El agrónomo del diablo (666). NDLeón

El agrónomo del diablo (666). NDLeón.
Para mi querido, Víctor Hugo Chávez Pariona, compinche de una y mil aventuras gastronómicas y calentados. Nk

El agrónomo del diablo no es una historia de venganza: es la venganza misma personificada. Su autor, Niky León, ha echado las especias y condimentos exactos con sus puntitos de sal y pimienta para que todo salga como se pide chumbeque. El escribidor lleva a sus personajes en un in crescendo que no decae y que no sube tampoco, manteniéndose todo en pindinga.

"La pacharaca tiene voz de mando para el maridito y en la madrugada subida en el palo le dice cantando: ¡A trabajar! ¡A trabajar! ¡No sigas durmiendo anda a trabajar! ¡Mantenido! ¡Levántate pacharaco ocioso para qué trabajes! El pacharaco al oír contesta muy enfurecido: ¡Para qué! ¡Qué te habrás creído! ¡Y para qué te tengo negra! ¡Qué voy a trabajar sí yo nací cansado pá trabajar! ¡Estoy cansado no sé trabajar!”.

Veache Cuchín, emulando a Vulcano, dios del fuego y los volcanes,
forjador del hierro y creador de armas y armaduras para dioses y héroes.

Génesis
En una semana de miércoles de un día de jueves, en un turbio quinto mes de un año bisiesto; dos transformers ignorantes y atrevidos hablaron sandeces de uno de los más grandes hijos putativos de las casitas blancas; hablaron mal, requetemal y peor del Agrónomo del Diablo. Las luciérnagas mutantes son los únicos que saben que del ingeniero agrónomo no se puede hablar mal, ni bien... ni pésimo, ni regular; solo se puede hablar que no se mojó cuando llovió en un febrero de verano ardiente; pues, tenía una capa de grasa impermeable adherida a su esmirriado corpus esqueleticus. Del agrónomo de las malas hierbas no se sabe casi nada; nada de su niñez, ni de su juventud; se cree que siempre fue adulto. Pedro Perico Simón, el hijo del pionero del graffiti huari, el amauta matemático-quipus-aritméticus Nicodemus Tello; se acuerda a lo lejos haber visto al agrónomo en las sabias disertaciones que dictaba su señor padre. El agrónomo sentadito en primera fila, feliz y contento, con dientes saludables gracias al secretísimo dentífrico que usaban los antiguos pobladores de la cultura Chavín de Huántar.

- ¿Tú que estás en los campus agrícolas de La Molina? ¿Cómo se pregunta?: ¿A ver tú? o ¿Haber tú?
- ¿Aber qué?
- ¿Cuál es primero, el cero o el uno?
- ¿Áaa?

Algunos antiguos vecinos murmuran que lo vieron de escolar con uniforme comando kaki en un centro de rehabilitación juvenil del jirón Unanue con Cisneros; otros dicen que no puede ser porque el que caminaba como vecinito del barrunto era un hombre joven, varón, soltero y maduro y el otro debe de estar bien Cocharcas-José Leal. La última vez que se le vio a este dandi victoriano no tenía arrugas, ni pliegues; ni deudas, caminaba sin pecados capitales concebidos. Pero eso sí, mantenía la misma postura aristocrática y los mismos ojitos vidriosos inyectados de venitas con sangrecitas escarlatitas. Nadie sabe de donde vino; sí del norte o del sur; de Chincha o de Cajamarca; de El Porvenir o de Balconcillo City; solo se sabe que el fumar produce cáncer y que el tabaco mascado, también, mata; o sea que es matarife.

Los más sinverguenzas, desconsiderados y envidiosos vecinos rajan de él, andan diciendo que Jesús Max De la Marcela le enseñó a caminar sobre los desérticos desiertos de la periferia de la gran Lima y de él aprendió el fíado, el regateo, la oferta y la demanda, el debe y haber y el saber desaparecer. De su profesor de la uni, el chino rata rector, aprendió hacer maravillas con tronquitos, palitos, yerbas y hierbitas; con plantitas medicinales y con las otras nocivas también. Aprendió a leer las hojas sagradas, a chaccharlas, a saborerlas con añejo ron y tabaco seleccionado. Ambas escuelas le marcaron la vida para siempre.

- Ingeniero agrónomo, ¿Usted es perito especialista en horticultura?
- Primero respeta para que te respeten, conmigo nada de orto, solo hábleme de cultura, de trabajo y sus consecuencias sobre la salud.

