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Cahuide en el Parque Zonal Cahuide

CAHUIDE EN EL PARQUE ZONAL CAHUIDE de NDLeón

Recordando a mi buen y gran amigo Alejandro «Cholo» Berrocal.

«Un hombre de carácter podrá ser derrotado, pero jamás destruido»
Ernest Hemingway

Cómodamente instalados, en una banca, en el pequeño parque de la Roten Zone de Karlsruhe, vimos en pantalla gigante el primer partido de Alemania contra Portugal —UEFA EURO 2012. El partido fue parejo hasta que por fin en el minuto 72' el delantero del Bayern Múnich, Mario Gómez, de un espléndido cabezazo derrotó el loable esfuerzo portugués, un hermoso gol, en una sufrida victoria. Los lusos liderados por Cristiano Ronaldo realizaron una notable exhibición pero no aprovecharon las oportunidades que se le presentaron. Se cumplió la regla «goles que no haces, goles que te hacen».

Hablando de fútbol, táctica, técnica, resistencia, fuerza, empuje, desplazamiento, control y rotación de la pelota; de los faul, fintas, güevaditas y artimañas. Usando ejemplos para hacer más amena la charla de café, hablé de mi época en que vestí de corto en mi efímero cuarto de hora de crack por las canchas de los Parques Zonales de Lima Metropolitana.

El primer ejemplo. En el Parque Zonal Cahuide, en su mejor cancha de grass. Los vecinos de los cerros de Ate-Vitarte, El Agustino y La Victoria, realizaron un Torneo Relámpago Amistad Pro-Salud. Nuestro experimentado Director Técnico Asociado, Manuel Mejía Máspoli, armó el equipo y me ordenó reemplazar a nuestro crack y goleador indiscutible, al mejor centroforward de todos los clubes de nuestro barrio, al maestro mecánico Pablo Jaime, el bisturí de Juan Pablo Street.

Convertirme en centro delantero de la noche a la mañana era cosa de locos. Centroforward nunca fue mi puesto pero no hubo otro que lo reemplace. Respeté la decisión del profesor. Acepté a regañadientes.


Pablo Jaime León Cadenillas. Prom AU-1984. G.U.E. Alfonso Ugarte. San Isidro. Lima 27.


Está bien profe, me sacrificaré por los colores de nuestro heroico barrunto, y estoy seguro que este sacrificio será un ejemplo para las futuras generaciones que vienen detrás de nosotros y para *«que siempre hagan flamear el pendón, hoy de nuevo al llegar cansado de la lid, a los nuevos bohemios les entrego mi pendón, para que lo conserven y siempre hagan flamear, celoso de su barrio y de su tradición».
—¡Carajo! Si asi como hablas, jugaras. Campeonamos en prima.
—Profe, una preguntita. ¿Por qué yo? ¡Qué vaya Daniel Maguiña o René Papay!
—Daniel Maguiña y René Papay van a la volante, ellos son creación, y tú eres corazón.

Por otro lado, nosotros, los socios, vecinos y jugadores, siempre nos sentímos sumamente identificados con nuestro hogareño club, el disciplinadísimo «SACOSS» «Atlético Sacolargos Unidos, jamás serán vencidos».

Llegamos a la cancha, nos cambiamos, trotamos, y calentamos músculos y motores. Era un día sombrío, con neblina y humedad. Por sorteo nos tocó jugar contra los organizadores del campeonato, los vecinos de los cerros del famoso Faraón Papá Chacalón. Gente macha, provinciana, atrevida, faite y achorada. Casi nada.

En el centro de la cancha, el árbitro, los jueces de línea y ambos capitanes. Intercambianos saludos con apretones de mano. Empezó el partido. Retrocedí la bola, avanzamos sin apresuramientos, llegamos al área rival, me pasan la redonda y zásss, una guadaña talla 47 me sacudió toda mi humanidad. 'Voltié' y vi una estatua de bronce. Lo miré como victoriano de Balcon City, me levanté.

—Juega bonito, compadre. No jodas —lo recriminé.
—¡Yo no soy tu compadre, trata de pasar si puedes... acá te espero... sal, ají, chicha y vinagre!
—¡Chúchi, malo eres! ¡Jajajaja güevón! ¡Grandazo por las güevínchis!

Seguimos dominando, yo entraba al área super mosca. Un pase en volea para gol, la paro de pechito, y sentí un infame zapatazo que me paró el bobo. Respiré. De nuevo el  mercenario back.

¡No te piques hijo de la güayaba cuando recibas el vuelto! le dije recontra azabache.

Y así continuó el partido hasta que el árbitro pitó para la pausa. Miré de lejos a mi marcador. Era un cholazo de acero inoxidable, mucho más grandote que yo, recontra bravo, conocido en Pamplona Alta como «Sargento Cahuide». Descenciente directo de Cahuide el firme. Batallaba aniquiladoramente todas las bolas, y para joda, ganó casi en todas. En cada encontrón yo llevé mi chiquita y cuando yo repartía me llamaron la atención y recibí cartulina amarilla. 
Para el segundo tiempo será la venganza me dije con bastante valor y rabia.

—¡Oiga, usted no afloje! 
me recomendó el DT.

Comenzó segundo tiempo, los primeros veinte minutos fueron normales. Minuto veintiuno me cruzaron una bola como con la mano, sentí un gran pisotón al mejor estilo de chancando camote con los pies. El árbitro parecía comprado o amenazado o ciego para un lado. Cinco minutos más tarde, yo estaba completamente descuajeringado. Me cambié a la punta derecha por un ratito, centraba, quería sorprender y nada. Regresé a mi puesto. René Papay, el volante de creación, me lanzó un pelotazo al centro del área, corrí con decisión, pensé en hacer yaya, salíó Cahuide a mi encuentro, a la mala le metí un chuñazo para bajarlo, este petreo defensor hijo del Sol no se dio por enterado; salí despedido, reboté herido. Me quedé más golpeado y desorientado.

Me centraron una bola con dirección al área chica, corrí como bueno, tomé puntería, calculé al guerrero imperial, salté y con todas mis fuerzas le metí un codazo criminal de la gran siete por la orejota y el parietal; el hijo del Imperio del Sol siguió jugando como si nada y yo sentí el codo y el brazo, quebrado.

En una de las últimas jugadas peleamos una bola, quise sacarlo de juego con un hombrazo, fue como tratar de mover las moles del Sacsayhuaman. Me sentí molido, mis deditos y rodillas, los meniscos y tobillos, músculos, tendones y ligamentos estaban hechos papillas. Yo, 
«Corazón valiente» y Cahuide «Granítico Supercholo».


Dibujo de Carlos Christian Castellanos Casanova.
(El Supercholo / Juan Pumasonco. Personaje creado en el
suplemento El Dominical del diario El Comercio del Perú
por Francisco Miro Quesada Cantuarias,
con el seudónimo de Diodoros Kronos en los años '50).


