iluminó en ideas y tratamos de copiar alguito. Como no teníamos uniforme de beisboleros nos pusimos de acuerdo para utilizar nuestros polos blancos de educación física y nos confeccionamos nuestros pantalones cortos a punte tijeretazos. Nos conseguimos guantes de variados materiales, yo agarré unos guantes largos de cuero de soldadura autógena.

El Reverendo Padre Párroco Promotor Thomas Garrithy en una de las Misas de seis anunció el encuentro tirando cohetes a su equipo Mariano Guadalupano y por nuestro lado en el Edificio Mayor del Dasso, la señora Irma García de Noriega, conjuntamente con sus hermanas, primas, su hijita Ana María, sobrinas, madre, abuela y bisabuela; bajo la incrédula mirada de su hermoso fino pastor alemán (a) «Rin Tin Tin»; rezaban un larguísimo Rosario de Coronas de Rosas y alababan a la Santísima Virgen de las Mercedes -Patrona de los Reclusos- para que el equipo de sus hijitos engreídos, Paco y Eduardo, se levante la Hostia Sacramentada del triunfo.

El equipo visitante; conformado por los alumnos de «Nuestra Señora de Guadalupe» y «Reina de las Américas», los Centros Educativos de la Parroquia; llegó bien uniformado, cada jugador portaba su bate, su guante y su pelota original y el receptor lucía todos sus accesorios requeridos: casco, peto, careta. Entre sus jugadores estaban los pituquitos del barrio, amigos y vecinos: Edwin Rolando «La Ruperta» Cárdenas Cangalaya; Genaro Ambrosio «Lorenzo» Serra Piscoya; Isaías Anfiloquio «Puente Roto» Serra Capone; entre otros.

Entre el público se notaba la presencia de los señores vecinos del Parque y algunos papás. Don Hugo Duarte Revollé, Don Eduardo Noriega, Don Mario Canuto «Menestrón» Villanueva Branda; Manuel «Mañucón» Torrejón; Don Alberto y sus hijos Alberto «Tito» y Oscar «Semilla» Puma Echevarría; Luis «Lucho» y Fernando «La Bruja» Puma Crisóstomo. Jóvenes grandes, jovencitos y chiquitos: Enrique «Chamaco» Dongo; Jesús Cariga; Iván y Jaime Federico «Freddy» Lobatón Heredia; Francisco «Pancho» Tamayo; Dante Hernán Melo Salinas; José «Chihuahua» Calderón; Guillermo «Beto» Hurtado; Tarcila, Alberto y Ernesto Peña Aguayo. Y junto al selecto público se sentaron los expirañitas, profesionales en Torno, Cachina y Caña: Leonel «El Chavo» Siles; «El Cholo Manolo» y «Buriván» Vilela; JóCe «Sambo» Cáceres.

Los invitados comenzaron el «ataque» es decir a batear, y rapidito sus jugadores nos llenaron de puntos el tablero. En una bola dentro de la zona de Cañita, el flaquito puso incorrectamente el guante para atrapar la pelota –-con la palma mirando al cielo- esta le rebotó y le cayó en plena jeta que se la dejó como una «Yuquita frita». Lloró un ratito y siguió jugando.

Por fin nos tocó batear a nosotros. El primero que empezó la rueda fue el Pavo Eduardo, falló en la primera, en la segunda y en la tercera sin pescar la bola se entornilló en la tierra. El primero la malogró y los otros tres, igual. Me tocó a mí, con mis cuatro ojos no podía fallar, según la humilde opinión del Sacristán, yo era bueno por no decir excelente, y en el primer lanzamiento metí un batazo bueno, corriendo hasta la tercera base, suerte que al jardinero se le escapó la bola porque si no otra sería la historia. Le tocó el turno a Kike Inope, se acomodó los lentes, bateó hasta las güevas, y salió corriendo como correcaminos, el piccher pasó la bola para que lo eliminen en prima, al jugador de la primera base se le chorreó la bola; Kikito siguió corriendo a la tercera base, otra vez pifian la bola los profesionales, se les escurre la bola entre las piernas, se tocaron de nervios; Kike con sus pulmones de gato pal'gato siguió corriendo como carterista del barrio y como en las películas de acción se metió un arrastrón de pies a cabeza y tocó la base cuatro dejando en ficha a los contrarios y boquiabiertos a todititos nosotros, después de la sorpresota saltamos de alegría. El más fulero del equipo había hecho la mejor jugada hasta ese momento ganando valiosos puntos de oro. Siguió el partido con más ímpetu por parte de nosotros. Cada uno demostraba su valía y tesón.

