GOYO, cuento familiar para la familia. De Nicolás D. León Cadenillas

GOYO, cuento familiar para la familia. De Nicolás D. León Cadenillas.
No quiero herir susceptibilidades, ni faltar el respeto a nadie, menos a nuestro querido Goyo. Entiendo que cada persona tiene su privacidad y hay que respetarla. Pero, Goyo León nos enseñó a quebrar barreras, a mirar el mundo con amplia libertad; y siguiendo su ejemplar ejemplo me he tomado la libertad de escribir una que otra de sus ocurrencias en las cuales participé como un simple espectador o como un agudo cómplice. Con la venia de mi entrañable primo Gregorio León Alejos. Con el permiso de nuestra gran familia publico el siguiente cuentito con cariño incondicional y respeto. Mi intención es simplemente tratar de emular la frase: "Recordar es volver a vivir". Niky León.


Goyo León y Niky León, primos hermanos.

Goyo, el primo mayor
Nuestro querido primo Goyo está en las postrimerías de sus ochenta añitos de edad. Muy bien vividos en la tierra prometida, sucursal del cielo, el antiguo distrito del Rímac. Todos nosotros, todos sin excepciones, familiares cercanos y lejanos, familiares por angas y mangas, por ingas y mandingas; le rendimos un tributo por su buen y singular carácter, por enseñarnos las cosas simples y sencillas de la vida, por sus locuras y aciertos, por sus chismes y ocurrencias. Por todo, muchas gracias, primito Goyito.

Como yo soy uno de los menores de mi grupo generacional, me atrevo a contar un breve pasaje que me tocó compartir con Goyito en una de las playas más picantes y bravas de Lima.

Todos los primitos y primitas, con promedio de ocho años de edad, gozábamos de las vacaciones veraniegas. Goyo como buen experimentado salvavidas recibió la orden de cuidarnos. Y así fue, desde la orillita y con gritos marciales nos ordenaba que no seámos imprudentes.

- ¡Cuidao plímo! ¡Múyadento! ¡Pépe, cuidao! ¡Ana, Lupe, Pedíto, Fór! ¡Güili, Rafaé, Nikitoooo! ¡Cuidao, pé!! ¡No tan adento!! ¡Cuidao!!!

Crecimos, y cuando más o menos teníamos un promedio de catorce años de edad hicimos la misma excursión a la misma playa. Todos éramos unos tiburones, ballenas, pejesapos y borrachos marinos. Exagero, no todos, algunos se quedaron jugando hasta viejos en la arena haciendo castillos y laberintos. Fue en esa oportunidad que nos dimos cuenta que nuestro otrora salvavidas no sabía nadar, que el agua no era su líquido elemento, que huía de los ríos, lagos y mares.

Recordé los bellos momentos que nos cuidó. Suerte que no me pasó nada porque sino estaría escribiendo está crónica con Papalindo. Chateando y volando alrededor del Salvador como un inocente y bello angelical angelito.
Karlsruhe, 2012.


GOYO, el primo mayor II
Pasaron veinte años y algunos añitos más. Casado, con hijitos, y… con mamá política de yapa. Mi querida suegra nos visitaba una vez al año para gozar de sus nietos, casi siempre llegaba en la tradicional bajada de los Reyes Magos y se retiraba el último día de las Fiestas Patrias.

Imprevistamente como siempre llegó Don Gregorio León conocido como “Goyo, el pímo mayó”. Antes que Goyo rompa la puerta con sus acostumbrados y delicados toquecitos, abrí la puerta, lo saludé, y para que no me haga una locura lo puse sobre aviso que mi suegra querida se le había adelantado, que no se podía quedar en casa; que salude educadamente y se porte bien. Goyo me miró muy serio y me siguió mirando con el rabillo de sus bonitos ojos aleonados.

- Mamá política, te presento a mi primo mayor, Goyo León. Él, los fines de semana tiene permiso de la sucursal de la Maison de Santé Larco Herrera en Cieneguilla, institución que está regentada por nuestra prima “La Gringa”. Parapsicóloga profesional. Doña Rosa Albina Santos Cadenillas.


Rosa Albina Santos Cadenillas y Alberto Tito Cadenillas Uribe.
Goyito, tomando una postura de galán de cine mexicano, sacando pecho a lo Jorge Negrete, actuando como el mejor de los mejores charros mariachis. Serio, decidido, ordenó sus ideas, respiró, estiró el brazo derecho y dando dos pasos firmes le estrechó la mano a mi querida suegrita, y con un tono grave muy estudiado, dijo:

- Es un placer señora, encantado, Gregorio León Alejos, para servirla a usted, yo soy su atento y seguro servidor, me puede llamar Goyo. Mi familia me llama así. He venido a visitar a mi primo Niky para que me invite un almuerzo que me prometió para la fiesta del Ño Carnavalón, y hasta el día de hoy no cumple su promesa. Niky es bien tacaño. Yo no tengo tiempo, tengo que ir a visitar a mis hijos, a la mamá de mis hijos y a mi amiga, mi otra esposa vive en mi antiguo barrio del Rimac.

