Caminos del Inca. Nicolás León.

Caminos del Inca. Nicolás León.
Dedicado a Freddy Mosca & MOSCA’S Racing Factory.

En una oportunidad nos pasaron el yaraví que nuestra estrella del volante del Circuito Turismo Competición, Freddy Mosca, participaría en el “Gran Premio Nacional de Carreteras Caminos del Inca”. Sacando la raíz cuadrada y cálculo matemático, creo que fue por los años ’70.
 

Don Freddy Mosca Osorio.

En la algarabía nos quisimos trepar al bus que habían alquilado los fans de Freddy, sus emblemáticos ítalopaisanos de la famosa “Colonia USA Motors”. Nos pelamos, con tanta gente el bus quedó chicote de cabo a rabo.

-¿Oe, esa gallada son norteamericanos?
- No.
-Entonces ¿por qué les dicen Colonia USA?
-“Colonia de la Unión de Serranos Arequipeños”.

Los jóvenes nos agenciamos una combi. Teníamos que salir en la noche para encontrar buena ubicación en las alturas con vista a la carretera. El Ciego Aldo pasó la voz que arriba hacía un frío terrorífico, que llevemos buenas casacas, chullos, chompas gruesas y algo más.

Frente al Taller MOSCA'S cuadramos la combi. Nos acomodamos de acuerdo a las circunstancias. En la caña, yo. Copilotos, los Compadres Queridos, el Loco Manuel y el doctor  Miguel Chulapa. En la parte trasera, poniendo disciplina, el Ciego Aldo; Gonsha Simón, el Pavo Eduardo, el Psicodélico Paco, el Chato Rena, el Ciego Carlitos y diez jóvenes marimberos más. Cada uno con su mochila, dos botellas de licor y una galletita de soda. Uno que otro llevaba una latita de atún.

Agarramos Carretera Central y le metí fierro a fondo a la carrandanga, de fresa hasta San Mateo de Huánchor donde se divisaba mejor cada accionar de cada bólido. Después de varias horas llegamos al destino. Estacionamos la combi asesina en un lugar seguro y tiramos pata cuesta arriba como hora y media. El Ciego Aldo reconoció el lugar.

-¡Acá es! ¡Acá! ¡De acá se ve bien bacán los derrapes, las curvas y contra curvas, subidas y bajadas, picadas y sacadas de mierda!- nos informó como erudito en la materia el Cieguito Aldo.

Llegamos trapazos al Mirador. Nos tiramos patas arriba a un costado del precipicio. Colocamos nuestras banderas e hicimos nuestro precario asentamiento campestre.

-Es la primera y última vez que vengo a ver una cojuda carrera de autos. ¡Pá’cojudos los bomberos!
-“No te rindas por favor no cedas, aunque el frio queme, aunque el miedo muerda”- recitó el Loco Manuel.
-“Aunque el sol se ponga y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque esta es la hora y el mejor momento- ¿compadre que sigue?… ah, ya…- porque no estás solo, porque yo te quiero.”- Chulapita ayudó al improvisado declamador.
-¡Puta! Con esas voces pobrecito el maestro Mario Benedetti.

Había luna llena que nos iluminaba alegre y risueña. De sopetón un frío que nos atormentó. Más tardecito nos sacudió un frío del carajo. Nos pusimos encima todo el ropero. Nos acurrucamos entre nosotros, mismo pan con pesca’o sacando manteca. Chulapa abrió la primera botella de whisky, tomó un buen sorbo sin respirar y a pico limpio la acabamos ipso facto. El frío recrudeció, otra botella de whisky. Abrieron un vodka, luego un ron, otro ron y nos pusimos a tono. Prendimos unos cuantos cigarrillos. Siguió el frío de miércoles, continuamos con otra botella de aguardiente. Pasaba la noche al compás que pasaban las botellitas de alcohol que contrarrestaban el frío de mierda que quemaba. Por cansancio nos quedamos dormidos. Y para nuestra desgracia al toque apareció el sol y el gringo nos achicharró en minutos. Nos desvestimos, algunos quedamos en paños menores, otros en shorts, biviríes, gorrito o pañuelo en la cabeza. Por radio transistor portátil nos enteramos que faltaban dos horas para que pasen los autos por nuestra zona.
 