En una noche caliente del verano con una brisa refrescante que acariciaba suave y dulce, que embriagaba los sentidos y turbaba hasta los huesos. Los descerebrados merengues de barrunto equivocado festejaban otro empate de su chistoso merenguillo equipillo en la sala de honor de La Oficina. Festejaban con puro Yonque y unas gotitas de emoliente para bajar el cañazo. Y cuando cayó la tarde sacaron en procesión una labrada pipa humeante colombiana moño rojo; el agrónomo sabía qué significa las señales de humo comanches apaches y los peligros que se corre, se cambió de sitio, después la barajó y se movió a otro lado, y por último no aceptó nada de nada; sus principios y buenas costumbres, hasta ese día, no se lo permitían; los de barra brava no atracaron que no probara nada.

- ¿Estás con nosotros o no estás?
- ¿Por qué me hacen querer y no querer, acercarme y retirarme, volar y estar en tierra? ¡Maldíitos de miéeerda!

Triste y bochornoso escándalo de plumíferos cremosos en el bello, apacible y ejemplar distrito blanquiazul. Siguió el lío, el agrónomo negó tres veces, entonces los plumíferos maníaticos anales, lo botaron de su sitio cuadrectangular. Él olvidándose los buenos modales de Carreño, mandó a la rechuchadesumay a la terrible cofradía del corral. Agarrándose a trompadas con los demonios hipócritas del gallinero, liderados por el gordo Kike Yabar Potón; Machito, El Pelao; el Chino Men; y por los chatos pitufos Marlon Stone y el finado Arbertor, Drogerías Pári. El hipócrates Aldito, hermano de la tía de cuyo nombre no quiero acordarme fue incapataz de defenderlo, se quedó mirando como buen espectador de fútbol callejero. Al Agro lo hicieron apanado, callejón oscuro, la ruleta rusa, lo puntearon y cuando se le venía lo peor, sacó fuerzas de sus flaquezas, desamarró a la mala su agro chancabuque más pestilente y lo arrojó despiadadamente con todo su odio a sus colegas barras bravas; tremendo mortifero zapatazo dejaba una estela de crema merengue avinagrada por los aires, las gallináceas se abrieron como tímidas aves de corral, esquivando el kilo de cuero que se vino a estrellar, después de un recorrido de veinte metros, en la boquita de caramelo de la musicólaga dama joven Linda Mozza. Jodiéndole la jeta pintada, la nariz y el rush protector labial. Estropeándole el vestido tornasol de fiesta carnavalesca de invierno hasta las últimas consecuencias. Los desadaptados de las barras bravas se le fueron encima de nuevo, lo acorralaron, le gritaron:

- ¡Veache Cuchín, con la misma vara que mides serás medido!

Al escuchar 'vara y medido', aterrado, despavorido y lleno de susto invocó a los espíritus del mal y transformó su cuerpo decadente en una mole humana con una fuerza y poder casi ilimitado. "Antiguos espíritus del mal... transformen este cuerpo decadente... en Mumm-Ra... el inmortal", dio la sensación que se deslizó por los aires once pasos, paró en seco endemoniadamente, mandando piropos de todo calibre a sus cremosos secuaces y les gritó como en la trinchera norte.

- “¡Volveré y juro que los haréee pedazos! ¡Los améee con locura ahora se jodieron conmigo! ¡No pararéee hasta verlooos chupando… Shiumura siiin páasas! ¡Volveré! ¡Lo prometo! ¡Volveréeee! ¡Lo juro por la Cruz del Dasso! ¡Cucurafacha! ¡Huevonazasaurios!”.

Katty, la pirinola; prestó ayuda al instante a su comadre de faena, la socorrocó de emergencia y después de la cocida de un par de puntitos de oro. Las comadres movieron todas sus influencias apoyadas por otras tías de la vecindad para meter en cana al agrario; pero más fue el gasto, tiempo y fichas que perdieron. El tiro les salió por la retaguardia es decir por la culata. Buscaron por toda la zona, peinaron el distrito y adyacentes y ni michi. Espías por todos los rincones, por aire, tierra y mar, y nada. Al agrónomo del diablo se lo había tragado la madre naturaleza. El gran conchasú desapareció de la faz de nuestro planeta tierra sin dejar rastros.

