Confesiones de Mané, el casi decente. NDLeón

Confesiones de Mané, el casi decente. NDLeón.
Dedicado a mi querido Gremio de Escritores del Perú.

La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír. George Orwell 

Después de una larga expedición por la costa, sierra y selva, opté por regresar a casita. En todo este tiempo de ausencia de la casa materna visité iglesias, ruinas y cruces de los pueblos más alejados de las ciudades capitales. Regresé a mi barrio querido esperando descansar física y mentalmente, hacer una pausa sabática, cargar energías y volver a viajar, en esta oportunidad a la bella ciudad de Cajamarca, me esperaba un contrato de película y yo esperaba el adelanto, pues, tenía fuertes dolores en los bolsillos, ya que estos no reconocían los nuevos soles de hoy en día.

En la esquina de la alameda palermitana, cambiando los últimos diez dólares que me alumbraban, me encontré con un viejo amigo, Mané, el gran arquero de fulbito macho. De jóvenes me malogró las mejores jugadas en el Mundialito de la Canchita de La Cuadrada. Fue una gran muralla, un bastión, máximo baluarte de los equipos que defendía.

-¿Maestro, cuándo has llegado?- me preguntó.
-Compadrito de mi corazón, hace una semana, estoy esperando mis pasajes para irme a Cajamarca, Celendín, Chota. La tierra de mis ancestros.
-Te acuerdas cuando les ganamos, yo pateé el penal.
-Si... de chiripa entró la bola, si me acuerdo. Un partidazo.
-Te invito un par de chelas.
-No, gracias, yo no tomo... chelas. Tomo ron o aguardiente- le recalqué.
-Yo paso. Tu hermano me regalo un libro tuyo. Está bacán. Tú sabes que yo leo todo comparito. Yo también cuento cuentos pero no escribo nada. Me los sé de memoria. Tengo un cuentito cortito bien trome, te lo cuento y tú lo escribes bonito.
-Aguanta el carro... espera, acá tengo una grabadorita... me costo un ferro en Mesa Redonda. Uno... dos... tres... probando... probando, probando... ya, habla...
-Hee... humm... ¿tá grabando, no?
-¡Háaablaa! Normal no más... como quien chelea...
-Había un pata... que mentía... yo le decía... no me interesa... no me interesa lo que tú hagas es tu vidú de tu vivir de tu vida... tú vives así... no me interesa... ¡Cuñao, con este aparatito me pongo nervioso! ¡Me trabo!
-¡Ya!- guardé la grabadora en mi bolsillo -ahora destrabate... ya no la vez, comienza del comienzo de su principio... je je je, éte güeva triste...
-La verdad... esa es la verdad... esa es la güevada. La cojudez... la cojudez es que... yo sé... él creía que yo no sabía... que era un secreto para todo el mundo...

Fueron varios los intentos hasta que por fin llegó al final de su historia.

-Cuando tenga tiempo lo corrijo y te lo mando. No te preocupes, Dios proveerá. Otro día yo te invito un par de chelas negras. Mis bendiciones mi querido amigo. Saludos para la familia- me despedí amicalmente con un fuerte abrazo.

Llegó el día que corregí el cuentito. No le vi gran cosa, sólo aprendí una gran cantidad de adjetivos que podía utilizar más adelante. Mis adjetivos son más groseros e hirientes, estos eran suaves y cariñosos. Cada uno tiene su estilo peculiar de decir las cosas. Chequeé nuevamente las faltas de ortografía y lo mandé virtualmente por facebook al muro.

"La siguiente historia fue narrada por Jesús Manuel Obrero Espinoza en el chismógrafo huarique 'El Trinche Marchena's'. Sentado, aturdido y abrumado por la duda, triste y sin fe, entre copas y copas de guarapos, chelas de cortesía, chicha en poto, chismes y groserías".

"Escuche hermano mío esta triste y horrible confesión...por mi madrecita esta es la verdad verdadera... esta es la güevadita. La cojudez es que yo sé algo que él creía que yo no sabía, que era un secreto para todo el mundo… pero yo ya lo sabía, aparte que la señora, la secreta amante confidente del profesor Patachín me dijo: –Jesumané, esto es así, asá… yo la he visto, la vi al pasar, la vi por la ventana, fue de casualidad… yo estaba parada en la entrada, quise hablar, mejor no –pensé, otra vez será, que otra vez será, tierno amanecer, sé que nunca más. Como olvidar aquel momento en que la vi- observé detenidamente a esa gordinflona chata cachetona levantarse la agenda, los fajos de billetes, la alcancía de lata del cajón del armario, todo metía en su carterón; revisar los cajones del ropero y palmear los almohadones, voltear los colchones-. ¿Quién es la cachetona? La esposa de ese vil ladrón, mentiroso, comisionista, difamador, choro, sinvergüenza, flojo de mierda, imbécil, timador, cabrón, corrupto, vendido, aprovechado, cara dura, falso, inútil, pesetero, arrastrado, maricón, estafador, vago de mierda, saqueador, oportunista, embaucador, tramposo... hijo de la gran puta…". "En el facebook todo el mundo escribe sus verdades… y la Monchi opinó -María Magdalena, tienes que hablar con el Marqués y la Gitana-… la cagó, nadie sabía quienes eran… se suponía quien era pero no se decía, la Monchi dijo nombres... largó toda la güevadita... y un montón de patas que yo no los conozco, allegados de él, se quedaron picones… para mí como las güevas… explicaciones le di a mi padrino Tawa, hablé con la Biblia en la mano y le aclaré -Nada es personal jefe, son sólo negocios-. El padrino, circunspecto me respondió -Cada hombre tiene su propio destino-. Me invitó escuchar Misa, accedí, subímos a su camionetón 4x4 y nos dirigimos più velocemente a la Santa Misa de Gallo en la Basílica Catedral a rezar por estas almas malditas del barrio".