Hasta ese momento todo fue correcto. Conociendo a mi primito Goyo, me quedé sorprendido de su oratoria y actuación. Era otro ser terrenal. Increíble pero cierto. Pasó un cuarto de hora mientras me cambiaba el mameluco lleno de grasa automotriz. Goyo salió a la calle, se metió al jardín, se acomodó en la palmera enana frente a la ventana de la sala de mi casa, sacó su pipilí y se puso hacer pichi sin importarle los transeúntes, ni las atónitas miradas de los vecinos. Mi suegrita sacó la cabeza por la ventana y vio a Don Goyo sacudiendo malcriadamente a su Goyito. Mi suegra, devota de la Hermandad de Josemaría, gritó indescriptiblemente de espanto y zozobra, aterrada se tocó de los nervios, nada sirvió para calmarla, ni aguita de azahar, ni un pisco acholado de su tierra.

- ¡Qué inmoral, qué actitud orinaria tan horrorosa!
- ¡Pero suegrita, yo te dije que a mi primo le dan permiso de Teleloquilandia todos los fines de semana. Comprenda usted. Ama a tu prójimo como a tí mismo. Dar de beber al sediento.
- ¡Los dos son un par de locos! ¡Fuera de la casa!
- ¡Es mi casa!
- ¡Fueeeeraaaa!!!

Mi suegrilla super encendida me botó de mi casa. Y siguió hablando.

- ¡Niiikyyyyyyy! ¡Demonio de los infiernos satánicos, diablo, satanás, víbora venenosa! ¡Dios Mío! ¡Dónde ha venido a parar mi hijita! ¡Dios Mío, Líbrame de este frío impuro pecador!

Goyito y yo nos fuímos a un restaurante de obreros y nos comímos un menú a lo pobre. Me pidió la propina, se acomodó la camisa y se marchó con dirección al Centro de Esparcimiento Psiquiátrico de Recreación Espiritual y Salud Mental, cuadra 26 del jirón Ignacio Merino. Centro administrado y dirigido por la Directora Sor PReMa, Licenciada Doña Inés Luisa Cadenillas Torres.


Inés Luisa Cadenillas Torres, Yuri León Cadenillas, Isabel Cadenillas y Luz Francisca Cadenillas Torres.

Y colorín colorado esta crónica sobre nuestro querido primito mayor ha terminado.

- PReMa: Pastora Reverenda Madre.
Karlsruhe, 2012.


Parados: Mario Manuel, Daniel Gerardo, Carlos Santiago Morales León; Yuri León Cadenillas.
Sentados: María de las Mercedes Perseveranda, Iris Anastacia, Edith Clorinda Morales León;
 Don Nikko, Pablo Jaime y Virginia Elena León Cadenillas. Fotógrafo: Niky León Cadenillas.

Goyo de Dios
No me acuerdo la fecha ni el motivo de la reunión familiar en la casa de los Morales-León cuyos anfitriones, los tíos Clorinda y Víctor, siempre nos esperaban con los brazos abiertos. En su nuevo hogar en el distrito de San Juan de Miraflores, urbanización Ciudad de Dios, ocurrió una travesura más de nuestro querido Goyo. Creo que fue en verano, saco mi conclusión por las ricas chelas heladas que tomaban nuestros mayores aprovechado los baños de sol en la terraza y vereda del frontispicio del inmueble.

El día anterior habíamos tenido una jarana a la usanza familiar. Con amanecida. Después del corte y componer el cuerpo, los adultos hicieron los planes para el bitute de toda la tropa. Entrada: Seviche ... de cajón; jalea berraca, sudado y parihuela. Frutos de mares: Camarones, calamares, mejillones y almejas. Almuerzo: Aguadito, arroz con pescado frito; y etcétera de postres. Hicieron la listota de los ingredientes, sumaron la chancha correspondiente y buscaron al mayor de los sobrinos, al infaltable primo Goyo.

- Goyo, anda al mercado y te traes todo esto. Con cuidado.

Cuando Goyito estaba saliendo a la calle recibió la última orden.

- ¡Goyo, fijate bien, mira bien el pescado que esté bien fresco, bien fresco, que alguien te acompañe!
- ¡No, puedo solo yo, solito puedo, yo solo voy!

