GOL a lo Perico León. NDLeón

GOL a lo Perico León. 
De Nicolás Daniel León Cadenillas. 
Promoción 1969. 5° F. "AU".



“Voluntad, Disciplina y Acción”. 
Dedicado:
Asociación de Ex-Alumnos Ugartinos
Asociación Ugartina
Círculo Ugartino

San Isidro, 2005. Lima - Perú.

El mejor gol de mi vida fue en mi colegio y no como alumno sino muchos años después. Se presentó como un hermoso presente para mi, para mis condiscípulos de promoción y para todos los Ugartinos en general; fue mi regalo a mis Bodas de Rubí con ayuda del divino omnipotente maestro Alejandro Villanueva, que dio lauros al Perú.

Todos los sábados en las tardes cheleras o de cafecito caliente, nos reunimos en el colegio aprovechando las tardes deportivas, algunos ex-alumnos van puntualmente para evitar la fatiga de estar lavando ollas, regando las macetas o cuidando a los nietos. Los asistentes, sport abueliboys, nos vestimos de corto, los más viejitos, también, para darle a la redonda y demostrar los destellos de la clase de antaño. Como alumno secundario no fui brillante futbolísticamente y en los estudios tampoco, sólo fui un jugador cumplidor y disciplinado. En aquella época dorada de nuestra juventud había señores jugadores, buenos y excelentes, algunos estuvieron en la selección por vara, apoyados del tarjetazo del Regente. En esos tiempos también se usaban los padrinazgos para ponerse la gloriosa AU en el pecho.

Ahora los cracks de la recordada época de oro estaban pesos pesados, gorditos, tíos, viejitos; lentos, pelados, sacolargueados y sin físico. Yo, gracias a Dios y al ángel Lucifer me conservaba “Light”, sin barriga, bien chévere y bonito. Con un peso ligero semi-pesado envidiable, y gracias a esa figura atlética como si hubiera hecho trato con el Doctor de las Tinieblas, el Cardenal Satanás.

Por respeto a la moral y a las buenas costumbres no quiero decir el nombre de la otra cara de la moneda, es para evitar problemas y rencillas; me limitaré sólo a decir su chaplín para que los más cercanos lo ubiquen y no le pasen la voz.

“El Archivado”, el esposo de La Archivada, gran jugadorazo de los años sesenta y setenta del siglo pasado, calichín y juvenil del Club Alianza Lima Corazón junto con Julio Baylón y Luis “Babalú” Martínez; hoy sobregirado en la cuenta bancaria de los lípidos (grasas) aparte que se le está cayendo el pelo estrepitosamente. Como jubilado no hace nada, no barre, no compra el pan, ni da agua a los conejos, tanta ociosidad y el consumo gratuito de chelas sabatinas con pretextos y mentiras han dísminuido o mejor dicho agrandado su abdomen.

Su equipazo de estrellas fugaces se enfrentó a mi disminuido y remendado equipo de fulbito, pero se llevarían una gran sorpresa porque no contaban en las maravillosas zurdas, diestras y siniestras de parte de nosotros.

Como puntero mentiroso tuvimos a Jorgito Vigo con su fina estampa de luchador de zumo, llevando al frente una pipa de muchos kilos de peso; a Antonio Rospigliosi conocido por la afición como “Mesie Levú”, siempre sobrio y lúcido porque el Doctor le prohibió el alcohol y tabaco por una dolencia hepática; a Edilberto Flores, “con Vampiro en el arco la defensa es colosal”; al gran matarife de Surquillo, Víctor Gonzáles, fue un deportista prometedor pero se casó muy joven y terminó lavando cerros de pañales; la estrella de nuestro equipo, oriundo del oriente amazónico, hijo adoptivo de los desérticos arenales de San Juan de Miraflores, eximio y catedrático con la redonda, el gran Paquito Pérez.

Me estoy olvidando de mi, o sea de yo, Nikito León, maromero-mochilero de fama internacional y local. Padre casi ejemplar y abuelo chocho.