Seguímos dame que te doy todo lo que restaba del partido, sonó el silbato, fin de la batalla y casi muerto el combatiente. Nos ganaron los de casa, uno, cero.

En el camarín, todos me miraron con caras de pocos amigos. Con las miradas me dijeron que yo era el culpable, pero yo me sentí el chivo expiatorio. El DT me llamó a un lado.

—¡Oiga usted, mala leche! Usted arrugó, tuvo miedo ir al cuerpo, cuerpo... me ha decepcionado ... sólo tenía que patear al arco. ¿Se le achicó el arco?
—¿Profe, usted no vio la muralla que tuve al frente, usted no lo vio? Ese Cahuide guerreó todas las pelotas con alma, vida y corazón como un león; por aire, tierra y mar me malogró todas las jugadas, mandó en su área, fue el patrón y yo un humilde kamikaze suicida y güevón.
—¡Por tu culpa hemos perdido! —dijeron todos en coro.
—¡Pero estoy vivo! —respondí, segundos antes que me dieran la extremaunción.

*De vuelta al barrio. Vals autoría: Felipe Pinglo Alva.

NICOLÁS DANIEL LEÓN CADENILLAS
Karlsruhe, Juni. 2012.

Juan Diego en Grötzingen

Juan Diego en Grötzingen
Dedicado a nuestra sorprendente vecina de la calle Durlacher Straße.

Faltaba un par de días para la función estelar de nuestra obra versión recontralibre teatral en nuestra ciudad. Yo aprovechaba cada situación y excursión para ir con el texto en mano y recitar mi letra de cada día por las calles de mi distrito grötzingeniano. Las señoras del barrio estaban seguras que veían a un loquito del cerebro deambulando. Claro, con todos los ademanes, gestos, movimientos de brazos, tonos de voces; falcetes, engolamiento y tétricas carcajadas. Más de una tenía razón y yo tenía un nudo en la garganta lleno de nervios y tensión.

Con mi esposa y compañera de reparto, salímos a hacer una diligencia y de paso deletrear letra. No habíamos caminado cincuenta metros; cuando nos cruzamos con una vecinita; ella nos alcanzó trotando por la veredita vestida super deportiva con short, camisetas sin mangas, zapatillas con talonera y una botella de agua. Nos saludamos.

- Guten Tag! - (- ¡Buenos días!)

Se detuvo y sin perder el paso, nos preguntó:

- Was tun Sie? - (- ¿Qué hacen ustedes?)
- Wir haben eine kleine Stücke Theater Studieren . - (- Nosotros estudiamos una pequeña obra de teatro). - Und Sie? (- ¿Y usted?)

La señora respondió en un alemán culto y sin acento de la región.

- Estoy entrenando para el próximo Campeonato Regional de Maratón. Yo soy la campeona del año pasado categoria master mayor 70- 80 años ... pero, yo estoy haciendo trampa ...  yo tengo más de 80 años.

Admirados de su franqueza la felicitamos, y así comenzó una linda conversación y amistad con nuestra vecina mayor. En la conversación nos enteramos que hablaba siete idiomas y que había empezado a estudiar ruso hace unas semanas pero las clases se le cruzaban con sus estudios de canto. Y ya no tenía tiempo suficiente para pintar sus cuadros, ni dibujar sus retratos de paisajes o de naturaleza muerta; ni poder preparar sus variados potajes internacionales, ni hacer sus ricas recetas de repostería mundial. En medio de la conversación habló en italiano mezclado con alemán. Yo respondí con las justas lo necesario de acuerdo a las pocas palabras que me acordaba de mi rudimentario greco-romano.

- Oh, Entschuldigung, Woher kommen Sie? - (- Disculpe. ¿De dónde vienen ustedes?)
- La mia e sposata e tedesca, io sono di Perú. Lima, Machu Picchu, Cusco, ...
- ¡Igual que Juan Diego Flórez, el maravilloso cantante tenor peruano!

Y la doña habló en español y se disculpó por nada.

- Ustedes van a perdonar mi español que no está tan bueno, me falta un poquito de práctica.

Nos dijo modestamente usando un perfecto español lorquiano. Continuó hablando.

- Nosotros tenemos en casa un cedé autografiado por el mismo Juan Diego. Les cuento, mi nieta, la menor, estudia en Londres, ella caminaba por el Piccadilly Circus y en una esquina vio a un hombre con cara conocida, le preguntó: - Excuse me, usted se parece, ... es igualito ... o usted es ... el tenor Juan Diego Flórez? - Y para sorpresa de mi nietita era el mismísimo Juan Diego Flórez. El, muy lindo y con su comportamiento amable que caracteriza a los peruanos la invitó a tomar un café y le regaló el cedé autografiado. Cuando pasen por mi casa van a escuchar a Juan Diego. Es maravilloso.


Antes de despedirnos, nosotros la invitamos a ver nuestro estreno teatral “Perú: El Mundo de los Andes”. Le entregamos nuestra tarjeta y un volante, y cada uno continuó con sus deberes.

Una semana después del estreno nos encontramos nuevamente con nuestra magistral vecinita biónica. En esta oportunidad manejaba una bicicleta de carrera profesional. Sin parar, avanzando muy lentamente, manteniéndose en un perfecto equilibrio acrobático. Inició la conversación, nos felicitó y nos dio un par de sugerencias.

- Los fui a ver, felicitaciones, todos estuvieron bien; felicitaciones señora, fantástica, muy bien; y usted también estuvo bien, no me quepa la menor duda que los compatriotas de Juan Diego son buenos ...

“No todos. Tenemos unas joyitas como padres e hijos de ... la patria”.  - Pensé con una mueca de sonrisa en mi dramática faz actoral.

La doña con una reverencia latina prosiguió su marcha ciclística cantando el vals “Fina Estampa” de nuestra gran Chabuca Granda; cantando con una sorprendente y maravillosa voz de soprano, tratando de imitar el tono de nuestro compatriota Juan Diego Flórez.

- “Fina estampa, caballero / caballero de fina estampa / un lucero / Que sonriera bajo un sombrero / no sonriera / más hermoso ni más luciera / caballero / Y en su andar, andar / reluce la acera / al andar, andar ... Es un caminito alegre / con luz de luna o de sol / Que he de recorrer cantando / por si te puedo alcanzar / Fina estampa / caballero / quien te pudiera guardar ...”


Ka, Grötzingen, Mai.2012.

Hombre de provecho

Hombre de provecho

Querida esquina de La Oficina,
estoy con depre de depresión,
quiero salir de esta rutina,
y volver a mi rico callejón.

No quiero saber nada de premios,
ni de medallas, ni de euros, ni diplomas,
no quiero ser hombre de provecho,
quiere ser el mismo Don nadie,
mal hijo, mal amigo, mal padre,
ronero, hablador y chismoso.