Los adultos siguieron conversando con sus chelitas, las mamás cuidando y lavando a sus engreidos, otras mamás preparando el ambiente en la cocina, las primas mayores entreteniendo a los primitos. Nosotros jugando pelota en la pista. Pasaron las horas y en un dos por tres hicieron nueva chancha, arroz con pescadito frito, plátano y huevo montado. Cinco de la tarde todos los preparativos para el anda vete. Casi todo el mundo listo para salir en mancha a la carretera Atocongo. Y cuando abrieron la puerta para salir a la calle; oh, sorpresa; Goyo en persona con los costalillazos de los ingredientes para el almuerzo sobre los hombros, veinticinco kilos o más en cada hombro; sudando gotones, oliendo a pescado de pies a cabeza, enterrado, con los zapatos húmedos y con barro.

- ¿Goyo, que te pasó?
- ¡Jui a complál, pé!
- ¿Fuiste a la China?
- ¡No!... ¡Fuí al Callao! ¡Mi tío Víito me dijo que comple pesca'o fésco, yá!

Le pasaron un vaso de cerveza a Goyito, y como premio lo mandaron a la ducha fría para que se refresque del mal rato que había pasado.
Karlsruhe, 2012.


En la casa de la Familia Chihuán-León. De izq a derecha: Javier Yzarra, Pedro León Zevallos; Herculano Chihuán Aliaga; detrás del tío Herculano: Pablo Jaime León Cadenillas; Jaime Aquiles Chihuán León; en el centro con la botella y el vaso: Omar Rubén Chihuán León; Alberto Teodoro Cadenillas Torres, Manuel Pedro Cadenillas Torres y Pedro Alberto León Cadenillas.

El tío Herculano Chihuan rodeado de su nieta Patricia Alicia y de su prima Rosa Elena, 
conjuntamente con un ramillete de tías.

Goyo… y la fuente de la eterna juventud.
Disfrutó un breve fin de semana de quince largos días con sus quietas y silenciosas noches. El caminante lo pasó requetebién con sus engreidísimos primos, los Chihuan-León, todos disfrutaron al máximo la visita, y al mismo tiempo el visitador recibió el aprecio y cariño de los grandes artistas de la urbanización El Palmar de Santiago de Surco.

Llegó el arisco día lunes de quincena, a primerísima hora todos los miembros de la familia se levantaron al unísono, gran revuelo, desayuno al paso y en mancha se enrumbaron a sus labores a cumplir con sus obligaciones mundanas. Nuestro querido caminante no aceptó la oferta de quedarse solito en casa. Se sopló su desayuno rápidamente, envolvió dos panes, se los metió en los bolsillos y en una bolsa de papel biodegradable guardó un par de plátanos para el camino, se despidió y se dirigió más al sur del sur.

En la Panamericana los rayos solares se reflejaban impresionantemente en la carretera como si fuera una banda sin fin de espejos con trucos. Engañando la visibilidad al ojo más experto. El astro rey iluminaba con fuerza magnánima la naturaleza y la gran ciudad.

Caminaba el caminante guiado por el sol y por las sombras; caminaba abriéndose paso por los surcos y hormigones, tratando de llegar a la avenida principal. A puro patadón, caminó a buen ritmo, cruzó nuevas calles y atravezó de lo que quedaba de las longevas haciendas y chacras de vid y pan de llevar. Divisó La Bolichera y el nuevo Puente Atocongo, casisito estaba por llegar a su nuevo destino.

La nueva gran Avenida Los Héroes pacientemente esperaba hirviendo con un solazo de más de treintaitantos grados a sus visitantes. En cada pisada en el negro asfalto requetecaliente se achicharraban las suelas de los calzados. Estos de vez en cuando dejaban caer gruesos lagrimones que se vaporizaban en fracciones de segundos al más mínimo contacto con la ardiente pista.

Nuestro querido caballero andante lentamente llegó a su meta. Llegó hecho una sopa de sudor, fatiga y cansancio. La tía Clorinda con cariño lo recibió, le preparó media jarra de limonada helada. Líquido que secó como una sedienta esponja. El tío Víctor lo vio como se derretía, lo invitó a tomar una ducha fría. Goyo, el primo mayor, miró sorprendido al tío, meneó la cabeza ligeramente, respondió:

- Gácia tío, la tía'yá menvitó agüita helada. Oto'día, yá!


El tío Víctor Morales del Callao con sus hijitas e hijo político, Arturo Anthony Mendoza M;
Luz Amelia, Ana Victoria, María de las Mercedes y Flor Primitiva Morales León.

No sabemos si Goyito huyó del distrito de San Juan de Miraflores o fue conducido en silencio a los baños purificativos de la eterna juventud. No lo sabemos, todavía.


Lo que sí sabemos es que apareció por Santa Beatriz, Cercado de Lima, con una bolsa de dormir bajo el brazo y un par de chompas una encima de la otra. Había conseguido trabajo de guachimán en la nueva ciudadela Mi Perú en Ventanilla - Callao. La tía Luisa toda amorosa recibió la bolsa de dormir, le pidió sus chompas y al toque las metió a la lavadora. Le alcanzó una toalla, camisa, pantalón, medias y un par de chancletas de playa. Y muy alegre por su visita le recomendó.