Lucho Palomino con su tamañito de Super Ratón se convirtió en un verdadero gladiador cada vez que agarró el bate, derrochando vergüenza deportiva y heroico sudor.
Paco Noriega como buen arquero de fútbol sacó a relucir sus milimétricos buenos reflejos de Lince urbano.
Pavo Noriega, por algo le decíamos Pavo, se consiguió unas medias rojas larguísimas y con un chiquititito short azul parecía Supermán, con el calzoncillo encima.
Perico León, renegaba hasta con su sombra, no aflojó en los momentos difíciles, un As a carta cabal.
Pato Inope, coraje, fuerza y poder al máximo, 100% concentradísimo y super efectivo.
Yo, Niky León, heredero de las antiguas tradiciones de la legendaria Orden Rosacruz, aposté por el rotundo triunfo. En mi corazón flameaba la Rosa Roja y como buen guerrero angelical empuñé la Cruz Dorada como espada de caballero medieval para sacarles la ñoña y dar cruel exterminio al bando contrario, matando despiadadamente uno por uno a mis adversarios en la misma forma y brillante estilo de Santiago Matamoros, el peregrino de Compostela.

El partido se fue caldeando cada vez más, y nosotros poquito a poco fuimos recuperando espacio, sumando puntos, alcanzando en el marcador a las estrellas invitadas. Hugo Chao Wong de lejos el mejor jugador de nuestro equipo, cada batazo que metía casi siempre era cuatro bases es decir Home Run. Conforme avanzaba el partido se convirtió en nuestro mánager, líder del equipo y estratega, en nuestro director técnico.

Diagrama del campo de béisbol del Parque Miguel Dasso.
Urb. Balconcillo - Distrito de La Victoria.


El partido no podía terminar en empate, esto nos obligó a continuar con entradas adicionales hasta lograr el desempate. Y por cosas de los designios amorosos del Dios Padre Todopoderoso me cuadraron de Jardinero Derecho. Yo no sé cómo llegué ahí porque el jardinero derecho tiene que ser veloz, capturar las pelotas en pleno vuelo y lanzarlas hasta los guantes de las bases con fuerza y puntería. Le tocó el turno a uno de los más bravos contrarios, al hijo de Reverendo Padre Carlos Sandoval Landázuri conocido como «Hijo'écura». Metió un batazo como los dioses, y yo como buen jardinero del Edén de Dios le intercepté la bola en el aire, rebotó con fuerza hacia arriba, al embolsarla se me escapó la condenada saliendo disparada para un costado, se me caía por otro lado, la levanté con un golpecito con la palma derecha y con una zambullida angelical logré atraparla definitivamente malográndoles el Home Run ganador.

¡Ganamos!  Ganamos y el resto es historia en el histórico Parque Miguel Dasso.

Nuestros rivales se fueron por donde vinieron pero esta vez en silencio y cabizbajos. En ese momento nos sentimos como los «Los Bombarderos del Bronx». Cómo explicar la emoción, me faltan las palabras, las letras y papel. Después de tanta extrema fogosidad psicocorporal llegó el apacible sosiego espiritual y la Paz. Nos quedamos en el centro del diamante en calma, y para sorpresa de todos nosotros, «El Chinito Inope» con su carita de avezado gato sinvergüenza sacó de sus bolsillos, un bate, un guante profesional y una bola reglamentaría y genuina –Esto es nuestro justo premio- nos dijo-. De casualidad se le habían quedado pegadas en las uñas.

Seguimos jugando béisbol hasta donde la pelotita duró; el bate todo desportillado terminó hecho leña y tranca en algún portón. Y como en las mejores historias con final feliz regresamos con nuestra lecheronga pelota de fútbol de cuero puro de 32 paños, nuestra engreída que tantas alegrías y aventuras nos dio de niños y de jóvenes.


Niky León, 50 años después en el mismo lugar de los hechos.

NICOLÁS DANIEL LEÓN CADENILLAS

Karlsruhe, Octubre, 2012

El agrónomo del diablo (666). NDLeón

El agrónomo del diablo (666). NDLeón.
Para mi querido, Víctor Hugo Chávez Pariona, compinche de una y mil aventuras gastronómicas y calentados. Nk

El agrónomo del diablo no es una historia de venganza: es la venganza misma personificada. Su autor, Niky León, ha echado las especias y condimentos exactos con sus puntitos de sal y pimienta para que todo salga como se pide chumbeque. El escribidor lleva a sus personajes en un in crescendo que no decae y que no sube tampoco, manteniéndose todo en pindinga.

