La negra del burdel. NDLeón

La negra del burdel. NDLeón.
 ¿Y por qué, no?

Cuando murió el maestro Leonardo Favio ídolo de mi generación sentí una gran pena, a la distancia fue un gran amigo como si lo hubiera conocido en persona. Escuché sus discos y me percaté que yo también tenía una experiencia de cabaret. Leonardo tenía su Rubia del Cabaret y mi experiencia fue con la Negra del Burdel.

Traté de recordar esa linda experiencia y recordé las veces que nos cruzamos en el camino. Por ases del destino llegó por mi barrio y mantuvimos en silencio el amoroso secreto.

Con mi tío Fernando Alfonso, mayor que yo por tres años nada más, nos habíamos ido en su motoneta Vespa modelo 150S a la playa de Agua Dulce, yo iba bien agarrado sin casco; en esa época no se usaba ni era obligatorio; tampoco llevamos toalla ni bronceador. Jodiendo un rato, chapaleando por el mar otro tanto y cuando el sol recontraquemaba decidimos regresar a casa. Me tocó manejar. Manejé con cautela. Llegando a mi rico BalconCity, mi tío me gritó en la oreja.

- ¿Vámos a putear, quieres ir o te dejo en tu casa?
- ¡Ónde las putas!!
- ¿Adónde? México o Huatica?

Me dirigió el camino que yo también conocía. Llegamos al burdel, yo nunca había entrado al susodicho condominio. Con mi pinta de jovenzuelo no sabía que hacer. El portero un negro gigantón tapaba la visibilidad del portón. Con una propina sonrió y me dejó pasar. Mi tío lo palmeó, le dijo – una cosa rápida no más y salimos-. El portero contesto -otro día no traigas pichones, güevón-.

Caminamos por el callenjoncito pobre y sórdido del prostíbulo, mirando a las damas y señoras, ninguna me llamaba la atención, fui y regresé varias veces. -Mejor nos vamos- le dije a mi tío. Cuando salíamos una de las puerta se abrió y ahí estaba lo que buscaba. Una diosa de ébano, más alta que yo. Con calzón y sostén rojo. Rojo los zapatos de tacón alto y rojo sus labios color rubí de rojo carmesí.

- ¿Te gusta?
- Sí, paga, yo entro acá- me despedí turbado.
- Atiéndolo bien a mi sobrino con cariño. Está pitito- dijo mí tiíto.

Me saqué mi pantalón corto y mi polo de escolar, y las zapatillas llenas de arena. La diosa de ébano se acomodó en la cama sin sacarse el sostén ni los zapatitos rojos.

- ¡Playa, puta y raspadilla, qué bonito día!- cantó la diosa.

De los nervios no pasaba nada. Ella sonrió, carcajeó, le dio un piquito y funcionó.

- Yo no doy besitos a nadie pero como tú eres pollito, que bonito- me dijo ven y me hizo el amor -te acordarás de mí toda tu vida- sentenció.

Qué lindo fue, qué lindo fue.

Pasaron varios, años, unos diez, la diosa de ébano caminaba por mi barrio. La miré y dicho y hecho exactamente me acordé de ella. Se dio cuenta de mi intrusa mirada inoportuna y sinvergüenza.

- ¿Que michi miras, tengo monos en la cara?
- No, yo la conozco, usted fue mi primera enamorada de verdá en carne y cuerpo cuando yo era pipiolo- le dije bien despacito sólo para ella. Frunció el ceño, pensó, me miró en complicidad y con una sonrisita me pidió mi opinión.
- ¿Y... te gustó?- moví la cabeza haciendo la señal del si -guarda el secreto que quede entre nosotros dos. Estoy plantada, mi esposo subió un gradito más y con los muertos y heridos fácil alcanza. Ahora soy ama de casa. ¿Vives por acá?
- Si, vivo en unos de los pasajes del rico Parque Miguel Dasso- me miró y se despidió.

Siguió pasando el tiempo y la encontré llorosa y demacrada, se le veía como una antigua diosa de ébano en picada, conservaba la dulce sonrisa de enamorada.

- ¿Qué te pasa, estás sufriendo de castigo?
- Lloro de pica de rabia y de pena. Mi esposo ahora que es comandante me dejó al abandono. Se ha ido de la casa con una vecina cualquiera. Miserable de mierda. Putié por él y ahora el pago que me da. Sólo me quedan mis hijos...

Lo poco que sé es que la hermosa negra del famoso burdel tampoco tuvo suerte con sus hijos, tanto sacrificio y por culpa de ellos, la mencionan sin piedad. Hijos de la güayaba completamente distanciados del amor de la Virgen de Nuestra Señora de las Victorias. El hijito mayor, siguió los pasos del solterón Rafael Rey Rey al Opus Dei; el otro se convirtió en un despiadado otorongo mentiroso búfalo compañero traidor apro-fujimorista-montesinista; y el último, recomendado por Manuel Burga, peseteando se vendió por un ripio pío pío al cremoso plumífero clú.

Estos hijos dé... se cambiaron de barrio para evitar la solidaria miraba de nuestro Santo Patrón el Señor de los Milagros de La Victoria Corazón.

Niky León K'Dnias.
Karlsruhe, Dic/2012.

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