"Los nombres y lugares han sido cambiados para proteger la identidad de sus verdaderos protagonistas."

Seguidamente arreglé mi maleta con ponchos, chullos, guantes, medias de lana, calzoncillos largos y más medias para estar listo para la gran retirada. Y gracias a Dios me retiré a tierras andinas lejanas.


Juntos en las heladas punas de los Andes peruanos.
El veterano actor victoriano Nicolás León y  el Santo Padre Francisco.

Pasó una semana, en el octavo día a las seis de la mañana mi hermano Jorge Francisco me comunicó por celular que había una pareja de vecinos que estaban ofendidísimos con el insulso e inofensivo cuento. Ellos se sentían aludidos por todo lo que decía el cuentito de fantasía. Llegué en menos de lo que canta un gallo, exactamente a las once de la noche. Efectivamente, una procesión familiar me esperaba en la puerta de mi residencia laboral. Una pareja de esposos, hijos, hijos políticos, sobrinos y sobrinas, vecinos no gratos, dos gatos y un perrito que ladraba insistentemente al compás de los gritos y alaridos de sus amos. Sin más preámbulos ni saludos por cortesía recibí fuertes adjetivos negativos.

-¿Oye güevón promiscuo de mierda, cuánto te ha pagado ese miserable para que escribas esas cojudeces?- me cuadró el jefe de la familia.
-¡Qué va a pagar ese muerto de hambre, no tiene ni donde caerse muerto!- gritó una jovencita de pelo pintado.
-Hermano, ante todo, buenas noches, yo recién he llegado de viaje, no sé nada de lo que tú estás hablando. Este mes no he escrito nada...
-¿Y lo qué está en el feisbú?
-No es mío, yo solo lo he corregido, yo no soy el relator, el inventor, el narrador. Ahí bien clarito dice: "La siguiente historia fue narrada por Jesús Manuel". Yo lo que hice fue grabar el cuento, lo grabé y lo pasé a WordPad y lo corregí, y lo mandé por facebook. El relator es otro; yo sólo soy el corrector, el corrector de estilo.
- ¿O sea que tú no sabes nada?- preguntó con los ojos desorbitados el lisuriento señor.
- Pero qué tengo que saber. Te vuelvo a repetir el cuento fue narrado por el narrador... y yo sólo he cumplido la función de transcriptor, no soy el escritor, soy el que ha tecleado las teclas del ordenador... el corrector de estilo. Por favor, entiende.
-¡No te hagas, tú eres vivo... bien vivo eres!- me gritó la dama.
- Por la Misericordia de Dios todos somos seres vivos... si todo este problema es virtual, escribe una respuesta virtual en Twitter o en Facebook, pega una respuesta en tu Muro y asunto arreglado. Como hacen los políticos y miles de personas hoy en día. "Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios".
-¿Qué cosa? ¿Qué cosa has dicho? ¿Hijo de Dios? ¡Faltoso eres... respeta... no te pases! ¡Eres vivo!
-Reflexionemos, no creo que estoy hablando mal. Nosotros somos seres vivos e inteligentes. No actuemos precipitadamente. Estamos discutiendo por tonterías. Pongamos a Francisco como testigo.
-¡Carajo, güevón, tu hermano va a salir a tu favor!
-Francisco, Nuestro Santo Padre y pongamos también a Nuestra Señora de Guadalupe y a Nuestra Señora de Las Victorias como testigos.
-¡Sube al carro! ¡Sube al carro!- sin respeto me tutearon a gritos.
-¿Para qué? ¿Qué tiene que ver el carro en este asunto? Por lo que he leído y mecanografiado no figura ningún nombre, ni un sobrenombre conocido. ¿Tú eres La Gitana?
-¡No!- respondió la incendiada dama.
-¿Alguna vez has robado?
-¡No! ¿Tú eres vivo, no?- gritó nuevamente muy enfadada la dama.
-¿Entonces, por qué estamos peleando, Dios Mío?- miré y pregunté tratando de poner calma -¿Tú eres uno de los adjetivos que dice el cuento?- pregunté al iracundo y exacerbado esposo.
-¿Eres gracioso, no? ¿No me digas que tú no sabías?- me respondieron con tono amenazador.
-¿Oye, tú te sientes aludido de qué, por qué?- sin alterarme pregunté para bajar los ánimos caldeados.
-¡Has puesto Marquézz!- me respondió con furia contenida el padre de familia.
-¿Y tú de cuándo acá eres Marqués? ¿Marqués de qué? ¡Carajo, ni yo, a mucha honra yo tengo el orgullo de ser Cajamarquéz. Yo tengo familia cajacho, shilica, chotana. ¡Oye, güevas triste, yo te conozco de párvulo, conozco muy bien tus nombres, tus apellidos y tu chaplín. ¡Tú no eres el protagonista del cuentito! ¿Qué tanto jodes? ¡El personaje en cuestión es ficción! ¡Aleluya!- pensé que acababa la discusión pero no, una vocecita siguió echando leña al fuego.
-A mi padrino le dicen ahora "Márquezz"- gritó la juvenil gringa al pomo.
-¡Será por Quezzz de queso! ¡No creo que sea por Marqués! ¡Ya basta, qué acabe esta cojudez!- respondí atosigado.
-¡Ese cojudo de Jesús Manuel está que habla y habla cojudeces!- replicó el señor malhumorado.
-¡Entonces, tú sabes el problema! ¿Qué pito compongo yo?
-¿Pero, tú no te me hagas el que no sabe?- me volvió a repreguntar el irascible esposo gritón.
-¡Abrevia las cosas, tú sabes donde vive, búscalo, conversa con él, habla, qué te explique la güevadita! ¡Cháncalo, y soluciona tus odios! Yo no sé nada. Yo he llegado de viaje. ¡Palabra de Dios!- retrocedí un paso, giré militarmente, di la espalda bruscamente e ingresé a mi local. Escuché más gritos, amenazas, lisuras, blasfemias; después de un cuarto de hora se hizo el silencio, por fin acabó la discusión.