"La pacharaca tiene voz de mando para el maridito y en la madrugada subida en el palo le dice cantando: ¡A trabajar! ¡A trabajar! ¡No sigas durmiendo anda a trabajar! ¡Mantenido! ¡Levántate pacharaco ocioso para qué trabajes! El pacharaco al oír contesta muy enfurecido: ¡Para qué! ¡Qué te habrás creído! ¡Y para qué te tengo negra! ¡Qué voy a trabajar sí yo nací cansado pá trabajar! ¡Estoy cansado no sé trabajar!”.

Veache Cuchín, emulando a Vulcano, dios del fuego y los volcanes,
forjador del hierro y creador de armas y armaduras para dioses y héroes.

Génesis
En una semana de miércoles de un día de jueves, en un turbio quinto mes de un año bisiesto; dos transformers ignorantes y atrevidos hablaron sandeces de uno de los más grandes hijos putativos de las casitas blancas; hablaron mal, requetemal y peor del Agrónomo del Diablo. Las luciérnagas mutantes son los únicos que saben que del ingeniero agrónomo no se puede hablar mal, ni bien... ni pésimo, ni regular; solo se puede hablar que no se mojó cuando llovió en un febrero de verano ardiente; pues, tenía una capa de grasa impermeable adherida a su esmirriado corpus esqueleticus. Del agrónomo de las malas hierbas no se sabe casi nada; nada de su niñez, ni de su juventud; se cree que siempre fue adulto. Pedro Perico Simón, el hijo del pionero del graffiti huari, el amauta matemático-quipus-aritméticus Nicodemus Tello; se acuerda a lo lejos haber visto al agrónomo en las sabias disertaciones que dictaba su señor padre. El agrónomo sentadito en primera fila, feliz y contento, con dientes saludables gracias al secretísimo dentífrico que usaban los antiguos pobladores de la cultura Chavín de Huántar.

- ¿Tú que estás en los campus agrícolas de La Molina? ¿Cómo se pregunta?: ¿A ver tú? o ¿Haber tú?
- ¿Aber qué?
- ¿Cuál es primero, el cero o el uno?
- ¿Áaa?

Algunos antiguos vecinos murmuran que lo vieron de escolar con uniforme comando kaki en un centro de rehabilitación juvenil del jirón Unanue con Cisneros; otros dicen que no puede ser porque el que caminaba como vecinito del barrunto era un hombre joven, varón, soltero y maduro y el otro debe de estar bien Cocharcas-José Leal. La última vez que se le vio a este dandi victoriano no tenía arrugas, ni pliegues; ni deudas, caminaba sin pecados capitales concebidos. Pero eso sí, mantenía la misma postura aristocrática y los mismos ojitos vidriosos inyectados de venitas con sangrecitas escarlatitas. Nadie sabe de donde vino; sí del norte o del sur; de Chincha o de Cajamarca; de El Porvenir o de Balconcillo City; solo se sabe que el fumar produce cáncer y que el tabaco mascado, también, mata; o sea que es matarife.

Los más sinverguenzas, desconsiderados y envidiosos vecinos rajan de él, andan diciendo que Jesús Max De la Marcela le enseñó a caminar sobre los desérticos desiertos de la periferia de la gran Lima y de él aprendió el fíado, el regateo, la oferta y la demanda, el debe y haber y el saber desaparecer. De su profesor de la uni, el chino rata rector, aprendió hacer maravillas con tronquitos, palitos, yerbas y hierbitas; con plantitas medicinales y con las otras nocivas también. Aprendió a leer las hojas sagradas, a chaccharlas, a saborerlas con añejo ron y tabaco seleccionado. Ambas escuelas le marcaron la vida para siempre.

- Ingeniero agrónomo, ¿Usted es perito especialista en horticultura?
- Primero respeta para que te respeten, conmigo nada de orto, solo hábleme de cultura, de trabajo y sus consecuencias sobre la salud.

