Caminos del Inca. Nicolás León.

Caminos del Inca. Nicolás León.
Dedicado a Freddy Mosca & MOSCA’S Racing Factory.

En una oportunidad nos pasaron el yaraví que nuestra estrella del volante del Circuito Turismo Competición, Freddy Mosca, participaría en el “Gran Premio Nacional de Carreteras Caminos del Inca”. Sacando la raíz cuadrada y cálculo matemático, creo que fue por los años ’70.
 

Don Freddy Mosca Osorio.

En la algarabía nos quisimos trepar al bus que habían alquilado los fans de Freddy, sus emblemáticos ítalopaisanos de la famosa “Colonia USA Motors”. Nos pelamos, con tanta gente el bus quedó chicote de cabo a rabo.

-¿Oe, esa gallada son norteamericanos?
- No.
-Entonces ¿por qué les dicen Colonia USA?
-“Colonia de la Unión de Serranos Arequipeños”.

Los jóvenes nos agenciamos una combi. Teníamos que salir en la noche para encontrar buena ubicación en las alturas con vista a la carretera. El Ciego Aldo pasó la voz que arriba hacía un frío terrorífico, que llevemos buenas casacas, chullos, chompas gruesas y algo más.

Frente al Taller MOSCA'S cuadramos la combi. Nos acomodamos de acuerdo a las circunstancias. En la caña, yo. Copilotos, los Compadres Queridos, el Loco Manuel y el doctor  Miguel Chulapa. En la parte trasera, poniendo disciplina, el Ciego Aldo; Gonsha Simón, el Pavo Eduardo, el Psicodélico Paco, el Chato Rena, el Ciego Carlitos y diez jóvenes marimberos más. Cada uno con su mochila, dos botellas de licor y una galletita de soda. Uno que otro llevaba una latita de atún.

Agarramos Carretera Central y le metí fierro a fondo a la carrandanga, de fresa hasta San Mateo de Huánchor donde se divisaba mejor cada accionar de cada bólido. Después de varias horas llegamos al destino. Estacionamos la combi asesina en un lugar seguro y tiramos pata cuesta arriba como hora y media. El Ciego Aldo reconoció el lugar.

-¡Acá es! ¡Acá! ¡De acá se ve bien bacán los derrapes, las curvas y contra curvas, subidas y bajadas, picadas y sacadas de mierda!- nos informó como erudito en la materia el Cieguito Aldo.

Llegamos trapazos al Mirador. Nos tiramos patas arriba a un costado del precipicio. Colocamos nuestras banderas e hicimos nuestro precario asentamiento campestre.

-Es la primera y última vez que vengo a ver una cojuda carrera de autos. ¡Pá’cojudos los bomberos!
-“No te rindas por favor no cedas, aunque el frio queme, aunque el miedo muerda”- recitó el Loco Manuel.
-“Aunque el sol se ponga y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque esta es la hora y el mejor momento- ¿compadre que sigue?… ah, ya…- porque no estás solo, porque yo te quiero.”- Chulapita ayudó al improvisado declamador.
-¡Puta! Con esas voces pobrecito el maestro Mario Benedetti.

Había luna llena que nos iluminaba alegre y risueña. De sopetón un frío que nos atormentó. Más tardecito nos sacudió un frío del carajo. Nos pusimos encima todo el ropero. Nos acurrucamos entre nosotros, mismo pan con pesca’o sacando manteca. Chulapa abrió la primera botella de whisky, tomó un buen sorbo sin respirar y a pico limpio la acabamos ipso facto. El frío recrudeció, otra botella de whisky. Abrieron un vodka, luego un ron, otro ron y nos pusimos a tono. Prendimos unos cuantos cigarrillos. Siguió el frío de miércoles, continuamos con otra botella de aguardiente. Pasaba la noche al compás que pasaban las botellitas de alcohol que contrarrestaban el frío de mierda que quemaba. Por cansancio nos quedamos dormidos. Y para nuestra desgracia al toque apareció el sol y el gringo nos achicharró en minutos. Nos desvestimos, algunos quedamos en paños menores, otros en shorts, biviríes, gorrito o pañuelo en la cabeza. Por radio transistor portátil nos enteramos que faltaban dos horas para que pasen los autos por nuestra zona.
 