 
 

En el extremo de nuestro Mirador, a cien metros de distancia, llegó otro grupo de jóvenes cantando canciones de misa. El Ciego Carlitos, sapo urbano  profesional, nos dio el talán que esa collera eran colegiales.

Los varoncitos rápidamente armaron una parrilla, prendieron fuego al carbón, de sus mochilas sacaban kilos de carne, chorizos, salchichas. Las damas ceremoniosamente arreglaron el espacio, extendieron una gran tela que les servía como mantel, colocaron tres botellitas de vino, una canasta de panes y en el centro la Santa Biblia Católica.

Por nuestro lado no teníamos físico, nadie miraba nada, estábamos heridazos, agonizando o muertos. Como diría el Chato Rena -¡Hasta las güevas!- Sudosos, con sed de sed, ninguno de nosotros había traído agua. Toda nuestra guarnición era sólo alcohol.

El Doctor Chulapa tomó la iniciativa, se acercó al Grupo Juvenil y pidió agua. Los colegiales excursionistas habían perdido el brillo, estaban amarillos o blancos, sentados como zombis. Un par de jovencitas aferrándose a un arbusto vomitaron delante del doctor Chulapín. El guía le alcanzó un botellón de agua bendita y vasos de plástico. De paso le susurró.

-Si quieren comer, coman hermanos. Estamos mal. Nos vamos, regresamos a la carretera. Bajamos ahorita.

Chulapa de un silbido llamó a la tropa. El primero que se acercó fue su compadre, el Loco Mané; luego el depredador Carlitos, el Ciego. Al final, todos nos abalanzamos como jauría de mutantes hambrientos.

-¡Desayuno gratis!- gritamos en mancha.

Las botellas de Misa de la Sangre del Señor quedaron chicomas. El Pavo Eduardo encontró una canastita con hostias, se las comió solo sin invitar a nadie. En diez minutos no quedó rastro de comida. Sacudimos los carbones de la parrilla, doblamos la tela dentro de la canasta, y agradecimos como buenos hijos de Jesucristo.

-¡Alabado sea el Señor! ¡Chochera, todo está consumado, hermano bueno, muchas gracias! ¡Vayan con Dios y con cuidado!

Abrimos otra botella de licor para bajar la grasita. Nos acomodamos en el Mirador del Precipicio. Quietitos miramos la carrera de autos, algunos hicieron siesta, abrimos otra botella. El Ciego Aldo encontró la Biblia, arrancó la última hoja, todos alegremente nos miramos en complicidad. Los autos corrían a grandes velocidades en fila india, uno tras otro, por momentos la tierra hecha polvo no dejaba ver el gran espectáculo. Cuando divisamos el carro de Freddy Mosca festejamos como locos, abrimos la última botellita que nos iluminaba para celebrar.

Terminó la carrera descansamos no sé cuánto tiempo. Nuevamente llegó la noche. Bajamos con traspiés y dificultad. Alegres llegamos a nuestra combi, nos desparramamos unos sobre otros. En el más completo silencio pero muy lindos, hermosos y rosaditos llegamos a Lima como si la mano de Dios se hubiera posado entre nosotros.
 
 
Freddy Mosca y Nicolás León, vecinos emblemáticos de la Urb. Balconcillo. La Victoria.

Freddy Mosca, El As de BalconCity, en esa memorable carrera no campeonó pero nos llenó de gran satisfacción.

Todo ese manchón que fuimos a aplaudirlo somos sus vecinos de antaño y por más que no nos deja dormir con todo ese escándalo de tantos ruidos de competitivos motores aguerridos, nosotros con nuestros silencios siempre estaremos apoyándolo hasta la recta final.

Nicolás D. León Cadenillas
Lima, 2014.

Ángeles en el Ángel. NDleón.

Ángeles en el Ángel. NDleón.
"Es triste ver como alguien que alguna vez estuvo tan cerca de ti, puede llegar a ser un total extraño".