En una noche caliente del verano con una brisa refrescante que acariciaba suave y dulce, que embriagaba los sentidos y turbaba hasta los huesos. Los descerebrados merengues de barrunto equivocado festejaban otro empate de su chistoso merenguillo equipillo en la sala de honor de La Oficina. Festejaban con puro Yonque y unas gotitas de emoliente para bajar el cañazo. Y cuando cayó la tarde sacaron en procesión una labrada pipa humeante colombiana moño rojo; el agrónomo sabía qué significa las señales de humo comanches apaches y los peligros que se corre, se cambió de sitio, después la barajó y se movió a otro lado, y por último no aceptó nada de nada; sus principios y buenas costumbres, hasta ese día, no se lo permitían; los de barra brava no atracaron que no probara nada.

- ¿Estás con nosotros o no estás?
- ¿Por qué me hacen querer y no querer, acercarme y retirarme, volar y estar en tierra? ¡Maldíitos de miéeerda!

Triste y bochornoso escándalo de plumíferos cremosos en el bello, apacible y ejemplar distrito blanquiazul. Siguió el lío, el agrónomo negó tres veces, entonces los plumíferos maníaticos anales, lo botaron de su sitio cuadrectangular. Él olvidándose los buenos modales de Carreño, mandó a la rechuchadesumay a la terrible cofradía del corral. Agarrándose a trompadas con los demonios hipócritas del gallinero, liderados por el gordo Kike Yabar Potón; Machito, El Pelao; el Chino Men; y por los chatos pitufos Marlon Stone y el finado Arbertor, Drogerías Pári. El hipócrates Aldito, hermano de la tía de cuyo nombre no quiero acordarme fue incapataz de defenderlo, se quedó mirando como buen espectador de fútbol callejero. Al Agro lo hicieron apanado, callejón oscuro, la ruleta rusa, lo puntearon y cuando se le venía lo peor, sacó fuerzas de sus flaquezas, desamarró a la mala su agro chancabuque más pestilente y lo arrojó despiadadamente con todo su odio a sus colegas barras bravas; tremendo mortifero zapatazo dejaba una estela de crema merengue avinagrada por los aires, las gallináceas se abrieron como tímidas aves de corral, esquivando el kilo de cuero que se vino a estrellar, después de un recorrido de veinte metros, en la boquita de caramelo de la musicólaga dama joven Linda Mozza. Jodiéndole la jeta pintada, la nariz y el rush protector labial. Estropeándole el vestido tornasol de fiesta carnavalesca de invierno hasta las últimas consecuencias. Los desadaptados de las barras bravas se le fueron encima de nuevo, lo acorralaron, le gritaron:

- ¡Veache Cuchín, con la misma vara que mides serás medido!

Al escuchar 'vara y medido', aterrado, despavorido y lleno de susto invocó a los espíritus del mal y transformó su cuerpo decadente en una mole humana con una fuerza y poder casi ilimitado. "Antiguos espíritus del mal... transformen este cuerpo decadente... en Mumm-Ra... el inmortal", dio la sensación que se deslizó por los aires once pasos, paró en seco endemoniadamente, mandando piropos de todo calibre a sus cremosos secuaces y les gritó como en la trinchera norte.

- “¡Volveré y juro que los haréee pedazos! ¡Los améee con locura ahora se jodieron conmigo! ¡No pararéee hasta verlooos chupando… Shiumura siiin páasas! ¡Volveré! ¡Lo prometo! ¡Volveréeee! ¡Lo juro por la Cruz del Dasso! ¡Cucurafacha! ¡Huevonazasaurios!”.

Katty, la pirinola; prestó ayuda al instante a su comadre de faena, la socorrocó de emergencia y después de la cocida de un par de puntitos de oro. Las comadres movieron todas sus influencias apoyadas por otras tías de la vecindad para meter en cana al agrario; pero más fue el gasto, tiempo y fichas que perdieron. El tiro les salió por la retaguardia es decir por la culata. Buscaron por toda la zona, peinaron el distrito y adyacentes y ni michi. Espías por todos los rincones, por aire, tierra y mar, y nada. Al agrónomo del diablo se lo había tragado la madre naturaleza. El gran conchasú desapareció de la faz de nuestro planeta tierra sin dejar rastros.

Exodo
Hasta ese momento fue lo último que se supo de él. Desapareció del barrio, nadie daba razón de su existencia. Llegó una volada. En esta oportunidad no fue un pajarito el que trajo la mala noticia al barrunto si no un pajarote, Ricardo Be De la Liliana (a) Buitre disecado, trajo la noticia con chisme fresquito de su tierra sito en el oriente peruano: No se sabe como llegó, lo que si se sabe que el agrónomo llegó por equivocación, él no era, otro era el culpable.

