Juan Diego en Grötzingen

Juan Diego en Grötzingen
Dedicado a nuestra sorprendente vecina de la calle Durlacher Straße.

Faltaba un par de días para la función estelar de nuestra obra versión recontralibre teatral en nuestra ciudad. Yo aprovechaba cada situación y excursión para ir con el texto en mano y recitar mi letra de cada día por las calles de mi distrito grötzingeniano. Las señoras del barrio estaban seguras que veían a un loquito del cerebro deambulando. Claro, con todos los ademanes, gestos, movimientos de brazos, tonos de voces; falcetes, engolamiento y tétricas carcajadas. Más de una tenía razón y yo tenía un nudo en la garganta lleno de nervios y tensión.

Con mi esposa y compañera de reparto, salímos a hacer una diligencia y de paso deletrear letra. No habíamos caminado cincuenta metros; cuando nos cruzamos con una vecinita; ella nos alcanzó trotando por la veredita vestida super deportiva con short, camisetas sin mangas, zapatillas con talonera y una botella de agua. Nos saludamos.

- Guten Tag! - (- ¡Buenos días!)

Se detuvo y sin perder el paso, nos preguntó:

- Was tun Sie? - (- ¿Qué hacen ustedes?)
- Wir haben eine kleine Stücke Theater Studieren . - (- Nosotros estudiamos una pequeña obra de teatro). - Und Sie? (- ¿Y usted?)

La señora respondió en un alemán culto y sin acento de la región.

- Estoy entrenando para el próximo Campeonato Regional de Maratón. Yo soy la campeona del año pasado categoria master mayor 70- 80 años ... pero, yo estoy haciendo trampa ...  yo tengo más de 80 años.

Admirados de su franqueza la felicitamos, y así comenzó una linda conversación y amistad con nuestra vecina mayor. En la conversación nos enteramos que hablaba siete idiomas y que había empezado a estudiar ruso hace unas semanas pero las clases se le cruzaban con sus estudios de canto. Y ya no tenía tiempo suficiente para pintar sus cuadros, ni dibujar sus retratos de paisajes o de naturaleza muerta; ni poder preparar sus variados potajes internacionales, ni hacer sus ricas recetas de repostería mundial. En medio de la conversación habló en italiano mezclado con alemán. Yo respondí con las justas lo necesario de acuerdo a las pocas palabras que me acordaba de mi rudimentario greco-romano.

- Oh, Entschuldigung, Woher kommen Sie? - (- Disculpe. ¿De dónde vienen ustedes?)
- La mia e sposata e tedesca, io sono di Perú. Lima, Machu Picchu, Cusco, ...
- ¡Igual que Juan Diego Flórez, el maravilloso cantante tenor peruano!

Y la doña habló en español y se disculpó por nada.

- Ustedes van a perdonar mi español que no está tan bueno, me falta un poquito de práctica.

Nos dijo modestamente usando un perfecto español lorquiano. Continuó hablando.

- Nosotros tenemos en casa un cedé autografiado por el mismo Juan Diego. Les cuento, mi nieta, la menor, estudia en Londres, ella caminaba por el Piccadilly Circus y en una esquina vio a un hombre con cara conocida, le preguntó: - Excuse me, usted se parece, ... es igualito ... o usted es ... el tenor Juan Diego Flórez? - Y para sorpresa de mi nietita era el mismísimo Juan Diego Flórez. El, muy lindo y con su comportamiento amable que caracteriza a los peruanos la invitó a tomar un café y le regaló el cedé autografiado. Cuando pasen por mi casa van a escuchar a Juan Diego. Es maravilloso.


Antes de despedirnos, nosotros la invitamos a ver nuestro estreno teatral “Perú: El Mundo de los Andes”. Le entregamos nuestra tarjeta y un volante, y cada uno continuó con sus deberes.

Una semana después del estreno nos encontramos nuevamente con nuestra magistral vecinita biónica. En esta oportunidad manejaba una bicicleta de carrera profesional. Sin parar, avanzando muy lentamente, manteniéndose en un perfecto equilibrio acrobático. Inició la conversación, nos felicitó y nos dio un par de sugerencias.

- Los fui a ver, felicitaciones, todos estuvieron bien; felicitaciones señora, fantástica, muy bien; y usted también estuvo bien, no me quepa la menor duda que los compatriotas de Juan Diego son buenos ...

“No todos. Tenemos unas joyitas como padres e hijos de ... la patria”.  - Pensé con una mueca de sonrisa en mi dramática faz actoral.

La doña con una reverencia latina prosiguió su marcha ciclística cantando el vals “Fina Estampa” de nuestra gran Chabuca Granda; cantando con una sorprendente y maravillosa voz de soprano, tratando de imitar el tono de nuestro compatriota Juan Diego Flórez.

- “Fina estampa, caballero / caballero de fina estampa / un lucero / Que sonriera bajo un sombrero / no sonriera / más hermoso ni más luciera / caballero / Y en su andar, andar / reluce la acera / al andar, andar ... Es un caminito alegre / con luz de luna o de sol / Que he de recorrer cantando / por si te puedo alcanzar / Fina estampa / caballero / quien te pudiera guardar ...”


Ka, Grötzingen, Mai.2012.

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