De sorpresa, visité a mi padre, le caí un día cualquiera para que no se sorprendiera de mi ingrata estampa noctámbula. Yo sé que soy ingrato pero me fastidia que me lo haga recordar. Me paré frente a su nicho, me miró, nos miramos, y mudos iniciamos una breve conversación.

- ¡Esos claveles de cinco por un sol están hasta las caiguas, no van a ver el nuevo amanecer! 
- ¡Cinco por un sol cincuenta!
- ¿Qué bicho te picó?
- Estoy buscando el santo sepulcro de un amigo, en el barrio le hicieron su misa y no me invitaron... quiero dejarle un clavel y prender una vela… rezarle una canción hablada o uno de mis poemas cantados… estoy dolido, mi ángel de la guarda me ha contado que a Moché en vida lo cagaron, un amigo “su hermano” – así le decía él- lo cerró y se banqueteó con su plata y pertenencias… ¿Por qué hermanos humanos no nos podemos dar la mano?

Sentí un silencio frígido. Me di una vuelta por el "Pabellón de los Santos Inocentes". Busqué al señor que ordena las flores trepando en su frágil y antigua escalera de madera. En vano fue la búsqueda, no lo encontré.

El Ángel, el Cementerio General de El Ángel, presentaba un ambiente sórdido, lúgubre, fúnebre; sin vida, por no decir tétrico, no había ambulantes ni guardianes. Las visitan eran cortas a paso ligero. En el horizonte las nubes negras y densas coronaban el plomizo panorama. Los pocos parroquianos en minutos desaparecieron huyendo de los goterones que caían del cielo. Para ser verano llovía más fuerte que en invierno.

Los ínfimos rayos de luz desaparecían en gradación, me dirigí a la salida caminando por la pista central. Llegué al portón.  No había ningún vigilante en la caseta. Miré hasta donde alcanzaba mi vista, ninguna  alma en pena flotaba por los corredores. Súbitamente se escuchó un estruendo en el cielo y del estruendo escuché una perfecta voz de tenor dramático que me llamó desde el otro lado de la berma. Y sin que se abriese el portón, una imagen con aureola se apareció. Era una imagen blanquísima de luz que despedía destellos cargados de fuego, luz y fuego frente a mis miopes y cansados ojos, distinguí con esfuerzo que la imagen llevaba una espada de guerrero y una mirada de arcabuz.

- ¿Quién eres? –le pregunté a raja tabla con voz altisonante- Disculpa mi ignorancia pero no te he visto en ninguna estampita, no te conozco bacalao… ¿Quién eres tú? Por un momento pensé que eras mi papá…
- Sé que eres medio bestia, no te preocupéis… ¡Soy el que soy… soyyy, San Mané Arcángel… y no hay nadie como yo!
- ¿Y?... Aaah, ayer soñé que ganaba siete mil dólares… ¿Has venido para anunciarme el número premiado?
- ¡Estás grandecito para creer cojudeces! Tu padre me ha chismeado un chisme de camarín. ¡Y, qué casualidad! La verdad es para que te asombres, siempre yo apoyé a Moché en las buenas y en las malas y en mis brazos al paraíso se marchó. Su mal amigo, el Cruel Venenoso, lo rebuscó y rebuscó, y no paró hasta que encontró la sagrada agenda donde Moché tenía guardada las claves, los dólares americanos, el premio del pandero y su Tarjeta Ripley Dorada. Venenoso, se levantó la computadora, el equipo estéreo y le faltó tiempo y maña para levantarse la lavadora. Se agarró el dinero del funeral y se fue a pasear por los exóticos Restaurantes Campestres de Cieneguilla hasta Ventanilla.
- Por favor a mí no me cuentes nada, yo no quiero problemas ¿por qué mejor no llegas al barrio y explicas todo a todos?
- Cada vez que Moché pedía su mercadería, su plata y su pan, él le negaba el pan y el agua, pero ají eso sí le daba. Subía y bajaba las largas escalerillas, iba y venía sin razón aparente, el muy vivo se hacía el ocupado, y al final por aburrimiento no entregaba la merca ni la valiosa mercadería.
- ¿Quién es él? Menciona el nombre, por favor. ¿Quién es Venenoso? Dios Mío, líbrame de este martirio. Yo no quiero problemas, yo ya no confío en nadie.
- Mejor, porque ese es un ilegal, tiene malas juntas y chismea a la mala. Tienes que tener mucho cuidado. Es sanguijuela y sangrón y muerde la mano de su patrón. Venenoso como él solo. Sí se muerde, se muere.
- Yo quiero vivir tranquilo… sin líos, sin problemas, sin que nadie pregunte por mí a mis espaldas… ni golpeen a martillazos en las anochecidas noches el portón de mi laburo…
- ¡Fácil, muy fácil! Todo tiene solución. ¡Múdate del barrio y lograrás vivir en Paz!
- ¡Tú tás loco! Y mi mancha de la Esquina de La Oficina, mi Comando Sur, mi barrio blanquiazul.
- ¡El que quiere celeste que le cueste!
- ¿Quéee, en el cielo no hay otro color? ¡Ese color de pacotilla me enferma!
- ¡El Moché fue Celeste hasta el tuétano! ¡No me jorobéis!

