La diligencia

La diligencia

Dedicado con delicia al "Capitán Bigote" (a) "El Incorruptible" del Patuto de la 12a Comisaría de la Rica Viky.

Pasó la Feliz Navidad, pasó el Año Nuevo, pasaron los Reyes Magos de bajada, y la ruleta sin fin comenzaba a girar de nuevo. Empezar con el castigo divino de cada día como si no hubiera pasado nada. A sudar la camiseta, a ganar el pan con el sudor de la frente. Adrede nos mentimos diciéndonos que el trabajo es salud. Bonita broma.
Limpié el parabrisas, saqué lustre a los vidrios de las ventanas y espejos. Revisé el aceite, el agua, la presión de aire de las llantas; controlé la gasolina y aditivos. Chequeé la caja de primeros auxilios, acomodé la gata y la caja de herramientas. Pasé un trapo humedo por toda la camioneta pick up, y listo el estofado. Todo en orden. Esperé unos minutos, seis de la manaña, llegaron apuraditos, pero bien tarzán, mis colegas de ruta.
Yo había cedido mi puesto de chofer para chalequear con tranquilidad, pues, me tenía confianza gracias a mis reflejos de pantera y magnifica vista de lince. Ahora en la caña estaba entornillado el hijo directo de europamanta, Grigori Yefímovich Schiloff Sade, de papá rusoski de Achichornia y mamá de la fransuá del Trocadéro, y por cosas del destino, nacido en el Hospital de Huancayo; veterano experto en explosivos, artes marciales y armas de combate. Yo, experto en motores a gasolina y en camuflaje cubista; y mi hermanito menor, experto en artes gráficas y contables, debe y haber, suma y resta. Tres expertos y un destino.
Amarramos diez resmas de papel bond 60 gr/m2. 61 x 86 cm x 500 hojas en la tolba y una caja con libros contables, bombones y dos botellas de pisco acholado de calidad, para regalar. Partímos de Balcon City y nos dirigimos rumbo a la puerta principal del Cementerio General de Huacho, juntito a las ambulantes de salchichas huachanas.
- ¡Vámonos rápido para regresar al toque!
Fue el grito de batalla y arrancamos motores. Nos acomodamos en nuestros asientos. Lentes contra el sol, respiramos profundamente y nos llenamos de Paz interior y de energética espiritualidad liberada. Atravesamos la avenida México agarrando Abtao, un quiebre y seguímos por Andahuaylas, siempre en vigía, respetando las leyes de tránsito y gramputeando a los peatones que se cruzaban en medio de las pistas; paramos por el tombo de la avenida 28 de Julio, que giró sin hacer el ademán preventivo. Este le hizo una seña a uno de sus compinches, nos tocaron pito obligándonos a cuadrarnos en plena esquina.
- ¡Papeles!
- ¡Buenos días, jefe! ¿Por qué?
- ¡Explicaciones pídale a su esposa! ¡Papeles!
- Mi brevete, tarjeta de propiedad y mi carnet, soy licenciado militar del Batallón de Infantería Motorizada "Legión ...
- ¿Qué lleva en la tolba?
- ¡Papel bond!
- ¿Su guía de remisión?
- ¡Acá está!
- ¡Una mica de peligro está rajada eso es muy peligroso! Se cae la mica y el que viene en su detrás no ve peligro y puede 'coalicionar'. Al frente'tá la Comisaría. Un sencío y se pueden ir ... ¡Vayan con cuidadito!
Seguímos adelante con la vinagrera encima. Habíamos perdido valioso tiempo y un billete. En el Puente Balta y río Rimac, un patuto nos alcanza a la loca, nos cruza y nos gritan.
- ¡Alto! ¡Deténganse! ¡Cuádrese al costado! ¡Está prohibido entrar camionetas a Lima Cuadrada!
- Tenemos permiso, señor policía. Acá está.
- ¡Qué bien! Pero tienen que dejar cinco maracas de todos modos para el desayuno. ¡Colaboren pé!
- Pero sí tenemos permiso.
- ¡Está prohibido tres! ¡No pueden ir tres en la cabina en este tipo de camionetas! ¡Pasen por caja solapa no más! ¡Y chitón boca!
Agarramos la Vía de Evitamiento, pasamos Caquetá y en Zarumilla, una requetefila de patutos y tombos en medio de la pista ordenando que los autos se cuadren a la derecha, que los choferes y pasajeros bajen de los vehiculos. Gran redada pro-bolsillo. Buscando la sin razón o tres pies al gato. Al final tuvimos que meter mano al drilo y otro billete de diez que se nos fue. Estabámos con la virgencita de espalda; ni Santa Rosita, Patrona de estos delincuentes podía hacer nada. No habíamos salido de Lima y ya habíamos pagado comisión, cutra, trafa, estafa y piso.