Añoro las flores, las amapolas y los claveles,
las yuquitas fritas y las fuentes de seviches,
el juguito surtido y la riquisima raspadilla,
mi emoliente caliente y mi rica chelita helada.

Ser actor, poeta, loco, escribidor,
pintor, narrador, dramaturgo, dibujante,
decorador, chef de cocina, centroforward,
no significa nada, nada de nada.
Sólo quiero regresar a mi linda esquina.
A mi querida esquina de La Oficina.

Niky León - Alemania, Junio/2012.

¡BASURA!

¡BASURA! - Tributo a la canción: "A mi manera".
Dedicado a mi gran mancha de amigos de mi lindo Pasaje José María Corbacho, Cuadra Uno.

"Lo que es para Juan, no es para Pedro, entonces no es para nadieS"
 Niky León.

El gran Juez de la Tremenda Corte estaba cabezón, no dormía lo que debía, su cabezota le dolía y tenía los sesos como granos de raspadilla que se le derretía. Saltaba en las noches y caminaba sonámbulo en el día. El vecino ejemplar, magistrado modelo del Tribunal Supremo estaba por perder el juicio. Estresado y tenso quería mandar todo a la gran pú. Por facebook recibió los peores insultos de su vida, afiebrado abría el ordenador y releía las injurias, una y mil veces al día, no lo podía creer. Desde América de Norte los saludos cachacientos le habían quebrado su conciencia, sí es que tenía.

- Eres un pichi, caca, poto, nunca fuistes ni lo serás.

Como toda la vida trabajó para los políticos más corruptos y para jefes miembros de la PIP, se sintió capaz de responder el insulto. Esperó respuesta. Y nada. Miraba su lindo Parque Miguel Dasso y veía que la gentita se organizaba, vió como colgaban el cartel de la Gran Pollada Bailable, empilaban las cajas de cervezas y prendian el fuego y carbón.


Llegó la noche, música chicha del Faraón Chacalón. Los vidrios sonaban al compas de los estridentes parlantes de callejón; bulla, jolgorio, amigos, trampas, tramposas y vecinos; juntitos por una causa desleal de enrejar el paraíso terrenal, conocido como el Parque de los Tubos. Pidió permiso a su esposa, ella aceptó y le aconsejó.

- Esposo mío, a mí no me gusta que te juntas con gente de segunda clase. Tú eres un señor profesional. Pero sí deseas ir, es puro capricho por parte tuya. Por favor demuestra que eres todo un gentleman, un caballero. Te quiero ver juntito a la Santísima Cruz. Cuídate mi tesoro. Hay gente mala, pecadora, libertinos, poetas y locos en esas fiestas populacheras.

El permiso se escuchó bonito, en lenguaje femenino aburguesado, significó:
- ¡No quiero que vayas, mierda!


Con los tragos que iban y venían, calmaba su sesasa y su angustia; como pasaba la rica chela helada, que bonito era encontrarse con los amigos de antaño. Esperaba para más tarde empujarse la segunda presa de pollo, mientras tanto gorreaba los traguitos que se le cruzaban. Con su bonito floro encandilaba, no daba consejos sólo escuchaba y repartía su tarjetita personal dando cita para terminar la jornada. Por los buenos tragos tambaleó, chupó nuevamente los pellejos y huesitos que separó. Desvariando se sentó en la rotonda central, comenzó hablar cojudeces con frases inteligibles. Habló con el parlante y con el árbol más cercano. Sus amigos huyeron, lo dejaron solito para que descanse. La esposita podía hacer roche y les jodía la noche.

"Saltó al ruedo a mover el esqueleto con chicha, perreo y el famoso teteo. Zapateó, brincó, cantó, tarareó, era su fiesta y su pollada. Él era otro. Adiós al cuello duro de cojudo, era su lindo parque que lo había visto nacer y crecer, y rechazar el querer? Comenzó a levitar, flotó, se elevó por los aires como un globo gordo, se agarró del poste central, del gran parlante, bajó lentamente y pisó tierra. Miró a las mujeres, a los hombres, volvió a mirar a las mujeres y la más bonita de ellas con una angelical sonrisa lo miró, también. El abogado del diablo pensó y en su neblina mental, no recordó nada: - ¿Será mi esposa, mi querida, mi amante, mi trampa o mi tramposa, mi musa, la secretaria?  ¿Dios mío, quién es? Señor, sácame de esta duda de una vez. – La ninfa, la muñequita más bonita, la más tramposa y venenosa. Le contestó: - ¡Soy la broder ángel de la guarda del saltamonte que vive en el Polo Norte, él que te escribió. ¡Basura! A ver pues, respóndeme a mí cabrón, vuelve a meterte con los míos y vas a saber quienes soy, arrastrado, vividor, mal padre, mal hijo. Por más lejos que estés la justicia llega, pobre y triste caca. ¡Basura! Tú no tienes conciencia, tú no tienes corazón, no tienes corazón, corazónnn. - El abogado del diablo nunca pensó que el pequeño saltamonte tenía madrina, fue un impacto de duro golpe de macana. - ¡Pero él tiene la culpa, él empezó! - balbuceando opinó. Sin poder soportar la mirada de terror de la terrible jugadora tramposa endemoniada viperina. Rezó. Salió corriendo por el pasajito bonito de Jota Eme Corbachito; en el quinto piso vio a Jesús, llamó, gritó fuerte, Jesús le dio la espalda y siguió bebiendo y comiendo su crocante y rico presón. Sudoso como marrano, embrutecido y desquiciado, con la camisa abierta manchada de cenizas de carbón y del juguito de la pollada siguió corriendo hasta la avenida Palermitana, llegó a la carretilla de sánguches, papas fritas y choripán. Una despampanante rubia lo saludó, se miraron profundamente, y con la ayuda de unos cien dólarillos el coqueteo se transformó en amor. Solapadamente camuflado regresó a su casa de la mano con la gringaza, no había nadie, estaba vacía, la pollada seguía, dio riendas sueltas a su pervertida pasión, con lujurías, drogas y alcohol. - ¿Dime, amor mío, tú que haces cuando se acaba el amor? - Me visto y me voy a mi casa. - Despertó. Se enteró que se habían llevado su mejor terno plomo rayadito completito y a cambio le dejaron una peluca gringa, tetas postizas y un suspensor. Nuevamente desde la azotea escuchó la conocida vocecita, los pelos se le pararon de punta, su cabezota casi explotó. - ¿oe perro quién es ese viejo, habla lo ajustamos? - También escuchó los cacareos del corral barra brava de Ate. - De miedo se hizo la pichi, sudó frío, no habló, se acobardó, se aventó al vacio, cayó en la tolba del camión de Juancito Roque cargado de algodón, llegó al centro del parque, saludó, nadie le prestó atención. Dio tres vueltas a la rejita de la Cruz. Pasaron las horas, se volvió a meter a su cuarto. Le rompieron las puertas, era la Policia Fiscal, la Policia Nacional, el Prefecto en persona y un empleado de la SUNAT, lo interrogaron, lo insultaron, no le creyeron ni un bledo. Tenía que presentarse al Tribunal Superior Supremo de Rey Salomón. Con tanta injusticia, jarana y ajetreo perdió la reunión de los Mitrones-UB-Club del Jirón Toribio Ureta. Que les iba a decir a sus compadres, a Mickito, Huguito, Rolito, El Pera, Jaimito Lértora, Ramoncito Mifflin, Juanito Reynoso. Derrotado, su cabezota llena de triquinuelas y tintirilladas estaba en nada. Escuchó nuevamente la vocecita de su coleguita malvada que repetía e insistía: - Que sea la última vez que sé de tí cagada humana, yo por mi familia mato, cabrón. Repugnante, ajjjj, toma chocolate y paga lo que debes. Y dale uuuuu de Surco y del Perú. - El mefistofélico abogado se sentía morir, derrotado y con los brazos en alto con las justas contestó: - Si, yo soy un mal ladrón ... un mal hijo y mal padre, adónde iré, robo porque es mi profesión. Tengo jefes, trampas y familia. ¿De algo tengo que vivir, no? - Se mofaron de él. - Me das risa pobre y triste infeliz. Al menos eres sincero y sabes que eres lo que eres una buena eme y una gran caquita así que nunca más vuelvas a escribir cojudeces y menos en el face de mi broder, yo estoy más que segura que larga vida tendrás para pagar todo lo malo que has hecho en tu vida maldito mequetrefe porque aquí en esta tierra está tu verdadero infierno. Espero no tener que ver tu despreciable humanidad porque la verdad siempre me diste repulsión ajjjjjjj aquí termina todo. Adiós, basura de michi Fuji-Montesinista, pofff".