Fuímos los seis miembros que formamos el Dream Team de aquella tarde de leche Gloria. No nos importó la apuesta ni la ridícula chancha de moneditas para las bebidas. Lo importante era ganar, demostrar que seguíamos por la senda del triunfo en las canchitas, habas y maní, y en nuestras vidas profesionales.

Yo, ya tenía mi pasaje en el bolsillo con destino al Viejo Mundo para tranquilidad de mis amigos que no veían la hora que me vaya. César “Cheche” Malca, me había conseguido una oferta en la aerolínea holandesa KLM, primera clase junto al piloto, por ese motivo y muchas cosas más quería entrar en el Libro Guinness de Récords de la Asociación de Ex-Alumnos Ugartinos antes de partir.

El Archivado había formado su equipo con los ases del pasado, tíos con mucho renombre y apellidos, pero éramos seis contra seis, nada más. Por indicaciones de Paco, fui adelante como único centro delantero permanente, posición que en mi barrio llamamos “Lauchero”.

¡El árbitro puede ser una mierda, pero se le respeta! Es un famoso dicho popular. Pero justo en esa tarde, tuvimos la oportunidad de contar con un referee de quilates, honrado e imparcial, al ejemplar Past Presidente Ugartino David Brandariz.

Al volar la moneda por los aires para escoger nuestra ubicación, ganamos el sorteo y escogimos el arco de la tribuna de Oriente mirando al Este; la elección no era gratuita, jugaríamos de cara al sol en el primer tiempo y en el segundo tiempo no había sol que molestara. Veinte minutos cada tiempo con cinco de descanso. La loza deportiva tenía la dimensión de 30 x 25 metros, no era tan chiquita ni tan grande, era la medida ideal y correcta.

En el primer tiempo El Archivado y su gente dominaban las acciones, paraban la bola, la dormían, la jalaban, la levantaban, pases cortos, cortitos, largos, de taquito, con la parte interna del pie y para variar con la parte externa, hacían de todo, eran unos magos de la acrobacia futbolera, hacían su show como al mejor estilo de los Globetrotters, pero no avanzaban, todo el espectáculo era en su campo. Nosotros por nuestra parte hacíamos lo necesario, esperando el momento oportuno para contratacar, hasta que llegó el pitazo del entretiempo y al descanso.

Por ahí uno de los compañeros de aula del Archivado le dijo su apellido como solíamos llamarnos en las épocas de escolares.

- ¡Seminario! Pregunta si podemos hacer cambios.
- ¿Qué, ya no puedes?
- ¡Si! ¡Pero no puedes preguntar Chato de M ... !!!

El Chato Seminario y sus Archivados estaban como todos nosotros, sacando la lengua, pero nosotros teníamos un hálito de aire puro en nuestros pulmones porque como siempre pagábamos lo que pedíamos nos cuidábamos de no tomar demasiado. Seminario y su mancha chupaban gratis cualquier cantidad, no cuidaban su físico, sábado tras sábado habían maltratado su corpo y su hepático hígado, pero sus bolsillos se mantenían nuevecitos por falta de uso.

A Bernardo “Papá” Vera, elegantemente vestido con un conjunto del Floh Markt de Heide, le encargaron la función de Veedor Oficial.

En la Tribuna Sur “El Negro” Daniel Béjar se atragantaba con un choribaguette, olvidándose de su colesterol y de los consejos de su abuelita.

Segundo tiempo, salimos a la cancha; los sapos y curiosos, exalumnos e invitados se acomodaron en las tribunas, comenzaron a vernos con placer por nuestra forma de tratar la pelota y como manteníamos nuestro ritmo, sabor y el esquema táctico minuciosamente elaborado con ajos y cebollas.

A los cinco minutos, gran atajada de Edi Flores, pasa la bola a Levú, Levú levanta la mirada y con un preciso pase me la manda hasta el área contraria, yo saltando con todas mis fuerzas una altura abismal de 69 centímetros, amortiguo la bola con el pecho y giro sobre Peralta, mi marcador, avanzo unos pasos, recuerdo que me salió un fantástico autopase, amortiguo la pelota con el muslo como en cámara lenta, y cuando voy a cruzarla para darle un toque de bolea con el empeine izquierdo para enviar la bola al ángulo contrario, Justino Peralta me da un empujón desleal y cobarde que refleja su mediocridad deportiva del momento.