Sonó un silbato. Escuché los pasos de un trío de hombres, dos se detuvieron. Se acercó el guardián sin decir palabra alguna. Olía a aguardiente de caña y a tabaco, se protegía de la lluvia con una gran capa negra de hule, abrió el candado, desenroscó la cadena del portón, me dio pase, salí y rápidamente desaparecí.



Regresé al barrio, busqué a quien contar lo sucedido, esperé y me acomodé en la esquina, pedí un aguardiente de caña… tomé una copita. De los nervios me dio ganas de hacer pipí, caminé media cuadra hasta llegar al arbolito enclenque… miré el cielo mientras me abría la bragueta, y nuevamente se me apareció una luz incandescente de baja revoluciones, ahora si distinguí claramente, tintineando, a un angelito chaparrito, de pelo cortito y canoso, ojos redonditos. Vestido con blanquito uniforme de chef bajito y enormes zapatillas chillonas celestonas.

- ¡Doctor Chapatín!- le dije en broma.
- ¡Oe, güevas tristes! ¡Soy Moché!
- Eso quise decir. Ya sé.
- Sólo he venido a decirte una sola cosa: "Lo que te dijo San Mané Arcángel, es la purita verdá". Y ahora chausito, no he pedido permiso, me he escapáo del Edén, me voy rápidito para que no me caiga roche. Chao. Te estoy vigilando desde las nubes. Sigue portándote bien y no la caguéis… otra vez.
- ¿Dónde te puedo dejar flores?
- ¿Dónde más? ¡En tu corazón! Mi querido güevón.

Y entre trago y trago, y saludos de los buenos vecinos, me di cuenta que no todo es malo en esta vida. Que estamos rodeados de muchísima gente buena, de muchísima gente hermana. Y gracias a los consejos de Francisco -hijo predilecto de San Lorenzo de Almagro F.C.- ha llegado el momento de unirnos, hermanarnos y hacer oídos sordos a tantas palabras absurdas e insanas. He dicho. Amén.

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014.

LEJANA. NDLeón.

LEJANA
 
Mil veces prefiero
escucharte decir no.
Que escuchar
un mudo silencio.
Me entristece
mirar tus ojos
que no dicen nada.
Lloro al sentir
tu alma lejana.
Muero verte partir
cuando estás
junto a mi.
 
Nicolás D. León Cadenillas
Lima, 2014.

NADIE. NDLeón.

NADIE. NDLeón.

NADIE

Recalco las huellas.
De mis primeros pasos.
De vivir sobreviviendo.
Caminando el camino.

Aprendiendo que,
En este frío infierno.
Lleno de vacío.
De dolor indoloro.
De alegría insulsa.
De victorias frustradas.
De promesas incumplidas.
De amores no correspondidos.
De enemigos buenos.
De amigos malos.
De envidiosos.

Caminando el camino.
Aprendo que,
 Todos somos iguales.
Nadie es más que nadie.

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014.

Chamba es chamba

Chamba es chamba
Para los trabajadores, obreros, artesanos y artistas.