El brillante solazo sin permiso entró a su casa a las seis de la mañana del día lunes, retumbaron las campanitas del reloj despertador, sonó el celular, unas cachetaditas con amor lo sacudieron y despertaron. El señor doctor, Teofórico Jokanaan Nándo, atontado miró a la ventana y vio su querido y rico Parque Miguelito Dasso limpio y azulado. Se peñiscó, sonrió a su pía mujercita. Saltó de la cama. Toda la historia, calumnia y persecución había sido producto de su imaginación. Malditos recuerdos y engaños aparecieron en el fragor y calor que dan los diablos azules. Pesadillas por culpa de la borrachería, pollito, vino y sangría.

- ¡Qué escándalo, Dios mío! ¡Qué triste espectáculo! ¡Te has comportado como un ser repugnante! ¡Qué bajeza tan baja! ¡Ay, Virgen de Guadalupe! ¡Ay, San Nicolás de los Bares! No quiero hablarte, vistete y lárgate al trabajo, cumple con tu misión, trae el pan de cada día. No importa como. Dios te perdonará. Estamos en la Fiesta de San Juan Bautista. ¡Tenemos que ir a Misa, rezar y comulgar!

Fin

Fotos: Pirateadas, corregidas y coloreadas de los archivos del Grupo "Mi gente querida del parque MIGUEL DASSO" de Facebook.

Karlsruhe. Junio. 2012.
Nicolás D. León Cadenillas.
Teatrólogo - Fabulina Erzähltheater.

El cajonero cajoneador

El cajonero cajoneador
"Primero tengo Patria que partido". Miguel Negrete.


Dedico este cuento, escrito con arañazos de realismo mágico, a los pocos 
compañeros ejemplares, honestos, decentes y honrados de la Promoción 1956 
de la Gran Unidad Escolar "Alfonso Ugarte" de San Isidro. Lima 27.

Corría los años ochentaitantos, la fecha exacta la tengo entre una nebulosa de datos y titulares que leí en los periódicos de la ciudad capital: "La peor crisis económica en la historia del país. Insólita hiperinflación. Corrupción y delincuencia. Gran descontento social".

A esta altura del partido, la fama me había sido esquiva, no era famoso, pero si era recontra conocido en mi bello distrito; en mi querido barrunto, en las canchas de fútbol macho; en las misas y procesiones de los santos patrones; y en las famosas polladas sodomíticas bailables que ofrecia el partido antiimperialista con sabor y saoco de música Tecno Chicha Mariachista Tropical Tijuana.

Caminando por la Alameda del Deporte me crucé con mi antiguo amigo el famoso pintor de brocha gorda y entrenador estrella de nuestro equipo campeón victoriano en la Interligas de la Liga Provincial de Fútbol de Lima: El Greco D.T.

- ¡Compañero! Te estoy buscando desde hace varias lunas.
- Yo tengo casa, mi querido Sócrates, güeveando no vas a encuentras a nadie. - le contesté amigablemente.
- Oe, yo soy Horacio, no te güevées …
- ¡Horacio Claudius Di Francesco, alias, Mano Bendita! ¡El profesor de la hoja ... seca …
- ¡Compañero! El doctor Mauricio Mejía te está buscando …
- Horaclítores, no me digas compañero, ni cumpa, ni camarada, ni correligionario, ni hermano. Yo tengo mi nombre …
- ¡Tá bien, mi querido Judas Damián!
- Jejjejejej, pendejerete es usted. Mi respetable Cara de Nada.
- Ya, deja hablar. El doctor Mauricio Mejía te está buscando, quiere hablar contigo, necesitamos hacer una parodía que critique duramente a este gobierno del Chino Rata y a todos sus ayayeros delincuentes y corruptos. Si sale para febrero, mejor.
- Para el Día de la Quema del Ño Carnavalón.
- Tú sabes de lo que estoy hablando, no te hagas el estrecho.
- ¿Cuánto hay?
- ¡Colabora pé!
- Yo soy artista. No trabajo gratis. Mis hijos comen. Exijo respeto. Que tal conch ciencia la de ustedes. Son los nuevos ricos y yo el cojudo de la coobói.

Hablé con el doctor dueño del circo. Le propuse una adaptación popular: “La sinvergüencería de Alín Babá y la banda de los cuarenta faneones”. No aceptó.

- No, pé, algo que sea local del barrio. Tú manyas, hay que dar lo que le gusta a la gente.

Busqué mentalmente otro título dentro de mis genialidades de mi repertorio grisaceo palta.

- "El cajonero cajoneador". Música, cajón y castañuelas. Trata de un pueblo, con sus costumbres e idiosincrasia que con la ayuda de sus autoridades …
- Excelente, la necesitamos para la tercer sábado de febrero.
- … viven con un manto de trísteza y de miedo. - Esto lo dije para mis adentros. - ¿Cómo es? - pregunté en prima.
- Ya sé, te vamos a dar un viático, la mitad de un sueldo mínimo.
- Me estas dando un diezmo, eso es una propina. Acepto porque estoy misionero. Y el Alcalde está que se levanta ...
- Más respeto con el señor Alcalde, todavía no le han comprobado nada por lo tanto es inocente hasta que la Justicia compruebe lo contrario.