El ingeniero agrónomo pasó unas vacaciones en la Colonia Penal Agrícola de El Sepa, purgando condena y perfeccionando sus conocimientos sobre los pesticidas y plaguicidas como armas de doble filo. Ocupó un pabellón con una población de catorce reos: nueve por homicidio, tres por violación, uno por tráfico de drogas y otro por no tomar la sopa. Nadie sabe que delito cometió pero para empezar todos sabíamos que el perito agrónomo sí tomaba su sopita de caracol. El siguiente galpón más cercano se encontraba a cincuenta metros de distancia, estaba completamente casi derruido, y a manera de carpa de invasión con ramas, cajas, plástico, latas de baldes de aceite, habitaba al estilo de Juan el Bautista, un ex-búfalo conocido como Rosaté, y nadie sabía el por qué.

- ¿Y tú a qué te dedicabas afuera?- preguntó Rosaté.
- A la agronomía, soy master en suelos orgánicos preparados.
- Acá puedes practicar como en tu casa, jejeje.
- Eso espero.
- ¿Usté nunca se ha preocupado como poder salir de aquí?- preguntó bastante curioso el agrónomo.
- Si, pero me enteré que mi esposa se fue con un comunista de mierda, mi linda y jovencita amante viajó a Italia y se casó con un cabrón, mis hijos están ilegales en Estados Unidos, mi perro murió, a mi gato se lo comieron, y en mi casa vive mi suegra con un comanche retirado y a la vez abogado. Pero no me quejo acá tengo todo, casa, comida y potosí.
- ¿Si?
- Carne fresca y recién llegadita. Poto blanco aunque sea de…
- ¡Ya pé tío no me mires con esos ojitos libidinosos, a mí no se me prenda! ¡Yo soy bien machomen! ¡Pút ta mare!
- ¡Chinco minutos de maricone o tutti la vida morto! ¡Jajajaja!

Las semanas pasaron y los antagónicos caballeros hicieron migas con mucho respeto, conversaban de todo. El agrónomo hablaba de las yuquitas doradas de sabor nacional con su juguito surtido del Mercado Cooperativo Balconcillo; del rico seviche de carretilla express de El Huachano de la Av. Cánada; de la bodega de la juventud marihuanera de Don Panchito; de la chicharra de Parinacochas; de las raspadillas de siete colores de la familia Garibay; de la marimba de Matute Block; de las pastelerias de la Selva de Huamanga; de las licorerías del Boulevard Palermo; de los deliciosos fetuchines de la señora Nancy Moraes De L'Pera Cartera. “El que no conoce esto no es de Balconcillo mi causita de mi zóncorazonfora”. Con ese lema terminaba su exposición el agro reo. El anciano precioso antiguo hablaba de la importancia de llamarse Ernesto; de la constitución del setentinueve; de la declaración de los derechos humanos son una cojudez; que los jóvenes universitarios se habían autosecuestrados; de caballo loco y el perro del hortelano; el que no la debe no la teme; de la página once; de la hora peruana; que el pisco y el seviche son peruanos. Que nuestro cajón es más peruano que el seviche. Por Dios y por la plata. Y terminaba con su grito de batalla: ¡Soy inocente!

Pasaron cuarenta días y cuarenta noches, con lluvia torrenciales y fuerte humedad. Al agrónomo le provocó güevear en la tiendita de campaña del viejo compañero y lo encontró tieso, frío, en una palabra, cadaver, o sea muerto. Pasó el talán a los vigilantes, estos llegaron con un costalillo, metiron al muerto al costal junto con unas piedras de regular tamaño y unas hojitas de coca para la buena suerte. Fueron a pedir al jefe la autorización para dar de comer a los pececitos. En ese preciso momento se le prendió el foco al agrónomo del diablo, sacó al frío del costalillo, lo arrastró detrás de la cabaña, junto a un nido de hormigas, lo tapó con hiervas, basura, y con todo lo que tenía a su alcance; y como una escurridiza salamandra se metió al saco de gruesa lona; llegaron los vigilantes, cargaron el bulto y a la una, a las dos y a las tres, lanzaron la corvina (así se dice en jerga a los muertos) a las caudalosas aguas del río amazónico infectados de pirañas y otros depredadores acuáticos. Pasaron brevísimos minutos, se armó un hervidero de pececillos e instantáneamente un manto de pirañas flotando completamente muertas de indigestión fulminante por haber tratado de roer ese pellejo charqui duro contaminado de tóxinas, recinas pebecinas, pezuñacinas, formol y que más sabrá Dios. El aquamán había cortado la lona con la uña del dedo gordo de pie derecho. Llegó a la otra orilla nadando de pechito con un paiche de mediano tamaño en la mano, muerto de un infarto cardíaco por la terrible impresión de encontrarse frente a frente al rarísimo ejemplar náutico. El agrónomo se orientó por el curso, cauce y caudal del río, en el día por el sol y en noche por las estrellas hasta que se perdió en las sombras.
Muchos meses después se volvió a saber de él, fue cuando unos camioneros que traían troncos de madera a Lima, cuyos dueños eran unos irracionales inescrupulosos depredadores del ecosistema protegidos por políticos testaferros y corruptos; al agrónomo lo tenían de mandamás, contratado de caporal y jefe máximo en una sucursal del infierno verde.