Exodo
Hasta ese momento fue lo último que se supo de él. Desapareció del barrio, nadie daba razón de su existencia. Llegó una volada. En esta oportunidad no fue un pajarito el que trajo la mala noticia al barrunto si no un pajarote, Ricardo Be De la Liliana (a) Buitre disecado, trajo la noticia con chisme fresquito de su tierra sito en el oriente peruano: No se sabe como llegó, lo que si se sabe que el agrónomo llegó por equivocación, él no era, otro era el culpable.

El ingeniero agrónomo pasó unas vacaciones en la Colonia Penal Agrícola de El Sepa, purgando condena y perfeccionando sus conocimientos sobre los pesticidas y plaguicidas como armas de doble filo. Ocupó un pabellón con una población de catorce reos: nueve por homicidio, tres por violación, uno por tráfico de drogas y otro por no tomar la sopa. Nadie sabe que delito cometió pero para empezar todos sabíamos que el perito agrónomo sí tomaba su sopita de caracol. El siguiente galpón más cercano se encontraba a cincuenta metros de distancia, estaba completamente casi derruido, y a manera de carpa de invasión con ramas, cajas, plástico, latas de baldes de aceite, habitaba al estilo de Juan el Bautista, un ex-búfalo conocido como Rosaté, y nadie sabía el por qué.

- ¿Y tú a qué te dedicabas afuera?- preguntó Rosaté.
- A la agronomía, soy master en suelos orgánicos preparados.
- Acá puedes practicar como en tu casa, jejeje.
- Eso espero.
- ¿Usté nunca se ha preocupado como poder salir de aquí?- preguntó bastante curioso el agrónomo.
- Si, pero me enteré que mi esposa se fue con un comunista de mierda, mi linda y jovencita amante viajó a Italia y se casó con un cabrón, mis hijos están ilegales en Estados Unidos, mi perro murió, a mi gato se lo comieron, y en mi casa vive mi suegra con un comanche retirado y a la vez abogado. Pero no me quejo acá tengo todo, casa, comida y potosí.
- ¿Si?
- Carne fresca y recién llegadita. Poto blanco aunque sea de…
- ¡Ya pé tío no me mires con esos ojitos libidinosos, a mí no se me prenda! ¡Yo soy bien machomen! ¡Pút ta mare!
- ¡Chinco minutos de maricone o tutti la vida morto! ¡Jajajaja!

Las semanas pasaron y los antagónicos caballeros hicieron migas con mucho respeto, conversaban de todo. El agrónomo hablaba de las yuquitas doradas de sabor nacional con su juguito surtido del Mercado Cooperativo Balconcillo; del rico seviche de carretilla express de El Huachano de la Av. Cánada; de la bodega de la juventud marihuanera de Don Panchito; de la chicharra de Parinacochas; de las raspadillas de siete colores de la familia Garibay; de la marimba de Matute Block; de las pastelerias de la Selva de Huamanga; de las licorerías del Boulevard Palermo; de los deliciosos fetuchines de la señora Nancy Moraes De L'Pera Cartera. “El que no conoce esto no es de Balconcillo mi causita de mi zóncorazonfora”. Con ese lema terminaba su exposición el agro reo. El anciano precioso antiguo hablaba de la importancia de llamarse Ernesto; de la constitución del setentinueve; de la declaración de los derechos humanos son una cojudez; que los jóvenes universitarios se habían autosecuestrados; de caballo loco y el perro del hortelano; el que no la debe no la teme; de la página once; de la hora peruana; que el pisco y el seviche son peruanos. Que nuestro cajón es más peruano que el seviche. Por Dios y por la plata. Y terminaba con su grito de batalla: ¡Soy inocente!