Había llegado la hora cero, conseguir un trabajo estable. Con ayuda de San Judas Tadeo -"San Judas Tadeo, intercesor en todo problema difícil, complicado o imposible, consígueme una "chambita" cualquier chambita, chamba es chamba, para que me realice como ser humano viviente y pagar mis deudas a mis deudores, Amén- pasé la entrevista raspando, me dieron una fecha para que demuestre mis experimentados conocimientos en la planta de embalaje de la gran compañía de cosméticos, accesorios de belleza, pinturas al óleo, y no sé que más. El pago, seis euros la hora (6€ Uhr).

Llegó el día - Martes 13 / 07:00 AM. - a pesar que la nieve me llegaba sobre las rodillas, llegué a la hora exacta, mismo alemán, entré al complejo, en recepción el encargado me esperaba, me señaló el camino que debía tomar.

- Pasadizo izquierda hasta la pared roja. Subir al quinto piso por el ascensor Cé del centro de la izquierda. Derecha de frente hasta la reja, seguir de frente, pasar el control automático, seguir el camino amarillo con flechas amarillas en el piso, no detenerse, seguir las flechas y los cartelitos... , etc. ¡Suerte!

El edificio era interminable. Camine que te camine, no había cuando llegar hasta que por fin llegué al final del caminito. -"Caminito cubierto de cardos, la mano del tiempo tu huella borró. Yo a tu lado quisiera caer y que el tiempo nos mate a los dos"-. Me detuve frente a una gran puerta azul de metal. Toqué el timbre. Encima del timbre había un cartel; lo leí y lo traduje después de haber tocado el timbre, decía: ¡Tocar Timbre! No escuché nada. Luego de un par de minutos automáticamente se abrió el portón, pasé, y el portón se cerró al instante. El caminito seguía y terminaba en la puerta de una oficina, eran los últimos cien metros, caminando seriamente repasaba en la más completa concentración todas las palabras y oraciones que podía acordarme de las novecientas horas de aprendizaje del curso de idioma alemán; caminé entre máquinas, enormes cajas de cartón, grúas y autoelevadores, andamios repletos de mercadería, enormes bobinas de plástico, rollos de papel; llegué a la puerta de la oficina, busqué a alguien con los ojos bien abiertos y antes que pronunciara mi saludo un empleado me preguntó:

- ¿Herr Leon?

Moví la cabeza afirmativamente. Se puso de pie, salió de la oficina, me hizo un ademán que lo siguiera, y me llevó al lugar de los hechos en silencio, cruzó dos palabras con una señora de modales asargentados; indiscutiblemente ella era la jefa; con una seña me ubicó en el extremo de una de las largas mesas, en cada mesa trabajaban diez personas completamente zambullidos en el más completo silencio. Leí mentalmente las dos únicas palabras grabadas en un gran póster que tenía la imagen de una enfermera con el dedito índice de la mano izquierda en el centro de sus labios de rubi de rojo carmesi.

- ¡Prohibido hablar!


La jefa en cuestión se dirigió a mí utilizando una sola palabra, después me explicó todo con gestos y mimo:

- ¡Míre!

Y así empezó mi chamba contra el tiempo. Consistía en alimentar a los demás como si fuera una banda sin fin. De una gran cajototota que contenía tres cajas grandotas, y estas a su vez contenían cajas del tamaño de cajas de zapatos; la jefa y su asistente me alcanzaron las primeras diez cajas; cinco color marrón oscuro y cinco marrón claro. Mi chamba consistía en abrir las cajas, sacar unas cajas pequeñas y de ahí otras cajitas más pequeñitas; abrirlas con mucho cuidado y sacar el contenido: un lápiz de cejas y por otro lado un colorete. Todas las cajas abiertas tirarlas a una caja grandota de basura de metro ochenta de alto ubicada en mi espalda; los lápices acomodarlos en una caja colocada a mi izquierda y los coloretes en otra caja de color a mi derecha. Las demás personas unían con una finita cinta transparente Scotch, un lápiz y un colorete, y los introducían en otras cajitas de colores con el nombre de la empresa y después a otras cajas más grandes y hacían el montón en una parihuela de un metro cuadrado aproximadamente. Todo esto en el más completo silencio. Recontra mudos. Conforme pasaba la primera hora estuvimos rodeados de cajas, se cumplió la primera hora exacta, y como arte de magia aparecio un mastodonte con un autoelevador/patito, y en menos de lo que canta un gallo se llevó todo el material desapareciendo detrás de unas rejas automáticas. Pasó otra hora, igualita la jarana. Para pedir el material que faltaba, levantaba el brazo derecho o el izquierdo, según el producto. No hablaba. La asistente miraba las cajitas de recepción y me traía nuevamente cinco cajas de lo que faltaba. Se cumplió las cuatro horas del turno. Acabó todo, cerramos todo. Un paso al costado, la jefa nos chequeó con la mirada, contó los productos al ojo; en una tarjetita rosada puso mi apellido y un Visto Bueno: "Gut", en cristiano significa: "Bueno". Me entregó una tarjetita y me mandó a la oficina del segundo piso donde la Frau Tochter Des Teufels. Me hice presente, recibieron la tarjeta. -"El lunes lo llamamos"-, me dijeron.

