¡Má, tírame la llave!

¡Má, tírame la llave!

Dedicado al super agente del recontraespionaje urbano, Vicente Edward Véliz Rojas, The Chef.

Llegaron como una jauría de hienas, se escabullieron aprovechando la oscuridad de la noche, de los focos descompuestos y de otros focos lapidados; se deslizaron sigilosamente como animales depredadores rapiñescos, ocultos e invisibles para el ojo inocente, esperaron, murmuraron; ellos, los enemigos del orden público, de la verdad y de la honradez. Las licorerías y todos los establecimientos comerciales habían cerrado, oscuridad en las avenidas y calles. Paró el microbús Comité 23M Santa Catalina, bajé a la volada con el pie derecho en la esquina de siempre, Avenida Palermo con Los Diamantes, no había nada ni nadie, pausadamente me dirigí a mi casita, a mi rico parque Miguel Dasso; atravesé la pista búlevar, caminé veinte metros más, y de la nada aparecerieron cobardemente cubiertos de negro los mutantes depredadores, me rodearon, uno con pistola en mano me increpó.

- ¡Papeles!
- ¿Qué? ¡Yo vivo acá! ¡Se han equivocado!
- ¡Las manos en la nuca! ¡La cara a la pared!
- Vengo de trabajar!
- ¡Calla mierda! ¡Tus papeles! ¡Colabora, carajo!


El buitre me apuntó con el arma, me estrelló contra la pared, y los otros comenzaron a escudriñar mis bolsillos.

- ¡No te muevas, mira la pared o te cagas conmigo! - gritó el cobarde.
- ¡Se han equivocado!
- ¡Calla mierda! - gritó su compinche.

El más avesado me estrelló la frente contra la pared, increpó:

- ¿Y esto, qué es? - preguntó sosteniendo una bolsita.
- ¡Qué será! ¡No es mío!

Requisaron la secreta, según ellos encontraron otra bolsita.

- ¡Sí que eres bueno! ¡Habla!
- ¿Qué?

Me sacaron la billetera, la rebuscaron, la desplumaron, quise protestar, sentí la Smith & Wesson calibre 38 en la mejilla. Veo como se reparten y guardan mi dinero en sus bolsillos. Se alegran como en fiesta infantil.

- Oiga, ese billete es ... - recibí un rodillazo en el muslo.
- ¡Es el producto de la droga, pasero de mierda conchadetumadre!

Muy bonito, resultó que yo era el malo de la película, me sembraron con cojudeces. Reclamé con miedo, recibí un cachetadón, murmuré:

- Ahí tengo más de doscientos dólares, y billetes de ...
- ¡Camina, al patrullero!- me quedé mirándole la cara de reojo.
- ¡Qué me miras hijodeputa! ¡Jefe, éte a la Comisería!

Con un golpe seco de cacha en la cabeza me zamaqueó y jaloneó hacia la camioneta.

- ¡Te haces el güevón, tenemos las pruebas del delito, estás hecho!

Cuando los agentes del Escuadrón de las Águilas Negras de la Policia Nacional del Perú abrieron la puerta de la camioneta 4X4 policial, adentro apestaba a mierda, atontado me di cuenta que atrás habían dos detenidos esposados que se habían hecho la caca de miedo. Lloraban tímidamente.

En la Comisaría a punte golpe nos pusieron en fila para que nos hagan el parte de rigor. En ese momento éramos un grupo de diez personas. Uno de los detenidos miró al fondo de la oficina, susurró con los ojos rojimios por el llanto.

- ¡Puta, el Chésu está de jefe!
- ¿Qué? - pregunté lo más bajito posible.
- ¡Chésu del Solar es una remierda!
- ¿Quién? -
- ¡El Comanche!

Miré disimuladamente al fondo de la oficina. Observé al Mayor Comisario, un flaco alto, dueño de una delicadeza y de violentísimos modales acabrados que me sorprendió. Tenía una mirada hipócrita evasiva de cobarde malo. Miró soslayadamente al grupo, se acercó a media distancia, le alcancé decir una palabra.

- Jefe, un minuto de su tiempo por favor.
- ¡No quiero bulla, silencio!

Pasaron dos horas, los demás estaban en cana, yo seguía en el patio sentado en una banca. No me habían interrogado para el parte. Completamente mudo veía como entraban, salían, como cuchichaban, hasta que por fin el jefe se me acercó.

- ¿Un minuto, qué quieres?

Hice un silencio sombrío, respiré recontramalhumorado pero con miedo.

- A mí me han sembrado y me han quitado toda mi plata, mis documentos, mi celular, ...
- ¿Cuánto?
- Doscientos diez dólares, once billetes de veinte soles, y ripio.

El comanche giró bruscamente; buscó y encontró al valentón recostado en la gruta de la Patrona Santa Rosa; la Santita de vergüenza se había cubierto el rostro con su santo velo. El Jefe con su afilado y largo dedito índice llamó al subalterno, ingresaron a la oficina, un par de gritos y nuevamente silencio. De la oficina salió un tombito de grado inmediato inferior, señalándome primero, gritó, luego me miró con una risita estúpida:

- ¡Queda!