Vigo por su punta hacía los centros matemáticos que llegaban exactamente a cualquier lugar menos a un compañero que desesperadamente pedía tocar la pelota, en algunas jugadas la paraba de barriga porque pecho no tenía, se le veía como un hermoso ropero ancho de cuatro cuerpos. Levú la jugaba en cortito con Gonzáles, Paco trajinaba como buen punta de lanza y cruzaba toda la cancha repartiendo bola y nosotros malogrando la jugada. En una de esas virtuosidades de Paquito me dio la bola como si fuera con la mano, un cruce de taquito con chimple y cuarta. Paro la bola y Foul (en español: Faul o falta) de Zafra Promo 63. La jugada era un claro clarinazo de lo que se venía venir.

Los que conocemos de futsal no necesitamos correr tras la pelota, esperamos un buen pase y en fracción de segundos con genialidades resolvemos con resultados de gol.

Cinco minutos más tarde, Flores desde su área le acomoda la pelota a Levú, éste avanza en pared con Paquito, el Chato Seminario pone la pata a la mala y Paco con un toquecito magistral en la parte inferior de abajo de la vedette, como decía el huachafo de Martínez Morosini, golpecito con la punta de su zapatilla derecha marca Nike, levanta la pelota haciéndole un hermoso sombrerazo charro mexicano al Archivado Chato Seminario, la pelotita da un primer gran rebote, sigue el segundo rebote a dos metros de distancia del área contraria y yo aprovechando la oportunidad en fracciones de segundos, hago un pique, con el hombro saco de juego al tramposo de Justino Peralta que hasta este momento no paga su arruga a mi hermano Yuri, las 50 resmas de papel bond que pidió fiado; ¡Corro!, como en mis mejores momentos cuando era Doble de Riesgo en las películas de tercera categoría B3 del cine nacional; en el cuarto bote alcanzo la redonda y mirando el arco contrario que se me había achicado, miro al arquero, tomando aire contaminado con smog, fusilo con toda mi alma al parásito del portero que no la vio por donde pasaba la de cuero, por el potente disparo, hago el gol, un Gol al mejor estilo del gran profesor Pedro “Perico” León, mi tocayo y mi ex-vecino de La Victoria.

Fue un Gol, un Golazo, agradecí al Verbo, festejamos, nos abrazamos, saltamos y gritamos por toda la cancha con hurras y dándonos valor pusimos la bola en el centro.

- ¡Tremeeendo cañonaaazo! Se escuchó desde la Tribuna de Occidente, emulando al polifacético “Rulito” Pinasco que de fútbol no sabía nada.

Los Archivados amargados, heridos e irascibles, ni bien el arbitro dió el pitazo para que se reinicien las acciones, adelantaron sus líneas para tratar de sorprendernos; dejaron de entretenerse con la redonda. Ni locos que fuéramos a jugar con una cuadrada.

Atacaron y atacaron, no hacían otra cosa, sólo atacar; por orden de Paco Pérez, nuestro capitán, y porque lo pedía la afición, cambié de puesto, me fui de Back Centro, cumpliendo una función puramente defensiva, fui el último hombre, el estorbo para los Archivados. Defendiendo a lo macho como nuestro recordado Javier “Muerto” Gonzáles; defendiendo con el gordo Vigo nuestro arco.

Edilberto Flores tapada de todo, por arriba, por abajo, de costado, volaba de un palo al otro como buen Vampiro bueno; Levú, Víctor y Paquito se batieron adelante. No se les dio ventaja a los ases del otro equipo, ellos eran muy entendidos en el juego de la vida, se comprendían maravillosamente; hubiera sido un craso error si le hubiéramos dado cinco segunditos de felicidad.