Esperé la llamada todo el día lunes, el martes, el miércoles, todos los días del resto de la semana; llegó otro lunes. Tomé la iniciativa. Llamé a la oficina de la señora Tochter Des Teufels. Volví a llamar. Y volví a llamar. En la quinta llamada me contestaron.

- Tenga la amabilidad de volver a llamar a las cuatro de la tarde para que hable directamente con la Gerente de Recursos Humanos y Personal, la señora Tochter Des Teufels. Adí.

A las cuatro de la tarde o'clock llamé, sonó el timbre un montón de veces, una voz grabada me decía cualquier cosa ininteligible y de sopetón escuché la voz campanuda de la gerente de personal.

- Herr Leon, debido a su poco conocimiento del idioma alemán no podemos contratarlo. Gracias.
- ¿Y las cuatro horas de trabajo? ¿Cómo hacemos?
- Será para otra oportunidad. Clic.

Me metieron la yuca, nunca más me contestaron una llamada. Vetaron mi nombre.

Comprando un clavel rojo, me acordé del Secretario de Prensa y Propaganda del Buró Textil del Comité Central, señor Don Nikko León. Que por los años sesenta del siglo pasado, repetía y les machacaba la lección a los jóvenes obreros de las Fábricas, Confecciones Inca Cotton y Tejidos La Bellota.

- "La Plusvalía es el trabajo realizado no pagado ... es el trabajo que la patronal no te paga... métete eso en la cabeza, recibe un digno pan, no migajas".

Nicolás D. León Cadenillas.
Karlsruhe, 2010.

VIDA. NDLeón

VIDA

Esperé el tercer tiempo.
Repensé, que escribir.

¿Escribir, mis miedos, mis odios,
mis soledades, mis dudas,
mis burlas e ironías?

¿Escribir mis retazos de alegría?

De amores, no sé qué decir.
Cuando elegí, perdí.
Me eligieron, enloquecí.

Juegos de azar, no aprendí.
En juegos de la vida, corrí.

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014

El tío va, el tío viene y en el camino… NDLeón.

El tío va, el tío viene y en el camino… NDLeón.

Dedicado con afecto fraternal a Leonel Siles Calderón.

»Nadie puede ser esclavo de dos amos, porque preferirá a uno más que a otro. Y si obedece a uno, desobedecerá al otro. No se puede servir al mismo tiempo a Dios y al dinero.» Lucas 16:13

Con premura me dirigía al Emporio Comercial de Gamarra a dejar unas tarjetas de pollada bailable y de pasada comprar en San Pablo pescadito cortadito para sevichito en el Terminal Pesquero de La Parada. Repasaba mi lista cabizbajo, preocupado, sí el sencillo que llevaba, me alcanzaba.

Entre las avenidas De las Américas con Prolongación Parinacochas de Balcon City me crucé con el simpático tornero, “El Chavo”, gran pelotero químbero de afición y diestro metal-metalero de profesión. Me llamó a su esquina, me ofreció un desayuno donde la tía Xuxa de la carretilla amarilla. Me tomé un café al paso con su pan con camote. Lo acompañé a su taller y el Chavito para sacarme pica se puso a contar unos relucientes ‘verdes’ entre alegre y melancólico.

