Fuente China. Amores encontrados

Fuente China. Amores encontrados.
En garde, mon cher ami!

Después de recorrer buen tiempo y gran parte del viejo mundo regresé a mi inexplicable perumanta. Llegué a casita una semana antes que acabe marzo. Lo primero que hice fue probar mi rico seviche de carretilla; comer mis yuquitas fritas; saborear mi cau cau, chinchulín, chanfainita y mi rica sangrecita, preparados por mamita; bajar el rancho con vinagre de Chincha, y de postre, raspadilla bien fría.

Con gran expectativa en el centro de la sala abrí mi inseparable mochila, repartí a los cuatro hombres de la casa, cuatro llaveros igualitos de cuero labrado a mano en alto relieve, igualitos para evitar pleitos, y para las dos damas, dos lindas muñequitas rusas, una para mi mamá y otra para mi hermanita.

- ¿Esto es todo? -habló el aguafiestas- Has viajado como loco y sólo traes cuatro llaveritos y un par de muñecas.
- Mira bien, los llaveros son recuerdos de Berlín Este y las Matrioskas son souvenirs de la URSS de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. ¿Para qué más? Yo he ido a estudiar, no he ido hacer shopping.

Cuando me dejaron solito abrí mi vieja maletota, se desparramaron todas las chucherías y cojudeces; las pequeñas encomiendas y cajitas de todo tipo, los clásicos encarguitos para los familiares de mis compadritos. Haciendo de tripas corazón como quien mira el barrunto y alrededores, repartí a pie los encargos cercanos, recorrí todo mi distrito periféricamente.

En los primeros trajines en Lima Metropolitana me faltaba tiempo para repartir los encargos, dejando un día me ponía las pilas y salía como Papá Noel. En cada entrega había una sorpresa, y en más de una oportunidad el sorprendido fui yo. Por buenote me gané excelentes diálogos absurdos teatrales. Un buen ejemplo me sucedió en el paradisíaco Edificio El Palomar:

- Joven, mi papá me escribió que enviaba con usted un sobre con cocos. 
- Tu papito sólo me dio la tarjeta de Navidad y la bolsita de Gummibären.
- ¿Qué, qué dijo?
- ¡La bolsita de gomitas!
- Ah, esta güeva... pút... ya me cerraron con la plata putmáre... ¡A la miechica!... ¡Me cagaron! Se jodió el bautizo, yo... yo contaba con esa platita joven... ¿ahora qué hago?
- Escribale una carta a su señor padre. Un telegrama, una...
- ¿Y con eso soluciono mi problema? En nadie se puede confiar... gracias por el consejo, ón...

De yapa. En el Damero de Pizarro. En cada esquina semaforera me zumbaba como pulga en la oreja la conversa prometida, recordaba palabra por palabra con sus puntos y comas la épica charla con mi paisano, y además, mi caro condiscipulo en el Actor's Studio de Cercado, Sir Malcolm McOlivier.

La plática comprometida fue en la mini-ciudad libre e independiente de Christiania en Copenhague después de la última función de nuestro drama filosófico "Dos por dos son cuatro. Brinca la tablita, ejemplo y síntesis". Calentábamos cuerpo con vino caliente y entre sorbo y sorbo hablábamos de un futuro e incierto proyecto. Hicimos silencio. Fue entonces cuando mi querido colega me devolvió, completamente borroneado, mi última inspiración intitulada "El Libreto Sagrado". No comprendí el porqué. Malcolm bebió un sorbo de vino, escupió un trocito de canela y un clavito de olor. Me sugerió seriamente:

- No dudéis. Sé consciente que habéis recibido el encargo de transmitir el mensaje. En todo este tiempo has aprendido, en verdad, lo justo y necesario para llevar la palabra de Dionisio a nuestra Ánima Mater. Baco te ha colmado de sabiduría, predica la enseñanza a la cofradía de la Fontana China. Ya la hiciste... ahora lo importante es, plasmar la experiencia recibida en nuestra querida Alma Mater Association. -pensé un ratito, desvarié, respondí que sí. Le di mi palabra y me comprometí tres veces en dar tres charlas sobre mis experiencias por las europas y en especial hablar un poquitín del Castillo de Kronborg de Hamlet. Sir Malcolm McOlivier me abrazó, nos dimos unos palmadas en la espalda, se despedió teatralmente, susurró. -¡Meerda! Meerda!- me subrayó en la oreja. -Se presentarán obstáculos, piedras en el camino, no hagas caso, salta, brinca, tírate del puente-.