En el Aula del Comité de la Calle 13, me presentaron a nueve jóvenes. Inteligentes, brillantes y con una oratoría endemoniada.

- La obra es de mi autoría. Es una adaptación recontra libre de una adaptación formal de un cuento clásico tradicional europeo. Pero esta versión en mía de mí, de mi propiedad. Yo soy el autor.
- Perdón profesor, una pregunta, ¿quién es el autor?
- Según el cronograma sólo tenemos tres días de ensayos, para el primer día de ensayo: Quiero letra aprendida. Asi como se saben de paporreta las sabias enseñanzas del maestro y guía, me traen de memoria todo el libreto, texto y acotaciones. Y un par de sánguches y gaseosas. No compren nada en carretilla, nada, se me enferman y la cagada.

Y asi fue, en el primer ensayo la juventud llegó con toda la letra aprendida al dedillo. El pequeño problema que se suscitó fue que les tuve que explicar lo que querían decir los personajes en sus parlamentos y cual era el contenido y la intención del director.

- No quiero que hablen como charlatanes, ni como encantadores de serpientes, ni como Testigos de Jehová. Hablen como personas normales, como cuando toman desayuno con sus familias, con tonos claros y decentes.

El tercer sábado del carnavalesco febrero los actores de la Juventud estaban como navaja de gallos de pelea. El local del Comité de la Calle 13, repleto, no cabía un alfiler más. La obra empezó puntualmente una hora y media más tarde por culpa de Secretario General del Comité que se quedó atendiendo al Secretario del Secretario del Burgomaestre de la Plaza Mayor, Dr. Thíus Xorxes Pietro.

Tomé a los chicos de los hombros, hicimos un círculo, los motivé, les volví a repetir mi confianza y que ellos eran el futuro del Comité, y sumamente despacito les grité:

- ¡Mierda! ¡Tres veces mierda, mierda! – Me miraron asombrados y sonrieron de la travesura. – En el teatro, mierda, significa, suerte. – les expliqué muy bajito.

El joven narrador con el libro abierto mismo profesor de Lengua y Literatura tomó el centro de la sala, saludó y empezó su labor. Los demás actores tomaron sus posiciones disciplinadamente. Empezó la magia del espectáculo.

"Vamos a contarles un cuento, un cuento que puede ser que alguna vez haya sucedido en nuestra diaria realidad.
Es un cuento sobre:
Un flautista, quién es un flautista?
Un alcalde, quién es un alcalde?
Y un pueblo, quién es un pueblo?
Este era que te estera."

Hace muchísimo tiempo, en una bella ciudad, donde ahora se encuentra 
la Iglesia de Nuestra Señora de Las Victorias, no había nada, nada de nada. 
Salvo una chacra y nada más. Poquito a poco se fue poblando de honestas y 
trabajadoras familias, labriegos, artesanos, artistas. 
Gente pobre pero limpia, con oficios y beneficios levantaron sus humildes moradas.

"Diariamente todos salían a trabajar, al colegio, a hacer compras, 
y a muchas cosas más, todos querían hacer sus tareas rápido, 
llegar temprano a sus trabajos, a sus colegios, en fin.
 Pero imposible porque había tantos agujeros en las pistas,
tantas cañerías malogradas. 
Que para ir a cualquier parte había mucho que caminar. 
Y esto no era todo".

Los pobladores salían temprano de sus casas porque no había suficientes ómnibuses 
y las combis asesinas hacían su agosto bajo la tutela de las autoridades del tráfico.
 Las acequias y buzones sin tapas emanaban aguas servidas fecales. 
Los cerros de basuras hervían de moscas y de bácterias. 
Y en los paraderos no paraban los micros, 
paraban en cualquier sitio menos donde estaban las señales de Pé de parada. 
Uno que otro pericote andaba suelto en las esquinas conversando con el tombo del semáforo.

De pronto llegó un momento de angustía y deseperación. 
Llegó una banda de ratas.  Estos cobraban peaje y protección. 
Algunos pobladores reclamaron, las amenazaron para ahuyentarlas pero les fue muy mal.
 La decente población convocó al Consejo 
y juntaron una chancha de puro sencillo para contratar a 
un exterminador.

"Daremos las monedas a quien nos libre de los ratones".




Llegó un hombre vestido con habito monjeril y sandalias, aceptó el trato. 
Habló con los gansteriles animales.

"Hermanos ratas, por el bien de la comarca y de ustedes, 
tienen que abandonar el pueblo. 
Vengan conmigo, yo los guiaré donde hay comida y abrigo".

Los roedores malhechores ni se inmutaron, seguían rascándose las pelotas. 
El musicante metió su mano por uno de los huecos del hábito y sacó una flauta. 
Y al compás de la música del teteo, las ratas se atontaron, 
comenzaron a seguir al dichoso flautista.
 Llegaron al caudaloso río Huatica. El flautista les ordenó que subieran a los botes; 
cuando el musicólogo dejó de tocar la flauta, 
las ratas facinerosas se le fueron encima, le rompieron la cabeza con la flauta, 
descacanaron la flautita a zapatazos; 
lo amordazaron de pies a cabeza, 
y bien amarradito lo tiraron a unos de los botes para que
 el río haga su correspondiente trabajito de exterminación.

Después de una temporada, el pueblo había crecido aceleradamente. 
Habían terminado de construir la Santa Iglesia victoriana y contrastando a un costado
 habían construido, también, el edificio del mal,
 el Palacio Municipal. 
Y como obra de cuentos de hadas mezclada con coboyada, el flautista reapareció,
 vestido con jeans gastado, casaca de cuero negra y con gafas de sol, 
mismo Marlon Brando en "Nido de Ratas". Se cuadró en medio de la Plaza 
y conforme avanzaba a la Alcaldía, se percató que los guachimanes, 
los empleados y funcionarios eran terribles ratas. Sacó una zampoña de caña de carrizo 
y empezó con una tonada enérgica y vibrante. Las ratas lo rodeadon. 
El serenazgo, por un chisme, se enteró de la llegada del buen samaritano, 
le metieron un fierrazo por la espalda, y con cualquier pretexto lo detuvieron. 
Le levantaron falsos testimonios, lo denunciaron en la Comisaría, los hábiles policias
pericotes armaron un parte fraudulento, aludieron que el flautista estaba en contra 
de la Declaración Derechos Humanos,
 alterando el orden, la moral, las leyes y costumbres del gobierno de turno. 
Cuando lo llevaron en el patrullero, los policias y maleantes ratas, gritaron:

¡Crucifíquenlo, pá que aprenda!

Lo metieron preso cuatro años en una carcel en el centro de la ciudad.