 
 

En el extremo de nuestro Mirador, a cien metros de distancia, llegó otro grupo de jóvenes cantando canciones de misa. El Ciego Carlitos, sapo urbano  profesional, nos dio el talán que esa collera eran colegiales.

Los varoncitos rápidamente armaron una parrilla, prendieron fuego al carbón, de sus mochilas sacaban kilos de carne, chorizos, salchichas. Las damas ceremoniosamente arreglaron el espacio, extendieron una gran tela que les servía como mantel, colocaron tres botellitas de vino, una canasta de panes y en el centro la Santa Biblia Católica.

Por nuestro lado no teníamos físico, nadie miraba nada, estábamos heridazos, agonizando o muertos. Como diría el Chato Rena -¡Hasta las güevas!- Sudosos, con sed de sed, ninguno de nosotros había traído agua. Toda nuestra guarnición era sólo alcohol.

El Doctor Chulapa tomó la iniciativa, se acercó al Grupo Juvenil y pidió agua. Los colegiales excursionistas habían perdido el brillo, estaban amarillos o blancos, sentados como zombis. Un par de jovencitas aferrándose a un arbusto vomitaron delante del doctor Chulapín. El guía le alcanzó un botellón de agua bendita y vasos de plástico. De paso le susurró.

-Si quieren comer, coman hermanos. Estamos mal. Nos vamos, regresamos a la carretera. Bajamos ahorita.

Chulapa de un silbido llamó a la tropa. El primero que se acercó fue su compadre, el Loco Mané; luego el depredador Carlitos, el Ciego. Al final, todos nos abalanzamos como jauría de mutantes hambrientos.

-¡Desayuno gratis!- gritamos en mancha.

Las botellas de Misa de la Sangre del Señor quedaron chicomas. El Pavo Eduardo encontró una canastita con hostias, se las comió solo sin invitar a nadie. En diez minutos no quedó rastro de comida. Sacudimos los carbones de la parrilla, doblamos la tela dentro de la canasta, y agradecimos como buenos hijos de Jesucristo.

-¡Alabado sea el Señor! ¡Chochera, todo está consumado, hermano bueno, muchas gracias! ¡Vayan con Dios y con cuidado!

Abrimos otra botella de licor para bajar la grasita. Nos acomodamos en el Mirador del Precipicio. Quietitos miramos la carrera de autos, algunos hicieron siesta, abrimos otra botella. El Ciego Aldo encontró la Biblia, arrancó la última hoja, todos alegremente nos miramos en complicidad. Los autos corrían a grandes velocidades en fila india, uno tras otro, por momentos la tierra hecha polvo no dejaba ver el gran espectáculo. Cuando divisamos el carro de Freddy Mosca festejamos como locos, abrimos la última botellita que nos iluminaba para celebrar.

Terminó la carrera descansamos no sé cuánto tiempo. Nuevamente llegó la noche. Bajamos con traspiés y dificultad. Alegres llegamos a nuestra combi, nos desparramamos unos sobre otros. En el más completo silencio pero muy lindos, hermosos y rosaditos llegamos a Lima como si la mano de Dios se hubiera posado entre nosotros.
 
 
Freddy Mosca y Nicolás León, vecinos emblemáticos de la Urb. Balconcillo. La Victoria.

Freddy Mosca, El As de BalconCity, en esa memorable carrera no campeonó pero nos llenó de gran satisfacción.

Todo ese manchón que fuimos a aplaudirlo somos sus vecinos de antaño y por más que no nos deja dormir con todo ese escándalo de tantos ruidos de competitivos motores aguerridos, nosotros con nuestros silencios siempre estaremos apoyándolo hasta la recta final.

Nicolás D. León Cadenillas
Lima, 2014.

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