Apócrifo
Después de varios años nos enteramos de las nuevas andanzas del agrónomo, usando nuevo nombre, el Cacique de Puruchuco, especialista en alquimia e injertos de plantas tropicales en la selva alta amazónica de San Martín, en los distritos de Uchiza y Tocache, hijo predilecto de la pura, adoptado por su maestro y guía, el patriarca gamonal Don Felipapá Noel. Y de Don Feli aprendió como se mueve la batea, mirar la batea como se menea, y como coger el batán con las porciones mágicas; a la suma de las cuentas corrientes sin electricidad; aprendió a calibrar milésimos fragmentos de fracciones para que el producto final sea de la más pura y alta calidad a nivel internacional. No era respetado, era temido o amado.

El profesor, Víctor Hugo Chávez Pariona, esperando la descomposición vegetal
para trasplantar los injertos de las amapolas nacionales. Santa, Ancash, PERÚ.

Al mejor estilo del camaleónico Rafael Rey, de los abogados y políticos congresistas parlamentarios, sin sangre en la cara; con concha, pana y elegancia; estaba totalmente preparado para regresar a la gran capital y enfrentarse a los plumíferos de las bravas barras, trincheras nor-oriente y a cualquiera que se le cruzara en el gallinero. A ritmo de rumbalakandungala apareció por el popular distrito blanquiazul, con la línea 23-A llegó al Boulevard Palermo de BalconCity. Se compró Un Sol de yuquitas bien fritas y tomó su juguito surtido para recordar tiempos idos en su Mercado Cooperativo. Nadie lo reconoció, llevaba un fino traje sastre estilo Sastrería Marchena's Muela y Maritín. Sorprendió su comportamiento y delicadeza y sus buenos modales, copiados exactamente de su antiguo compinche ‘el quechueslovaco escribidor’, cosa rara pues ellos siempre fueron como el agua y el aceite. El agrónomo (a) Cacique de Puruchuco se había preparado enteramente en todos los temas concernientes exclusivamente al barrunto; descifraba a la perfección los jeroglíficos del amauta Don Nicodemus Tello, ilustre cienciolocoeducador quipucamayoc y apócrifo subversivo de las cuestiones matemáticas corporales. Siempre se preguntó: “No sé por qué extraña razón sus matemáticas seguían caminos diferentes y por asombrosa irrealidad llegaban a lo mismo o al mismo número operacional, y es verdad palabra de Taita”. Se acordaba todos los chistes de Che Carlitos Champion; las jugadas de chiripa del pelotero callejero Julio Polo González y de su compadre el marcador Jorge Camión Albujar. Recordaba con nostalgia y al pie de la letra los secretos de la cocina victoriana del Señor Actor donde existía el riquísimo calentadito trasnochado. El Agrónomo cuando sonreía lucía una hermosa y blanca dentadura portatil enchapada en oro, y daba la hora con su buen corte de pelo a sus entrecanadas sienes.