Pasaron cuarenta días y cuarenta noches, con lluvia torrenciales y fuerte humedad. Al agrónomo le provocó güevear en la tiendita de campaña del viejo compañero y lo encontró tieso, frío, en una palabra, cadaver, o sea muerto. Pasó el talán a los vigilantes, estos llegaron con un costalillo, metiron al muerto al costal junto con unas piedras de regular tamaño y unas hojitas de coca para la buena suerte. Fueron a pedir al jefe la autorización para dar de comer a los pececitos. En ese preciso momento se le prendió el foco al agrónomo del diablo, sacó al frío del costalillo, lo arrastró detrás de la cabaña, junto a un nido de hormigas, lo tapó con hiervas, basura, y con todo lo que tenía a su alcance; y como una escurridiza salamandra se metió al saco de gruesa lona; llegaron los vigilantes, cargaron el bulto y a la una, a las dos y a las tres, lanzaron la corvina (así se dice en jerga a los muertos) a las caudalosas aguas del río amazónico infectados de pirañas y otros depredadores acuáticos. Pasaron brevísimos minutos, se armó un hervidero de pececillos e instantáneamente un manto de pirañas flotando completamente muertas de indigestión fulminante por haber tratado de roer ese pellejo charqui duro contaminado de tóxinas, recinas pebecinas, pezuñacinas, formol y que más sabrá Dios. El aquamán había cortado la lona con la uña del dedo gordo de pie derecho. Llegó a la otra orilla nadando de pechito con un paiche de mediano tamaño en la mano, muerto de un infarto cardíaco por la terrible impresión de encontrarse frente a frente al rarísimo ejemplar náutico. El agrónomo se orientó por el curso, cauce y caudal del río, en el día por el sol y en noche por las estrellas hasta que se perdió en las sombras.
Muchos meses después se volvió a saber de él, fue cuando unos camioneros que traían troncos de madera a Lima, cuyos dueños eran unos irracionales inescrupulosos depredadores del ecosistema protegidos por políticos testaferros y corruptos; al agrónomo lo tenían de mandamás, contratado de caporal y jefe máximo en una sucursal del infierno verde.

Apócrifo
Después de varios años nos enteramos de las nuevas andanzas del agrónomo, usando nuevo nombre, el Cacique de Puruchuco, especialista en alquimia e injertos de plantas tropicales en la selva alta amazónica de San Martín, en los distritos de Uchiza y Tocache, hijo predilecto de la pura, adoptado por su maestro y guía, el patriarca gamonal Don Felipapá Noel. Y de Don Feli aprendió como se mueve la batea, mirar la batea como se menea, y como coger el batán con las porciones mágicas; a la suma de las cuentas corrientes sin electricidad; aprendió a calibrar milésimos fragmentos de fracciones para que el producto final sea de la más pura y alta calidad a nivel internacional. No era respetado, era temido o amado.

El profesor, Víctor Hugo Chávez Pariona, esperando la descomposición vegetal
para trasplantar los injertos de las amapolas nacionales. Santa, Ancash, PERÚ.

Al mejor estilo del camaleónico Rafael Rey, de los abogados y políticos congresistas parlamentarios, sin sangre en la cara; con concha, pana y elegancia; estaba totalmente preparado para regresar a la gran capital y enfrentarse a los plumíferos de las bravas barras, trincheras nor-oriente y a cualquiera que se le cruzara en el gallinero. A ritmo de rumbalakandungala apareció por el popular distrito blanquiazul, con la línea 23-A llegó al Boulevard Palermo de BalconCity. Se compró Un Sol de yuquitas bien fritas y tomó su juguito surtido para recordar tiempos idos en su Mercado Cooperativo. Nadie lo reconoció, llevaba un fino traje sastre estilo Sastrería Marchena's Muela y Maritín. Sorprendió su comportamiento y delicadeza y sus buenos modales, copiados exactamente de su antiguo compinche ‘el quechueslovaco escribidor’, cosa rara pues ellos siempre fueron como el agua y el aceite. El agrónomo (a) Cacique de Puruchuco se había preparado enteramente en todos los temas concernientes exclusivamente al barrunto; descifraba a la perfección los jeroglíficos del amauta Don Nicodemus Tello, ilustre cienciolocoeducador quipucamayoc y apócrifo subversivo de las cuestiones matemáticas corporales. Siempre se preguntó: “No sé por qué extraña razón sus matemáticas seguían caminos diferentes y por asombrosa irrealidad llegaban a lo mismo o al mismo número operacional, y es verdad palabra de Taita”. Se acordaba todos los chistes de Che Carlitos Champion; las jugadas de chiripa del pelotero callejero Julio Polo González y de su compadre el marcador Jorge Camión Albujar. Recordaba con nostalgia y al pie de la letra los secretos de la cocina victoriana del Señor Actor donde existía el riquísimo calentadito trasnochado. El Agrónomo cuando sonreía lucía una hermosa y blanca dentadura portatil enchapada en oro, y daba la hora con su buen corte de pelo a sus entrecanadas sienes.