Por fin llegamos a la Unidad de Peaje La Variante - Ancón, pagamos las seis lucas. Un policia en su moto y sin casco nos acompañó unos cien metros. Sonrió y nos habló:
- ¡Sí tienen la conciencia tranquila no se sicoseen! ¡Cuidadito!
Nos dio un saludo con la siniestra y volvió a sonreir.
- ¿De qué mierda se rie el hijo de su madre?
- ¡Tranquilo que te puede oir! ¡Un gesto y laca!
En la variante, fierro a fondo, nos relajamos. Mi hermanito sacó su libretita y comenzó hacer números. Yo lo asistía con una maquinita calculadora, y el piloto concentrado mirando al frente la carretera casi vacia. Después de muchos momentos de tranquilidad entramos a la ciudad de Chancay. La meta estaba más cerca. Paramos para tomar una gaseosa. Bajamos y detrás de nosotros un patrullero de caminos.
- ¡Buenos días! ¿Quién de ustedes tres es el chofer?
- Yo .. ¿por qué?
- Usted a entrado a la ciudad a una velocidad no permitida. No ha bajado la velocidad. Lo hemos visto y fotografiado. ¡Sus documentos por favor!
- ¿Y cuál es el límite de velocidad que está permitido para entrar a la ciudad?
- Muy buena pregunta. O sea que usted no sabe el reglamento de tránsito. ¡Su brevete debe ser bamba!
- ¡Yo soy licenciado militar del Batallón de Infantería Motorizada "Legión ...
- ¡Guarde sus explicaciones para cuando esté en la Comisaria! ¡Sígame!
- ¡Lo sigo!
El guardia más cocharca y con más grado representó el papel de tombo bueno.
- Pero amigos ... para qué ir a la Comisaria ... si esto lo podemos arreglar como adultos. No es para nosotros sino para gasolina. Colaboren con la patria. ¡Seámos buenos ciudadanos!
- ¿Cuánto?
- ¡Lo que sea su voluntad! ¡No podemos exigir! ¡Le parece bien dos galones de gasolina!
- ¡Eso es más de veinte soles!
- ¡Por favor, no estamos hablando de soles sino de colaboración, de participación ciudadana ... o quieren su papeleta por exceso de velocidad!
Poco y poco íbamos llegando a la ciudad de Huacho, de vez en cuando teníamos la misma conversación con los cuidadores de la velocidad, con la honorable Policía Nacional de Carreteras.
Entramos a la ciudad de San Bartolomé de Huacho, agotados y agitados en nuestras almas. Llegamos super tarde a nuestro encuentro de la reorganizada cofradía de las Almas en Penas del Santo Martillo. Escuchamos el martillazo final del último remate, todos los presentes se levantaron de sus asientos, salieron a tropel como niños de primaria a festejar el gran negociado en la Aula Magna Universal, previamente preparada para la ocasión.
- ¿Qué chichi hacemos?
- ¡Dejamos las resmas y volamos a Lima!
De regreso, sin salchichas huachanas, calculamos el tiempo según los parámetros establecidos.
- ¿Sí comemos algo por acá?
- ¡Vamos rápido a Balcon City! ¡Allá comemos!
Antes de salir de Huacho un patrullero nos esperaba con un cartel rojo de Pare. Se acercaron para hablar sólo con el chofer y mientras por lo bajo le dábamos el sencillo. Desarmaron su cartel, lo metieron en la maletera de la camioneta policial y regresaron a sus puestos oficiales. A nuestro chofer se le veía una luminosa tristeza e impotencia. Como sí fuera la primera vez que hubiera sido víctima de la corrupción policial.
- ¿En la próxima, sí un policía me dice papeles, le digo, tijera ...
Y entredientes mi hermanito susurró.
- Mejor no digas nada, la policia siempre gana ... corrupta y tramposa ... hoy en día, ladrones y policías, juegan sus roles. Los primeros se aprovechan de los inocentes, y los segundos se aprovechan de los primeros, de los ladrones, de nosotros, y la rueda es de nunca acabar.
En el regreso tuvimos nuevamente encuentros cercanos con la ley y el orden. Con la moral por los suelos, sólo nos quedaba ir a llorar a la playa y quejarnos a todos los benditos santos patrones. Reímos y rajamos de la Benemérita. Llegamos a casita muy tarde. Me senté en mi silla, mis hijos estaban viendo una antigua coboyada del salvaje e indómito oeste donde los chicos malos; bandidos, forajidos y delincuentes sin escrúpulos de la peor calaña; asaltaban la diligencia y el representante de la ley, el sheriff, era el jefe de la banda. Sonreí y me fui a descansar, pensé: Mañana será otro día de duro transitar y trajinar por nuestras peligrosas e indómitas calles de Lima.

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