Mientras tanto el alcalde saqueaba y cajoneaba, sus compinches cajoneaban;
el alcalde mayor y matones cajoneaban; 
el señor doctor guía y mesiánico gobernador, cantor y cajoneador: 
Cajoneaba.
 Todos cajoneaban al compás de guitarras y cajón, a una sola voz, con la ranchera El Rey:

"Con dinero y sin dinero / yo hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley. / 
No tengo trono ni reina / ni nadie que me comprenda / pero sigo siendo el rey".

Las pocas personas decentes no decían nada; por miedo o por cobardía;
 por represalia o por traición; no salían de sus casas por la 
contaminante peste bubónica de corrupción 
que había desatado el gobierno de turno con sus asesores,
 con sus ministros, congresistas, parlamentarios y el poder judicial.

Pasaron más de mil días y muchos más. 
El flautista recuperó su libertad, se le veía más flaco de lo que era. 
Pálido y ojeroso, se le escuchó decir:

"He sobrevivido al momento más grave de mi vida, 
estar en prisión en una cárcel de los que apoyan
 la Nueva Constitución".

El famélico flautista regresó a la Plaza del distrito blanquiazul, 
se encontró con una estatua del 
Primer Inca del Tahuantinsuyo, Manco Cápac.
 Señalando al vacio o a los culpables que habían vejado a la comunidad. 
Llegó con una blanca túnica corta con ribetes color azul púrpura. 
El flautista miró a su alrededor y no vio ninguna persona con la imagen y 
semejanza como nos creó Dios. 
Todos los pobladores tenían el aspecto de viles roedores.
 Aparecieron los chinos ratas; se le cruzaron los caballos locos ratas;
 los tucanes ratas, los mapaches ratas, las marthas ratas, 
los leones alegres ratas, los ratas ratas; faneones y petroaudios ratas,
 los perros ratas, los búfalos ratas, los pavos ratas, las gallinas ratas, ... 
las águilas, búhos y zorros, ratazas. 
El ambulante de triclico y de carretilla, y el gran comerciante, ratas.
 Desde el cura hasta el cardenal, el cachaco y el general; el tombo 
y el Sheriff Marshall; el licenciado, el Alcalde y 
el jefe general más el alcalde mayor, todos eran ratas, mucas, 
escorpiones, y camaleones, otorongos y el perro del hortelano: 
Todos, Ratas, Ratas-Ratazas.
Ratas con oratoria, ratas mudas, ratas ciegas, ratas sordas. Ratas jerarcas. 
Ratas con poder; ratas rastreras. Ratas-ratas.




La ciudad estaba llena de villanos ratas sin escrúpulos, 
estaba más peor que la verdadera ciudad de 
"Nido de Ratas".


Volvieron a tomar preso al inocente Flautista. 
A leguas se notaba que era un personaje extraño y bondadoso. 
Su estirpe y estampa de monje franciscano no la había abandonado. 
Las autoridades ratas capturaron al hermano desposeído. 
Su delito: Ser justo. Honesto, leal, fraterno. 
En este país ser solidario es un terrible delito sin nombre. 
Lo enmarrocaron, lo golpearon; lo flagelaron, azotaron;
 lo escupieron; se burlaron de él; esperaron algunas horas
 y en la tolba de una camioneta, de madrugada,
 lo trasladaron a una cueva a las afueras de la ciudad.
 Lo victimaron y lo desaparecieron del mapa. 
Borraron todas las huellas.
 Lo desaparecieron sin más ni más, sin explicación, 
sólo por una orden de arriba, 
orden del Chino Rata, traducido en japonés: 
Ladrón Ken'ya Lesa Humanidad.

Mientras tanto el pueblo honesto; 
las madres de la Plaza;
 las madres sometidas a 
esterilizaciones forzosas;
 los hombres y mujeres caídos 
en el Costa, Sierra y Selva;
 en el Norte, en el Centro y en el Sur;
 se preguntaban:

"Meses y años han pasado / ¿dónde estará? / acaso dentro de los pedregales / 
volviéndose tierra, o en medio de las espinas / ya brotando como hierbas".

La prensa corrupta mercenarizada - diarios y periodicuchos - 
al servicio del gobierno represor y autoritario, mentiroso, 
intolerante y cobarde; en grandes titulares colocaba
 hermosas cortinas de humo para ocultar la realidad. 
El Cardenal defensor de la Declaración de los Derechos Humanos 
se hizo el de la vista gorda; 
los laicos y curitas de la misma cofradía, también; 
algunas portadas fueron de lo más estúpido e infantín.

"La plata viene sola"; "Mi compromiso es con todos los peruanos" 
"El que no la debe no la teme".
 "Se autosecuestró" "Se autoeliminó" "Se autoenterró" 
 "Desapareció por su propia cuenta"
 "El grupo Colina son héroes" "Defiendo la amnistía para los Colina"
 "En este faenón no hay delito, sólo hay escándalo"
"Es la parlamentaria más joven, más bonita y la más votada"
"Mi gran intención es que se conozca toda la verdad".

La ciudad quedó limpia!
¿Quedo limpia la ciudad? 
Algún día sabremos, 
si quedo limpia de verdad!

Y esto es todo por hoy.

"Y colorín colorado este cuento se ha acabado y espero que te haya gustado,
 y fueron felices y comieron perdices".

La obra acabó, exactamente según lo planeado, fue una hora redonda del más puro histrionismo artístico multicolor de imágenes e imaginación. Fue un baño de Fantasía Clásica al más puro estilo de Walt Disney World Live Entertainment.

Los jóvenes y amas de casa aplaudieron unidos con entusiasmo, los señores de terno y corbata miraron al elenco como miran los políticos reaccionarios de la peor calaña, sin entender el mensaje de paz, de amor y de confranternidad.

Uno de los sacristanes invitados se me acercó con cara de karateca chino y haciendo puño con el rosario en la mano, me increpó:

- ¿Qué fue? ¿Un spot publicitario o un aviso comercial político contratado? ¡Has echado mierda con ventilador!
- Que culpa tengo yo que todos los gobiernos de porquería sean igualitos, tan iguales o peores. Mi querido sacristán Rey Rey Al'Cubo.

Un anciano enseñó un antiguo carnet amarillento, y preguntó:

- ¿Oiga, por qué la obra se llama El Cajonero , si el protagonista es el Flautista?
- Estamos en un error de apreciación, el protagonista no es el Flautista. El protagonista es el Cajonero: El Alcalde. El Alcalde es el verdadero cajonero cajoneador. Él es el que cajonea de lo más lindo. Y todos los cajoneadores compinches corruptos que se levantan al pueblo y al país entero.
- Entonces hubiera tocado un negroide. - Gritó un ciego cerebral.

Con el rabillo del ojo y de reojo, busqué a mi buen comparsa y le pasé el vivo.