- Bañate hijito que estás todo sudoroso.

A Goyito no le dio ninguna gracia la buena atención, contestó:

- Agua pá la planta, amí no me'fatidíen que toy cansáo!

Sus primotes, Alberto y Manolo Cadenillas, aparecieron como aparecidos. Goyo los miró sorprendido; sus fuertes primos lo cargaron de los brazos como un lindo juguete de peluche, y lo metieron a la ducha. Lo ducharon con ropa y todo. Después de un cuarto de hora, Goyito lucía todo limpio, parecía un jovencito de las películas de los años cincuenta. Engominado, rejuvenecido y bien peinadito veía televisión acompañado de cafecito, huevos revueltos y pan francés.
Karlsruhe, 2012.

Un personaje se busca.
Basado en el libro Un actor se prepara de Konstantin Stanislavski.

Contra el tiempo tenía que preparar un personaje, había llegado al grupo para reemplazar a un actor enfermo, el reestreno era ya, mi creación no convencía a nadie menos al director. -Estás bien pero falta algo. No me llena los ojos. No tiene vida interior, me estás trabajando con estereotipos.- me dijo. -¿Cómo qué?- pregunté. -Sí yo lo supiera hace rato te lo hubiera dicho, tienes que buscar-. Se despidió y me dejó en ficha. Esa misma noche asistí a una fiesta familiar, sólo fui para cumplir, siempre iba a las reuniones por cumplir y me quedaba un ratito más. Regresaba a casa con el primer bus de las 6:00 de la mañana.

En la fiesta después de la primera ronda de chelas, varias vueltas de cócteles de ron, pisco, vodka, algarrobina, leche, gin, naranja, etcéteras; y brindis con champaña empezó el bailongo. Un pupurrí de canciones tropicales, toda una cara de un disco de acetato Long Play 33 RPM (revoluciones por minuto), que duraba más de un cuarto de hora, empezaba piano-piano con un bolerazo y terminaba de candela, "Homenaje a Rafael Hernández" de Pedro Miguel y sus Maracaibos.

"Sufro mucho tu ausencia, no te lo niego / Yo no puedo vivir si a mi lado no estás / Dicen que soy cobarde, que tengo miedo / De perder tu cariño, de tus besos perder".

"Tío... bota la muleta y el bastón, y podrás bailar el son". 
-Bailo esta pieza y me despido- pensé. Mirando a las demás parejas como se deslizaban armoniosamente por la pista de baile, yo parecía hecho con pies de plomo. Un remedo de danzante. En eso veo a mi primito mayor, a Goyito, tomar el centro de la sala. El ritmo iba en aumento, se aceleraba, todo brillaba, las parejas se soltaron, empezó el guaguancó, azúcar y saoco. Sueltos en plaza. Mi primo Goyo, León i Cadenillas por su padre, bailaba con su singular estilo peculiar; era él, su sombra y nadie más; saltaba, paraba en seco, se quebraba, hacía una finta, giraba en contra, seguía la marcha, se detenía, no le interesaba la pareja, solito se jaraneaba, regresaba, descompasaba, arrastraba los pies, dribliaba, brincaba, caía de punta y taco, sacaba chispas al enlosado con sus mocasines de charol blanco, giraba con su recutecu, perdía el ritmo, arrítmiaba, miraba de refilón al mozo, pedía trago, seguía haciendo lo suyo. Él derrochaba energía, personalidad, clase, sin importarle los demás. Acabó la música. Y Goyito no se dio por enterado siguió moviendo el esqueleto con pasos de chachachá con zamacueca. Yo fuera de foco. Ensimismado, boquiabierto, repasé mentalmente mi letra y parlamentos con movimientos goyísticos. Había dado en el clavo. Me olvidé de la fiesta. Me despedí y caminé con dirección al bus. Había encontrado el arquetipo perfecto de mi personaje. En casa y en los pocos ensayos mimeticé rasgos y estilacho de mi primito Goyo. A mi personaje lo condimenté con gestos grandilocuentes de mi cosecha y también le metí algunas gestos de mi papá segundos antes que me diera una granputeada. 

Llegó el día del reestreno. Todos estuvimos maravillosos. El director más que sorprendido. No lo podía creer. El reemplazante parecía un arcángel con aureola y todo. En el escenario irradié una energía solar como el personaje principal de la obra "El Principio del fin de la búsqueda, persecución y triste desaparición del Loco Resignación". Sencillamente espectácular. Nunca más me salió algo parecido o igual.
Filderstadt, 2013.
Nicolás D. León Cadenillas.
Teatrólogo.

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