Postal del Teatro "La Cabaña". 
Diseño arquitectónico de estilo alemán- en el Parque de La Exposición, 1948. 
Fuente: "postalesdelcampe.es".
Para cumplir lo prometido esperé el primer lunes de la quincena de abril para ir a la Escuela de Actores y Melodramas. Envolví en papel rojo y verde navideño un libro "Bertolt Brecht - Vida y Obra en Imágenes". Libro con textos autobiográficos, cronología, cartas, bosquejos y ensayos como regalo. Enrollé un afiche del Berliner Ensemble "La ópera de tres centavos" de Bertolt Brecht y Kurt Weill como recuerdo. Me peiné mi azabache melena y me dirigí a mi Alma Mater ubicada en la Lima Cuadrada. Llegué super confiado, las clases habían empezado, me recibió el portero luego un profesor, la secretaria de administración, la secretaria de la dirección. Esperé un momento. Miré los cuadros y fotografías del corredor, salió la secretaria nuevamente y muy dramática a lo Vivien Leigh, me informó.

- Señor tiene que esperar un momentito porque el señor Director está muy ocupado.
- Bien, espero en el Café.
- No, mejor no, espere acá, tome asiento. Un ratito y lo atenderá. 

Pregunté a la secretaria de administración cuantos alumnos estudiaban en total. La señora secretaria movió la cabeza en negativo. Tenía orden de no dar ninguna información hasta nuevo aviso.

- Yo soy egresado de esta Escuela. 
- Lo sé- me respondió y siguió tecleando la máquina de escribir.
- El director es mi amigo.
- Humm... también lo sé- volvió a responder y borró lo escrito. 

Me quedé mudo como estatua viviente. Ella, la secretaria, no me quitaba los ojos de encima. Hasta ese momento yo ya no sabía que hacer. Por fin salió la secretaria del Director y con una sonrisita forzada a lo cine mudo me señaló el camino. Mi amigo, el Director de la Escuela, me esperaba con la espada desenvainada como buen esgrimista al mejor estilo del Conde de Rochefort.

- Hola, ¿cuándo llegaste? Con tanto trabajo armando el cronograma anual no entendí tu correo postal dinamarqués, ¿qué quieres decir con dar un charla a los muchachos?
- Pues, simplemente eso, dar una charla, una exposición sobre mi viaje, sobre las ciudades y teatros que he visitado... demostrar lo que he aprendido y representar un cuento, un monólogo escrito por mí, dura media hora exactamente, "El Libreto Sagrado"...
- ¿Por qué?
- ¿Por qué, qué?
- ¿Cuanto piensas cobrar?
- Nada, sólo pasar sombrero, entrada gratis, salida dejar diezmo.
- No pues mi querido... ¿cómo que no vas a cobrar nada? Tú eres un dramático profesional tienes que cobrar algo. Nada es gratis en esta vida.
- ¿Si? Si asi es la cosa, ¿qué te parece tres soles per cápita?
- Hum... creo que estás exagerando.
- ¿Dos soles por cabeza? ¿Por dos soles entran dos?
- No creo que te convenga
- Estudiantes: Un Sol. Público en general: Dos soles. Se recibe donaciones.
- A propósito, ¿ya has ofrecido tu charla a la Alianza Francesa?
- No, nada, de frente he venido a la Escuela.
-  ¿Y al ICPNA, ¿por qué no tratas, ahí te pueden pagar bien?
- Manito, yo no quiero que me paguen bien, yo quiero hacer mi charla acá en la Escuela, acá egresé.
- Lo siento pero es que 'acá' no se presentan las condiciones que tú necesitas.
- Yo no he hablado de ninguna condición. "Hacer o no hacer, ese es el principio. El país en qué manos está, En manos del maldito tirano que reina con un punzón en la mano, Y con un cerebro de enano". Si no cobro por qué no cobras. Si cobro por qué cobras. Yo sé que tú no eres malo. "Ya sé que no sois muy solidario y sé que no podéis razonar sin error, tenéis el instinto atrofiado, ya sé que es odioso, más soy generoso, y yo siempre devuelvo un favor, en justicia soy todo un artistón". Únicamente estoy tratando de cumplir una promesa. Adiós me voy con mi canción, guitarra y cajón a otro callejón.

Fuente China - Parque de La Exposición - Lima 1.
Salí con dirección a la Alianza Francesa, me senté en la Fuente China, miré La Cabaña, la laguna sin agua, las palmeras, las flores, el Museo de Arte, todo seguía igual y a la vez todo era tan diferente. Como diría mi maestro Ramón de Campoamor y Campoosorio: “En este mundo traidor / nada es verdad ni es mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”. Acomodé el regalo y el recuerdo y me fui con mis coplas y pregones a otros rincones. Caminé y recité por la antigua Ciudad de los Reyes, por la Ciudad de los Molinos, por Villa Victoria, por el Santuario del Carmen de la Legua. Por atrios y tinglados canté mis melodías con gestos y alegrías.

- Letra de Hamlet y de la película El Rey León.

Nicolás D. León Cadenillas
Karlsruhe, 2012.