-¿Tá güena la chamba?
-No, la chamba no pinta. No pasa ná.
-¿Y, esos dólares, te cayeron del cielo?
-¡Pú ta! ¡No sé sí me han caga'o per qué chú!
-Más tarzán me cuentas. No tengo tiempo… ¡Oe, cuenta péee!
-Este bille me lo trajo el Chimichurri Tabasco... 
-¿Quién?
“El Cerrojo del Barrio”… él que la lleva y la trae, él que va, él que viene y en el camino…
-¡Yá! ¿Qué pachó?
-¿Te acuerdas de mí costi'a la blanquiñosa de Cienegui'a? Bueno, mientras duró el noviazgo abrimos una Cuenta Corriente pa'cer una chancha par'el matri, la luna de miel y comprar unas cositas para el depa. Como todo se fue a la michi, cada uno por su la'o. Hasta ahorita yo no sé que ha hecho “el Cerrojo”, pero me ha traído este billete que me ha mandáo la costi'a.
-Te cayó del cielo, pé.

Antiguos inquilinos de La Oficina

 En una oportunidad el papá del Chavo habló en la esquina de La Oficina que su hijito con su nueva novia, una pituquita de Cieneguilla, preocupados por el futuro político y económico, estaban ahorrando para casarse, viajar a Mollendo de luna de miel, pedir un crédito para comprar un mini departamento o construir un tercer piso en la casa de su mamita, y vivir felices comiendo perdices.

El servinacuy duró como un año y medio, ambos tenían sus valiosísimas virtudes y sus grandes defectos, y como ninguno de los dos dio su brazo a torcer, sanseacabó la ilusión. A la noviecita le faltó calle y paciencia, aparte de la falta de costumbre de soportar el maleteo, con o sin razón de la noche a la mañana cortó con filuda guadaña la amorosa relación con el fiel peloterazo de pichangas y de tarjetas pro-salud.

Cada uno tomó su rumbo y todo continuó como si nada hubiera pasado. Retomaron poco a poco sus vidas, ni se preocuparon por el billete guardado.

En La Oficina el chisme dio su versión por qué el Chavo sólo recibió lo que recibió. Rotos los palitos de los tortolitos, apareció en la Esquina como buitre carroñero de La Oficina, el coprófago urbano conocido como “CIZA, el Cerrojo”, este infaltable personaje ni corto ni perezoso maquinó una gran jugada de taquito.

-Chavo, Chavito, hermano de mi cofradía  ¿Es verdad que te han choteado?
-No. Fue por mutuo disenso.
-¿Y el billete del ahorro? ¿La plata? ¿Te cagó?
-No. No es lo tú te imaginas. Hablamos y se acabó. ¡Qué le saque provecho al bille! Por mi parte ya fue. No quiero saber nada… ni de ella, ni del vil metal. Agradezco a mi familia que me ha apoya’o para seguir adelante.

El lleva y trae se quedó mudo, miró el ventilador del techo de la tienda que giraba en la misma dirección de las agujas del reloj. Pensó, se despidió a la volada, a la apurada sacó su libreta de notas y marcó en su celular el número premiado. Nadie contestó. Cruzó la doble vía a ritmo de guaguancó, toreando carros y micros como torero bufón. Corrió hasta la avenida Cánada, se persignó y subió a un colepato que lo dejaba hasta el cruce de la avenida Javier Prado Este con Circunvalación. No sabemos cómo llegó a la mansión de la señorita del billetón.

-¡CIIZAA! ¡Hola Cerrojito, qué sorpresa, bienvenido!
-Hola, Azucena, pasaba por acá de casualidad, y… la verdad, es para que asombres… me dio muchísima pena… mucha pena tu separación con Chavito… mi humilde y bondadosa esposa lloró… pero… ¿Es verdad la cruel separación?
-Cambiemos de tema. Ya pasó. Mañana viajo a Europa. Estoy estresada. Me voy por un mes.
-Siiií… me sorprendió la separación ¿Por qué pelearon?
-No hemos peleado. Hemos terminado nuestra relación sentimental nada más, y punto.
-¿Y la plata? Perdón… ¿Y los ahorros que tenían mancomunadamente?
-Está en la Cuenta Corriente.
-Hummm… ¿Tú no piensas quedarte con el dinero del Chavo, no?
-No. De ninguna manera. Si el Chavo lo solicita se lo entrego. Yo no quiero hacerle daño. Él necesita ese dinero más que yo. Que las aguas se tranquilicen y ya se verá el momento preciso para hablar con él. Yo no quiero nada.