La primera venganza fue en Diciembre antes de Navidad en el Día de Nuestra Señora de Guadalupe, cuando la Virgencita Patrona de la Comunidad salía en anda de su casa, la Iglesia Parroquial, cargada por los vecinos, uno de los cargadores era Machito, El Pelao. El agrónomo había contratado al ex-pip Eduardo Petro Pavoni para que en plena cargadera le arrebate el gorrito y la peluca postiza delante de la Virgen, y la madre del Señor lo reconozca como es verdaderamente sin mentiras, ni peluquines. Y así fue, todo el barrunto vio la pelada del Pelao Machito. La segunda venganza fue contra Kike Yabar y Marlon Stone, los llenó de acertijos y enigmas antes del esperado encuentro fúlbolero del "Clásico de Clásicos" y los destrabó en lo mejor de sus meditaciones cannabis colombiana punto rojo, los bajó a cero grados, se vinieron en picada con una depresión suicida a sus estimas personales perdiendo todas las ganas de joder y reventar el Estadio Monumental. Por sus culpas su equipillo perdió y las barras bravas de trinchera norte y trinchera oriente salieron a las calles sin rumbo ni direcciones, sin guías, perdidos como zombis.

Frotándose las manos de sus diabólicas maldades en la esquina de Los Diamantes con Vizcardo y Guzmán, a un costado de La Oficina, se le cruzó un insólito extraño con pinta de franciscano renegado, lo contempló y sin proponérselo se le acercó, le habló del fuego de sus entrañas y le pidió un sabio y gran consejo para terminar con su ansiada y enfermiza venganza; el sesudo caballero en una síntesis filosófica le graficó una reseña del pensamiento dassiano palermitano de la victoriosa Rica Viky.

- "¡Me llega al güevo lo que hagas!". Sí quieres joder, jode y púdrete solo; sí quieres ser famoso: “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Para cambiar, primero, respétate a tí mismo. *"Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás" (* Facundo Cabral) ¡Recapacita o jodéte o vete a la mismísima éme con mayúsculas!
- ¡Yo sé quién eres trotamundo!- remarcó el agrónomo.
- ¡Yo también sé quién eres! Te reconocí por tu expresión rara y por tus ojitos cristalinos- respondió modestamente 'el escribidor', utilizando una frase de uno de sus últimos cuentos. Se abrazaron sin decir más palabras y se despidieron con una sonrisa fraterna.


El autor, Nicolás D. León Cadenillas, vecino  del Parque Miguel Dasso,
en abrazo fraterno con  su colega, Víctor Hugo Chávez Pariona,
personaje mítico de las Casitas Blancas.

Apocalipsis
En los últimos septiembres, el pueblo del Valle Del Santa, comunidad del Agrónomo, lo quiere santificar de santero por sus milagros que hace con la mamapacha, jardines y chacras. La voz popular es: ¡Sí el Cardenal es hijo legitimo de Satán, entonces por qué un humilde hijo del diablo no puede ser un santito!. Un día antes de la primavera a las cuatro de la tarde los parroquianos lo sacan en hombros al Agrónomo del Diablo, haciendo un recorrido directo sin escalas de la chichería de la Plaza de Armas hasta su dulce hogar, lo cargan completamente enchichado de chicharrón, y lo banderean por su nuevo barrio santino bien cargado para que no regrese al bar o para no se caiga ni se saqué la chochoca. Y colorín colorado este último y tercer cuento laboral se ha acabado.

Nicolás D. León Cadenillas
Karlsruhe, Septiembre, 2010


EL ZAPATAZO DEL AGRÓNOMO DEL DIABLO (666). NDLeón.
Racconto de los últimos minutos del agrónomo del diablo en La Oficina.

Dibujo a lápiz del artista escritor, vate y actor, Nicolás D. León Cadenillas.

Me trajeron a la memoria varios chismes, no presté oídos a ninguno de ellos porque sabía que la envidia los corroía y más que chisme eran habladurías.