La primera venganza fue en Diciembre antes de Navidad en el Día de Nuestra Señora de Guadalupe, cuando la Virgencita Patrona de la Comunidad salía en anda de su casa, la Iglesia Parroquial, cargada por los vecinos, uno de los cargadores era Machito, El Pelao. El agrónomo había contratado al ex-pip Eduardo Petro Pavoni para que en plena cargadera le arrebate el gorrito y la peluca postiza delante de la Virgen, y la madre del Señor lo reconozca como es verdaderamente sin mentiras, ni peluquines. Y así fue, todo el barrunto vio la pelada del Pelao Machito. La segunda venganza fue contra Kike Yabar y Marlon Stone, los llenó de acertijos y enigmas antes del esperado encuentro fúlbolero del "Clásico de Clásicos" y los destrabó en lo mejor de sus meditaciones cannabis colombiana punto rojo, los bajó a cero grados, se vinieron en picada con una depresión suicida a sus estimas personales perdiendo todas las ganas de joder y reventar el Estadio Monumental. Por sus culpas su equipillo perdió y las barras bravas de trinchera norte y trinchera oriente salieron a las calles sin rumbo ni direcciones, sin guías, perdidos como zombis.

Frotándose las manos de sus diabólicas maldades en la esquina de Los Diamantes con Vizcardo y Guzmán, a un costado de La Oficina, se le cruzó un insólito extraño con pinta de franciscano renegado, lo contempló y sin proponérselo se le acercó, le habló del fuego de sus entrañas y le pidió un sabio y gran consejo para terminar con su ansiada y enfermiza venganza; el sesudo caballero en una síntesis filosófica le graficó una reseña del pensamiento dassiano palermitano de la victoriosa Rica Viky.

- "¡Me llega al güevo lo que hagas!". Sí quieres joder, jode y púdrete solo; sí quieres ser famoso: “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Para cambiar, primero, respétate a tí mismo. *"Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás" (* Facundo Cabral) ¡Recapacita o jodéte o vete a la mismísima éme con mayúsculas!
- ¡Yo sé quién eres trotamundo!- remarcó el agrónomo.
- ¡Yo también sé quién eres! Te reconocí por tu expresión rara y por tus ojitos cristalinos- respondió modestamente 'el escribidor', utilizando una frase de uno de sus últimos cuentos. Se abrazaron sin decir más palabras y se despidieron con una sonrisa fraterna.


El autor, Nicolás D. León Cadenillas, vecino  del Parque Miguel Dasso,
en abrazo fraterno con  su colega, Víctor Hugo Chávez Pariona,
personaje mítico de las Casitas Blancas.

Apocalipsis
En los últimos septiembres, el pueblo del Valle Del Santa, comunidad del Agrónomo, lo quiere santificar de santero por sus milagros que hace con la mamapacha, jardines y chacras. La voz popular es: ¡Sí el Cardenal es hijo legitimo de Satán, entonces por qué un humilde hijo del diablo no puede ser un santito!. Un día antes de la primavera a las cuatro de la tarde los parroquianos lo sacan en hombros al Agrónomo del Diablo, haciendo un recorrido directo sin escalas de la chichería de la Plaza de Armas hasta su dulce hogar, lo cargan completamente enchichado de chicharrón, y lo banderean por su nuevo barrio santino bien cargado para que no regrese al bar o para no se caiga ni se saqué la chochoca. Y colorín colorado este último y tercer cuento laboral se ha acabado.

Nicolás D. León Cadenillas
Karlsruhe, Septiembre, 2010


EL ZAPATAZO DEL AGRÓNOMO DEL DIABLO (666). NDLeón.
Racconto de los últimos minutos del agrónomo del diablo en La Oficina.

Dibujo a lápiz del artista escritor, vate y actor, Nicolás D. León Cadenillas.

Me trajeron a la memoria varios chismes, no presté oídos a ninguno de ellos porque sabía que la envidia los corroía y más que chisme eran habladurías.