El Cerrojo, el reconocido tío va tío viene, transpiró, se despidió y balbuceó -Ya regreso- anotó el número del celular de la bella dama y salió cueteado de la residencia mansión. No había micros, ni ómnibus, corrió varios paraderos como galgo inglés. Llegó al barrio, el Chavo había cerrado su negocio. El Cerrojo peinó la zona, visitó La Oficina; Parina y varios pasajes de relancina; el tele-hipódromo de Palermo. Preguntó en cada esquina, después de media hora le pasaron el dato que, el Chavo estaba en casa de su mamá. Corrió, su esposa desde la azotea lo arengó, así corrió más de prisa. Cuando llegó Chavito se disponía pasear a su hijito.

-¡Chavo! ¡Chavito! ¡Azucena me ha llamado por teléfono y me dice que va a viajar a Europa por un mes, que si quieres tu plata yo puedo recogerla, confía en mí Chavito, necesito tu venia y autorización!
- No me interesa… que lo aproveche… estoy dolido, sufrido, triste, solo y amargado con los crisoles rojimios por el llanto porque he llora’o por culpa de esa mujer.
- Escucha pé, yo voy en tu nombre. Que me entregue a mí el dinero y te traigo tu billete.
- Si no es molestia, anda. Cualquier cosa me llamas por teléfono.
-Pasa pá el pasaje pé.

En un trís, el Cerrojo llegó a la mansión de la ahorrativa ex-novia. Llegó sudoroso, jadeando, transpirando, tambaleando hasta la remaceta donde la señorita Azucena. Nuevamente, ella lo atendió decentemente como gran amiga y confidente.

-¿Deseas una limonada helada o un vaso de cervecita?
-¡Azucena, dice el Chavo que me entregues el dinero! Eh, bueno… el Chavo dice me puedes entregar su parte… ¿No vas a dudar de mí, no? Yo nunca me he portado mal con los amigos…
- No te preocupes Cerrojito. No dudo de tus buenas acciones. Espera un cinco… Uno, dos, tres, cuatro, cinco mil dólares americanos. Tienes que tener cuidado, toma cincuenta soles para que regreses en taxi. Ahora uno no puede confiar en nadie, hay cada delincuente con saco y corbata que uno no sabe con quién confiar ni por donde caminar. Te dejo, tengo que terminar de hacer mis maletas. Chao. Saluda a tu esposa y… gracias por todo. Good bye. “Hasta la vista, Baby”.

El Cerrojo tomó sus precauciones, regresó al barrio en Taxi. Buscó a su gran amigo, al Chavo, con sonrisa de oreja a oreja le entregó el dinero contante y sonante, verdes verdosos de la yunaítes, Made in USA.

-¡Chavo, lo conseguimos, me entregó tu plata!
- ¡Carajo!
-¡Uno, dos, tres mil dólares! Me dijo que te haga provecho.
-¿Tres? ¿Qué? ¿Tres no más? La mitad era como cinco… asu mare, peló la cagada esa… ¡Yuca!
-Eso es lo que me dio, si desconfías, llámala…
- No quiero hablar con esa cojuda…
-Chavo, invítate una chela pé… por la gauchada, una bien heladita.
- Vamos a La Oficina, yo invito… espera voy a llamar a mi batería, llama tú a tu compadre. Pero no me vayas a traer al güevón sapo del escribidor, ese cojudo tumba la fiesta… y chismea como mierda en su página blog.

Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014.

POEMA 28. NDLeón.

POEMA 28

-¿Amor? 
-¿En qué piensas?
En mí...
ahora en ti...
después será en nosotros.
-Muy gracioso...
-¿Qué te crees?
-¿Artista?


Nicolás D. León Cadenillas.
Lima, 2014.