- Carlitos, nunca pensé que te prestabas para la güevadita. Pensé que eras mudo porque nunca te escuché decir ni pío, me acuerdo que mirabas petrificado, te mordías las orejas de angustia y resignación.
- No podía hablar porque…
- ¿Estabas trabado? Con razón, también, te querías morder el codo.
- Si lo quieres decir asi, si. Escucha… yo lo vi ... estaba en la esquina, en la esquina de La Oficina. No te imaginas como quiero matar la amargura y el dolor que me produce la desgracia ajena. Quiero desahogar mis penas, mi llanto, mi culpa y mi tormento.
- ¿Chuchi, estás grifiado? Creí que estabas zanahoria.
- Yo estaba con el cieguito Aldito, el hipócrates; él hermano de la flaca Cecci...
- ¿Que michi has visto, Carlitos? Tú eres el Ciego Carlos; el otro, el Ciego Aldito. ¿Qué miércoles vieron? ¡Dos ciegos, no jodas!
- Yo vi todo, Aldito solo vio la mitad porque él ve solo con un ojo con el otro no ve ná. Lo que te quiero contar está en el parte policial de la policía, me llevaron a la fuerza pá que declare, y declaré lo que me convenía, cojudo no soy.
- ¿Cinco minutos es suficiente? Habla.
- Cuando llegué a La Oficina, el Agrónomo estaba completamente descuajeringado, yo no sé si se había metido un tiro de plata a lo Llanero Solitario pero lo vi tambaleándose, él se arrecostó a la paré de Oso Grasso, dio dos pasos pá delante y uno pa'trás; volvió a dar dos pasitos más pá delante y volvió a dar un pasito pa'trás. Miró pá La Oficina todo virolo, veía doble, todo a duque. Se agarró del poste, cerró los ojos mirando el cielo medio dormido y meó. Ya era de noche. Los mutantes y zombis merodeaban la esquina. Los apaches y las gallinas narices frías habían ocupado La Oficina, estaba full de llena, no había sitio pá sentarse. Las gallinas gritaban como si las estuvieran matando. El agrónomo estaba tomando racumín con Omberto del Boca, el veneno se lo había regalado El Padrino Tawa... Mozza le dijo algo y el agrónomo se agachó para recoger su Shiumura dos pasitas que estaba entre el murito y el jardincito; la Mozza le quiso patear la cara y perdió; el agrónomo le agarró la pata y ella se fue en caldo y se recontrasueleó, se sacó la connchasuumare; Cuchín recogió su racumín y se fue junto a los Marchenas.
- ¿A qué?
- ¡No sé!
- Los taradúpidos, el hijo del Riqui, el Chato Marlon Pitufo y el finado Arbertor, esperaron que se tomara otro sorbo de  Shiumura para sacarle la chochoca. Los otros fuguretis, toda la mancha crema, lo empezaron a gritar y a botar al agrónomo, él se defendió como los buenos pero era él solito contra todos los plumíferos que le hicieron carga montón, callejón oscuro, le rompieron los botones, el cierre… entonces el agrónomo se sacó su zapatazo chancabuque y se los tiró a ellos endiabladamente y la tabaza le cayó en la jeta a la Mozza. Le gritaron: ¡Cuchín, con la misma vara que mides serás medido! “¡Volveré y juro que los haréee pedazos! Respondió Cuchín. Después desapareció.
- ¡Carajo! ¡Para ser ciego eres bien sapo!
- ¡Pregúntale si quieres al ciego Aldito!
- ¿Y el ciego Miguel de las casitas blancas?
- ¡No vio nada… llegó tarzán!
- En la Comisaría quisieron arreglar con el Comanche pá que lo capturen y lo metan precioso y el jefecito no atracó. “¡A la Policía se le Respeta!”, les dijo. El jefe no quería manchar sus manos con un ripio. Vamos al Hotel o no hay arreglo, les propuso a las dos. La Mozza y la Katty no se ponían de acuerdo y empezaron a discutir. En el barrio Julyto sacó un bate pá romperle las costillas al gil de la Katty por atrevido. En la madrugada la Katty comenzó a pegar en las esquinas del barrio unos papelitos que había hecho en su computadora, empapeló todo el barrunto: “Se vuzca bibo oh muertho o biem shamkado al Hágromomo deL Diavlo @ Kushínn. Rekompemza: 001 poyada kon hadithibos i todo lo De maz. Rásom yomja del Oso serka A LaOffisina LAKKKTTTAAA”. Con el cuento de que tenían que reconstruirle el cacharro a su comadre, hicieron mil polladas donde se armaban unas orgías bacanales mismo Sodoma y Gamarra, Guatica y La Parada.
- Mira Carlitos ya pasaron los cinco minutos, yo no estoy para escuchar más cojudeces. ¡Adiós! ¡Que las luciérnagas te iluminen! ¡Espero que todo lo que me has chismoseado tenga alguito de verdad!
- ¡Por mi virgencita blanquiazul que todo es verdá! Pero la verdá es que el Agrónomo desapareció por el poto de los Andes. Así me dijeron.
- ¡Basta! ¡Ya no quiero escuchar más! ¡Chismoso de ... pacotilla!! ¡Nos vidrios!
- ¡Hey, suéltate un Sol pé... pá un pan! ¡Conshhhhhón!

Nicolás D. León Cadenillas.
Karlsruhe, Febrero, 2012.

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