Paz de Novoa en la Tribuna Popular apoyando a los Archivados esperaba con una bolsa XL, color crema, que termine el partido para ofrecer sus conservas de engrudo con sabor a mermelada de frutas, muy apropiadas para la confección de cometas y pegar carteles en las esquinas de los barrios.

Los minutos avanzaban lentamente, nuestros esfuerzos fueron heroicos; las apuestas en las tribunas y en los baños fueron de diez contra uno, nadie había confiado en nosotros, contra todo pronóstico, mantuvimos el gol del triunfo, soportamos los ataques y las arremetidas desleales por todos los sectores del campo de juego hasta el último minuto, momento que el árbitro tocó el silbato y dio por concluido el juego. Nos juntamos en el centro de la canchita con nuestros simpatizantes y nos dimos un fuerte abrazo como buenos hermanos; demostrando nuestra hidalguía saludamos a los Archivados: Seminario, Zafra, Infantes, Peralta, Espichán, Barrionuevo; hasta la fecha no pueden dar crédito de la experiencia vivida. Y nos fuimos a los camarines cantando “We are the Champions”.

Los hermanos Lo Pino aplaudieron la hazaña, reconociendo la calidad y la clase que aún nos quedaba.

Flash de último minuto!!! Por E-Mail el chisme del triunfo fue regado por toda la Comunidad Ugartina, los corresponsales bélicos y de propaganda fueron Ricardo Negrillo y Alfredo Ángeles.

No hubo foto porque el mejor y único fotógrafo del Círculo Ugartino, era yo, y por más que quería no podía estar jugando con la cámara colgada al cuello; en las pupilas, córneas e iris de todos los presentes quedó grabado el acontecimiento social deportivo de ese año. Con muy justa razón ingresé al Salón de la Fama de la Asociación Ugartina.

Días después del partido colgué mis calzados deportivos y mi destapador de letras doradas “AL Club 1901” con alto relieve, fue la hora de retirarme a mis cuarteles de invierno, tuve que prepararme para mi viaje a Europa con destino final Alemania; se había presentado la oferta y demanda, la oportunidad de regresar a mi querida profesión de Actor de Teatro (en alemán: Schauspieler), no conté con el arduo trabajito que me esperaba, desempolvar mis libros, mi caja de maquillaje, mi único terno azul marino, La Biblia, el Atlas Mundial, el Breviario de Bertolt Brecht, mis libros en idioma alemán del Goethe-Institut y las direcciones de mis amigos residentes en Europa.

Recuerdo como si fuera ayer cuando subí al avión con el corazón que me latía y hacía tic tac tic tac de contento, cargando mi maletín de mano lleno de optimismo y recuerdos de mi gente, de mi colegio y de mi barrio; despercudido de rencores y odios; purificado por los sinceros abrazos de mis familiares y amigos incondicionales; viajé al Viejo Mundo para concretar el sueño de mi vida. ¡Última oportunidad! ya no había otra; dejé a mis hijos mayores y a mis nietos menores y con la bendición de mamita sólo atiné decir ¡Adiós!

Nicolás Daniel León Cadenillas. 
Promoción 1969. 5° F. "AU".
Lima, 2005.

* Wikipedía, la enciclopedía libre.
* Pedro Pablo León García (Lima, 1943 - ) es un ex futbolista peruano apodado “Perico”. Es un histórico delantero del Club Alianza Lima y de la Selección de fútbol del Perú con la cual participó en la Copa Mundial de Fútbol de 1970 en México, alcanzando los cuartos de final. “Perico” León fue un delantero potente, dueño de una habilidad poco común para cabecear y tocar el balón con gran precisión para definir. Su inteligencia para moverse dentro y fuera del área, le permitía retrasarse para crear juego y asistir a sus compañeros. Es considerado uno de los grandes delanteros de la historia del fútbol peruano y para muchos el más completo centrodelantero. Desde pequeño se formó en las canteras del Alianza Lima hasta convertirse en el mejor punta de lanza de su historia. Radica con su familia desde más de hace veinte años en Estados Unidos.

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