- Oe, Horacio Claudius Di Francesco Mano Bendita, dile a tu jefe que no se olvide del pago.
- ¿Si te vamos a pagar o no crees que te vamos a pagar?
- No creo, ya ni en la Paz de los Sepulcros creo. A mi no te precipites ni te preciputes, ón.

El señor doctor Secretario General del Comité Calle 13 antes del Brindis de Honor se dirigió a todos los presentes pero sacaba culo, no me daba cara. Todo me olía a mecida, inmediatamente después de sus preconcebidas palabras, sacó la guaracha.

- Estimados ciudadanos, noble Artista, tenemos el honor, la alegría, el placer, de declararlo hijo ilustre del Comité Calle 13.
- Muchas gracias. – despacito volví a preguntar lo mismo - ¿Quisiera saber cuándo me van a pagar?
- Después hablamos, salud.

Me güevearon ese día y me siguieron güeveando los días sucesivos. Me fui a quejar donde el Señor Alcalde.

- Señor Alcalde lo vienen a buscar
- Dígale que estoy muy ocupado
Señor dice el Alcalde que está muy ocupado
- Dígale que necesito hablar con él. Que soy el Actor-Director-Dramaturgo, y quiero mi paga.
- !Ay, qué mal estoy del resfrío, no oigo nada!
- El Alcalde se siente mal, vuelva mañana.
- Yo he hecho un trabajo y alguien debe pagarme.

Hasta que por fin encontré al Secretario Nacional de Disciplina y Control. Me atendió fraternalmente.

- Promesas son promesas. - me dijo enfáticamente. - Nosotros antes de ser gobierno, prometímos el oro y el moro. ¿Qué promesa se ha cumplido? Ninguna. Y te vamos a pagar tu ridiculo viático. No seas ingenuo. Apoya a tu gobierno, pon tu pechito, no seas antipatriota.


Al final no me pagaron nada, ni el viático ni todo el palabreo que me prometiron. Nada. Fue una gran mecida universal; de aquí para acá, de allí para aqüí. Sólo me quedó decir:


 "Si sabes mucho enseña, si sabes poco aprende".

Fin.
BW. Mai. 2012.


Prontuario Bibliográfico. 
. Diarios y semanarios:
 La Tribuna, Correo, Ojo, El Bocón, El Chino, Todo Sport, El Men,
 El Popular, Trome, Líbero. 
. Película:
 "El rostro impenetrable", conocido como "One Eyed Jacks". Género:
 Western/Drama, 1961, dirigido y protagonizado por Marlon Brando.
. En letra cursiva, fragmentos del cuento:
 "El Flautista de Hamelín" de Sara Joffré.
. Canción: 
“Huamanguino” de Ranulfo Fuentes.
. Foto:
 Préstamo del mítico colega Marlon Brando en "Nido de Ratas".

Misión en el Club de la Unión

Misión en el Club de la Unión

Cuarentiocho horas ininterrumpidas se necesitaron para grabar las escenas con vista a la Plaza Mayor del Centro Histórico de Lima. Las escenas correspondían a una gran película nacional de categoría B de bajo presupuesto, co-producción peruano-gringa. Espías, militares y asesores en pugna para mantener al corrupto y sanguinario Presidente  títere en el poder. Dos días full time. El plató fue minuciosamente preparado en los amplios y bellos salones del Club de la Unión.
El actor estrella fue un reconocido actorazo de Hollywood. Llegó, grabó y se fue. En el breve tiempo de su estadía demostró clase, talento y experiencia frente a la cámara.
Todo funcionó como un ejercito recontra disciplinado. Nuestra primera sorpresa fue el libreto en inglés. Todo en inglés americano. Los que teníamos texto nos miramos muy sorprendidos. La asistente del Director entendió nuestras miradas y nos ordenó repetir mil veces nuestras brevísimas líneas; con su ayuda pescamos fonéticamente algo cercano al ideal. Después nos tomó examen y los mejores alumnos eran incluidos en las tomas, el resto hacía de bulto o de extras.
Pasaron seis meses y nos llamaron para hacer lo mismo y en la misma locación. En el revelado de la cinta hubo un error en el laboratorio y una buena parte de esta colapsó. En esta nueva oportunidad el Director aprovechó hacer unas acrobáticas tomas demás con variadísimos planos.


El actor estrella fue reemplazado por un doble, un actor madeinperu, y lo bonito de todo fue que no había que hablar ni estudiar letra; puras imágenes y situaciones; ir y venir. En el trascurso del trabajo el actor doblete se mostraba engreído y falto de compañerismo. Pedante y soberbio. El era la nueva estrella. Grabamos de frente, de costado, de arriba, de abajo, de lejos, de cerca. En la pantalla piloto-monitor todos salíamos lindos. 
Después de un año se estrenó la película en Lima con bombos y platillos y gran publicidad. Se notó a la legua la calidad de baja monta, mal doblada, y de un subgénero mazamorrero melodramático filmado en el Perú. Me soplé estoicamente toda la película. Lo que más me gustó fue ver que todas las peliculinas del actorcillo doble habían sido mochadas. Sólo se le vio la nuca y a veces las orejotas. Me hubiera gustado verle la cara en el momento que se entretenía como eximio cinéfilo de bodrios.

ANTIGÜEDAD ES CLASE de NDLeón

ANTIGÜEDAD ES CLASE de NDLeón




ANTIGÜEDAD ES CLASE
El siguiente cuento es un tributo, agradecimiento y gratos recuerdos. Dedicado a todos mis queridos colegas que alguna vez se cruzaron conmigo en un tablado de Dionisio. Afectuosamente. Niky León