- Carlitos, nunca pensé que te prestabas para la güevadita. Pensé que eras mudo porque nunca te escuché decir ni pío, me acuerdo que mirabas petrificado, te mordías las orejas de angustia y resignación.
- No podía hablar porque…
- ¿Estabas trabado? Con razón, también, te querías morder el codo.
- Si lo quieres decir asi, si. Escucha… yo lo vi ... estaba en la esquina, en la esquina de La Oficina. No te imaginas como quiero matar la amargura y el dolor que me produce la desgracia ajena. Quiero desahogar mis penas, mi llanto, mi culpa y mi tormento.
- ¿Chuchi, estás grifiado? Creí que estabas zanahoria.
- Yo estaba con el cieguito Aldito, el hipócrates; él hermano de la flaca Cecci...
- ¿Que michi has visto, Carlitos? Tú eres el Ciego Carlos; el otro, el Ciego Aldito. ¿Qué miércoles vieron? ¡Dos ciegos, no jodas!
- Yo vi todo, Aldito solo vio la mitad porque él ve solo con un ojo con el otro no ve ná. Lo que te quiero contar está en el parte policial de la policía, me llevaron a la fuerza pá que declare, y declaré lo que me convenía, cojudo no soy.
- ¿Cinco minutos es suficiente? Habla.
- Cuando llegué a La Oficina, el Agrónomo estaba completamente descuajeringado, yo no sé si se había metido un tiro de plata a lo Llanero Solitario pero lo vi tambaleándose, él se arrecostó a la paré de Oso Grasso, dio dos pasos pá delante y uno pa'trás; volvió a dar dos pasitos más pá delante y volvió a dar un pasito pa'trás. Miró pá La Oficina todo virolo, veía doble, todo a duque. Se agarró del poste, cerró los ojos mirando el cielo medio dormido y meó. Ya era de noche. Los mutantes y zombis merodeaban la esquina. Los apaches y las gallinas narices frías habían ocupado La Oficina, estaba full de llena, no había sitio pá sentarse. Las gallinas gritaban como si las estuvieran matando. El agrónomo estaba tomando racumín con Omberto del Boca, el veneno se lo había regalado El Padrino Tawa... Mozza le dijo algo y el agrónomo se agachó para recoger su Shiumura dos pasitas que estaba entre el murito y el jardincito; la Mozza le quiso patear la cara y perdió; el agrónomo le agarró la pata y ella se fue en caldo y se recontrasueleó, se sacó la connchasuumare; Cuchín recogió su racumín y se fue junto a los Marchenas.
- ¿A qué?
- ¡No sé!
- Los taradúpidos, el hijo del Riqui, el Chato Marlon Pitufo y el finado Arbertor, esperaron que se tomara otro sorbo de  Shiumura para sacarle la chochoca. Los otros fuguretis, toda la mancha crema, lo empezaron a gritar y a botar al agrónomo, él se defendió como los buenos pero era él solito contra todos los plumíferos que le hicieron carga montón, callejón oscuro, le rompieron los botones, el cierre… entonces el agrónomo se sacó su zapatazo chancabuque y se los tiró a ellos endiabladamente y la tabaza le cayó en la jeta a la Mozza. Le gritaron: ¡Cuchín, con la misma vara que mides serás medido! “¡Volveré y juro que los haréee pedazos! Respondió Cuchín. Después desapareció.
- ¡Carajo! ¡Para ser ciego eres bien sapo!
- ¡Pregúntale si quieres al ciego Aldito!
- ¿Y el ciego Miguel de las casitas blancas?
- ¡No vio nada… llegó tarzán!
- En la Comisaría quisieron arreglar con el Comanche pá que lo capturen y lo metan precioso y el jefecito no atracó. “¡A la Policía se le Respeta!”, les dijo. El jefe no quería manchar sus manos con un ripio. Vamos al Hotel o no hay arreglo, les propuso a las dos. La Mozza y la Katty no se ponían de acuerdo y empezaron a discutir. En el barrio Julyto sacó un bate pá romperle las costillas al gil de la Katty por atrevido. En la madrugada la Katty comenzó a pegar en las esquinas del barrio unos papelitos que había hecho en su computadora, empapeló todo el barrunto: “Se vuzca bibo oh muertho o biem shamkado al Hágromomo deL Diavlo @ Kushínn. Rekompemza: 001 poyada kon hadithibos i todo lo De maz. Rásom yomja del Oso serka A LaOffisina LAKKKTTTAAA”. Con el cuento de que tenían que reconstruirle el cacharro a su comadre, hicieron mil polladas donde se armaban unas orgías bacanales mismo Sodoma y Gamarra, Guatica y La Parada.
- Mira Carlitos ya pasaron los cinco minutos, yo no estoy para escuchar más cojudeces. ¡Adiós! ¡Que las luciérnagas te iluminen! ¡Espero que todo lo que me has chismoseado tenga alguito de verdad!
- ¡Por mi virgencita blanquiazul que todo es verdá! Pero la verdá es que el Agrónomo desapareció por el poto de los Andes. Así me dijeron.
- ¡Basta! ¡Ya no quiero escuchar más! ¡Chismoso de ... pacotilla!! ¡Nos vidrios!
- ¡Hey, suéltate un Sol pé... pá un pan! ¡Conshhhhhón!

Nicolás D. León Cadenillas.
Karlsruhe, Febrero, 2012.