"A pesar de tener las luces apagadas, distinguí detrás de las cortinas...
la silueta del chismoso cantautor"

En la densa oscuridad de la noche y a pesar de tener las luces apagadas, distinguí; detrás de las cortinas de las ventanas del segundo piso de la casa del frente; la silueta del chismoso cantautor Pochito Cabrera, acompañado no sé con quien, filmando el altercado. En la azote del mismo inmueble, camuflados entre de los adornos de navidad, detrás de Papá Noel, se habían atrincherado paparazzidamente, el Ángel y su hermano Mariano, y otros gallos más. Miré a las casas vecinas, izquierda y derecha, todos el barrunto se había ganado con el escandaloso rochezazo. -¡Qué vergüenza Dios Mío, Jesús, María y José Salomón os pido perdón!-

-¿Qué miran sapos de mierda?- a lo lejos se escuchó la aguda vocecita de la chatita de cabello oxigenado.

Para evitar problemas mayores y vivir en Paz con mi comunidad, pedí ayuda al señor... Secretario General del Gremio de Poetas.

"Señor Secretario General del Gremio de Poetas, Cuentistas y Cuenteros, colegas todos. Desconozco como funciona la parte Jurídica del Gremio. Quiero hacer una pregunta al aire. Bueno, me contaron una historia, una anécdota muy sencilla para que yo la pula y la devuelva bonita casi decente, no tan barrio como la están pasando de boca en boca. La grabamos, la transcribí, para mí era un cuento ficticio. Nosotros los artistas escuchamos y leemos todo lo que nos caiga. Pero... ahora aparece un señor con su señora, vecinos del barrio, a mi pesebre laboral, estos señores se han dado por aludido, me amenazan, me han gritado en la calle, me hacen bulla en mi trabajo, psicológicamente estoy mal, me perturban el sueño, tengo pesadillas, no puedo dormir, no puedo caminar tranquilo por las calles de mi querido barrio, no puedo salir de noche, ni hacer el mercado. ¿Qué hago? ¿Funciona el Departamento Jurídico del Gremio de Poetas? ¿Tengo que ir a la Comisaría a hacer una denuncia, necesito un abogado? Tengo que velar por mi salud, yo soy veterano escribidor, además que soy actor, modelo y pintor, no puedo estar lastimado físicamente, un golpe en la cara me malograría un contrato y no puedo trabajar hasta que desaparezca el ojo morado. Yo quiero que los amigos del Gremio de Poetas me den una respuesta; fehaciente, clara, concisa y concreta; para hacer un descarte o una severa denuncia. Muchas gracias compañeros del Arte Escrito.
¡Por la LIBERTAD de EXPRESIÓN! ¡SÍ a la PRENSA LIBRE!
¡ABAJO la LEY MORDAZA!

Hasta este momento no he recibido respuesta alguna, me inquieta y preocupa la tardanza. ¿Seguirá funcionando en nuestro barrunto, la hora Cabana?

Nicolás D. León Cadenillas
Lima, 2014.

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