Llegué a Lima después de varios meses de ausencia y destierro voluntario, y como buen acólito teatral lo primero que hice fue dirigirme al Centro de Lima Cuadrada para observar en carne propia mi Gran Templo quemado. La mole cultural era una cosa rara, incendiada y carbonizada. La miré de diferentes ángulos, no lo podía creer. Me aferré a la reja de fierro meditabundo, me quedé quieto, pensé en las veces que en su gran escenario participé.
Esta desgracia sirve de tema para una obra... quema de libros… quema de teatros… quema de cultura.
Escuché la opinión de un grupito de jóvenes. Metí la cuchara.
Ministro de Educación, un gran ladrón; Ministro de Cultura, quemado y parcializado hasta la sepultura. Y ahora tenemos un moderno Nerón.
«Todos saben que desde los cables del equipos de sonido de Evita, saltaron las chispas que destruyeron este testimonio de la cultura escénica peruana, joya de nuestra arquitectura» uno de los jóvenes leyó un titular.
A la tía la están limpiando, dicen que no fue su culpa, que fue culpa del gran monetón. Y el alcalde tremendo ladrón...
Uno de los jovencitos me saludó.
¡Maestro! ¿Qué fue de su vida? ¿Por dónde anda? sonreí e hice memoria.
Perdón, tu carita me es familiar. Yo te conozco. ¿Dónde nos conocimos?
En el Canal 5 grabando «Detrás del CrimenCaso La Cantuta». ¿A usted le pagaron?... Rateros hijos de putas conchass...
¡No! El delincuente de Genaro «Papaupa» Delgado Parker no me pagó. Viajé y no supe más del tema. Los empleaduchos de mierda lo chalequean bien.
Profe necesito un actor para Pachacútec.
La próxima semana viajo a Baviera. Por el cumple de mi mamita estoy en Lima.
Para este lunes. Para pasado mañana. Martes y miércoles. Nada más.
¿Pachacútec? ¿De quién es?
Ollantay, el personaje es Pachacútec.
Acepté con una modesta condición, en primera fila butacas reservadas para mi familia, 
mi mamá, mis hermanos, mis dos hijos y cuatro sobrinas. En casa busqué mis lentes de contacto; volteé el par de cajones de mi escritorio; puse patas arriba el escritorio; rebusqué por todo el cuarto; revolví y escarbé armarios, clóset, recovecos, nada. Pregunté, nada de nada. Nadie me dio razón de nada. Sin lentes de contacto en el escenario estoy más perdido que pato ciego en tinieblas.
Al día siguiente, domingo, realicé ensayo de mesa por dos horas con el joven directoractor, dramaturgo, vestuarista y escenógrafo del espectáculo. Lo que restaba de domingo y lunes pasó volando. Llegué dos horas antes de la función al local del Teatro del Instituto Cultural Mesiánico, no había ningún gato, no me dejaron entrar al espacio escénico. Tenía que esperar al joven director. Esperé más de una hora repasando letra. Una excelente actriz de mi generación de casualidad pasó por ahí.
No me digas nada. Estoy segurísima que tú eres el gran Pachacútec. Eres un reemplazo de lujo.
Bingo, yo soy. Vas a ver la obra.
No, ya la vi varias veces, a las ocho tengo que dictar mi clase de inglés intensivo, no puedo faltar ni pedir permiso.
Tú que eres buenita dile a los dioses del teatro que se apiaden de mí.
Eres valiente. Eso se llama «hacer un toro». Entrar al ruedo sin preparación. Lo vas a hacer muy bien. Con tu experiencia vas a tomar el toro por las astas. Tú tienes clase. Antigüedad es clase mi querido coleguita.
La letra la tengo prendida con alfileres.
Para la próxima vez te preparas una sopa de cabeza de pescado con su culantro, limón y ají; te aprendes hasta la guía telefónica de un saque, te dejo, suerte.
Ocho en punto de la noche entramos todos juntos; actores, público, técnicos e incógnitos; nos dieron diez minutos para caracterizarnos. Ocho y diez, sonaron los tres timbres en seguidilla. Empezó la función. Al escenario lo había visto de lejitos. Cuando quise acercarme, los técnicos me dijeron que estaba prohibido. Desde mi camarín escuchaba la letra, a la mitad de la segunda escena entró el director.
Maestro ahorita le toca a usted. Quiero que a oscuras llegue al centro y ahí empieza con su parlamento. Cusi Ccollur espera en penumbra.
El director me acompañó hasta bambalinas. Esperé el pie de
«Ollantay». Se apagaron las luces y me dio una simbólica palmadita en el hombro.
¡Mierda, mierda, mierda! me dijo al oído.


Entre arrastrando los pies teatralmente, bien erguido y pétreo, avancé hasta donde pensé que era el centro. Me quedé quietito pero completamente majestuoso. No veía ni michi. Sin lentes estaba hasta la remaceta. Perdido en el espacio vacío. Lentamente se hizo la luz, un cenital alumbraba el piso a un metro de distancia. Me acomodé en la luz histriónicamente. Seguí ahí sin ver nada. Escuché los pasos de la actriz joven. Solté el rollo dramáticamente hasta que acabó la escena. Salí sin apuro, lento, igual que en la entrada. En la escena con Ollantay, igualito en mis movimientos super lentos y recelosamente gatúbelo. Esta terminó con una sorprendente tensión dramática, clímax y aplausos. La tercera y última de mis escenas. Giré en mi eje sin avanzar, ni retroceder. Recité mis textos lacónicamente. Salí del escenario antes que se me venga la oscuridad. Media hora más tarde terminó en gran espectáculo. El público de las primeras filas aplaudieron a rabiar. Los cuatrocientos restantes espectadores imitaron la manifestación de congratulaciones apoteósicamente.


En los camarines el ambiente era muy diferente, se respiraba un aire tenso caldeado. Los actores principales hicieron cargamontón al actor invitado. O sea a mí. La actriz reclamó que por mi culpa había actuado en diagonal casi de espalda al público. El protagonista no dijo nada en mi delante pero requintaba para sus adentros y me maleteaba duro por fuera; y el gran actor de reparto, se quejó que yo me había montado en sus parlamentos. Salí del teatro sin amigos.
Al día siguiente, gorreando desayuno a mamita hojeé el diario matutino, me entretuve en las mentiras y promesas de los políticos, seguí por sociales, deporte y terminé en la sección espectáculos y cultura. Culturalmente, la página central de la Sección Cultura, se apreciaba una fotazo a colores de una vedette esculturalmente subida de peso en paños menores con un número en el potito. Y junto al poto con lentejuelas, un cuadradito, una breve gacetilla sobre teatro: 
«Ollantay, los borrascosos amores prohibidos del plebeyo guerrero con la aristócrata princesa Virgen del Imperio del Sol»«En el reestreno de ayer fue muy grato y sorprendente sentir la frescura y la fuerza dramática de nuestros jóvenes valores de la escena nacional. Futuras promesas del teatro nacional popular. Felicitamos al grupo por su empeño en mantener en cartelera esta obra ejemplar que simboliza los altos valores de nuestros ancestros enraizada en nuestra idiosincrasia nacional. Unas líneas aparte merece la atención, la caracterización del personaje Pachacútec. Imponente, protector, con gran presencia y estampa escénica, gran dominio del espacio vacío, un verdadero Inca viviente. Nuestro mejores augurios para el joven actor Josemaría Pío Corbacho Palma Danglade».
Me quedé petrificado. En mis treintaitantos años de hombre de teatro era la primera vez en mi vida que leía un juicio favorable de mi trabajo actoral… pero, el nombre del actor que aparecía en el comentario no era el mío. ¡Carajo, mierda! El seudo crítico teatral erudito literario de dos por medio copió el nombre que figuraba en el programa de la temporada pasada. Yo no soy joven, yo soy un experimentado actor profesional. En este país de utilería no tenemos críticos sino criticones de tres centavos. Agarré la pista y me fui pateando latas.
*Fotografías: Grupo Imagen Teatro. ICPNA de Lima, 17 de mayo de 2006.
NICOLÁS DANIEL LEÓN CADENILLAS
Chieming, mayo, 2012.