El patio mal iluminado con un foco de 60W; jóvenes barriendo; trajeron más jóvenes de diferentes estratos sociales, ellos bien obedientes hacían cola para firmar los partes policiales fraguados con desparpajo, grosería y desfachatez. Las respetables autoridades escribían una cosa y la realidad nos decía otra. También habían otros detenidos sentados en el piso y cabisbajos. A todos los detenidos el miedo nos cubrió como un manto negro. Después de una larga espera, Chésu del Solar, el Comanche, me entregó mi billetera jironada con mi DNI.

- Puedes irte. Da gracias a Dios que te estoy dejando libre.
- A esta hora en la calle me matan, necesito pasaje, un taxi sería lo más sensato.
- ¡Reza, encomiéndate al Señor Dios Omnipotente, burro de pacotilla!

Salí de la 12° Comisaría, tardísimo, agarré prolongación Andahuaylas; rezando y a paso acelerado regresé a mi barrio. A BalconCity. Llegué a las cuatro de la madrugada, cansado, asustado, golpeado pero vivo porque si hubiera llegado muerto habría sido en hombros y con un bonito terno de madera. Es una lástima decirlo pero estos desgraciados de la policia nacional saben matar gente inocente. Llegué a mi pasaje, me cuadré en la reja, grité, golpeé la reja varias veces con una piedrita, nada ni nadie. Caminé dos cuadras hasta llegar a la reja principal del Parque Dasso, igual, llamé, golpeé la reja con una piedra más grande; por el centro del parque, frente a la Cruz, se encontraba la figura de Don Diego, como siempre se hizo el ciego y sordo, el Don Diego cuidaba el agua en el día, en las noches regaba el verde y bien solapa llenaba las enormes cisternas del edificio donde vivía, inmueble endeudado con cerros de recibos de agua, gracias a sus inquilinos y propietarios morosos y conchudazos. A sus espaldas los vecinos rajaban que robaba el agua a SEDAPAL, otros decían que el agua era de la Municipalidad; otros lo insultaban porque no compartía el robo. Por fin el guachimán se despertó, ingresé al Condomio Miguel Dasso, atravesando el parque vi a una joven madre de familia arranchándole la manguera a acuático ladrón bueno:

- ¡Agua que no has de beber, compártela miserable, agua para tu molino eso si ... hijo de tu madre!


Llegué a mi edificio, sin llaves, sin celular, sin que nadie se apiade de mí. Disimuladamente grité bajito a las ventanas del segundo piso de mi casita:

- ¡Mary, tírame la llave!

Repití la acción varias veces, subí el volumen, golpeé la reja de mi edificio, grité con más euforia, en el climax de las llamadas solté un lamento aterrador gritando una lisurota; se abrió la ventanita de mi cuarto. Mi bella y linda esposita sacó su cabecita, me observó con cara de bruja, se retiró, me quedé mirando la ventana, y zuácate, me lanzó el manojo de llaves como si fuera la piedra de David frente a Goliath, con las justas dí un saltito para atrás y las llaves pasaron cortando el aire de mi perfil greco-victoriano, estrellándose en la vereda y marcando las siluetas de las mismas con chispas de fuego. Rapidamente recogí las llaves, miré a todos los rincones y confines del pasaje y del parque, nadie. Súbitamente abrí la reja del edificio, trepé la escalera y entré a mi casita agotado y agitado en mi alma.

- ¡Por poco me matas con las llaves!
- ¡Y tú nos vas a matar con tus escapadas! ¡Sinvergüenza! ¡Dónde te habrás metido!
- ¡Los policias me llevaron a la Comisaría!
- ¡Ese cuento cuéntaselo a tu abuela! ¡Ni mentir sabes, idiota!

Tratar de explicar era cosa de locos. Después de dos horas de pestañeo, salté del sillón, una afeitada a la rápida y salí a la calle con dirección al trabajo. Observé mi lindo pasaje, pensé - de madrugada es otra cosa - y desde el cielo escuché una inconfundible voz de mi vecinito del edificio del frente, imitándome:

- ¡Mary, tírame la llave! - soltó una risita cachacienta y tiró un golpe de ventana.

Caminé dos cuadras hasta la carretilla de los agachados para tomar mi desayuno, todos los vecinos en mancha en vez de buenos días, me dijeron:

- ¡Mary, tírame la llave!

Nadie me creyó la odisea con los delincuentes y corruptos de la Policia Nacional. Hasta el momento todos creen que llegué tarde por culpa de un vacilón, y todo eso por culpa del chismosón de mi vecinito El Chato Bocón.

Al final la vida sigue igual ... corrupción, chantajistas, secuestradores, estafa o latrocinio calificado. Vulgares delincuentes, delincuentes con saco y corbata, engaño, mentiras, promesas incumplidas; muerte y asesinatos. Para mí la cancioncita de Sandro nunca pasará de moda:

"¡Al final la vida sigue igual! / El tiempo y el destino me han golpeado sin cesar / Más yo sigo adelante, sin dejarme doblegar / Pues no vale llorar, tampoco suplicar, hay que pensar que todo pasará / Y aquí ya ves, yo estoy y río igual / ¡Al final la vida sigue igual!".

Karlsruhe, Abril, 2009.

Gol agónico en la Cancha de los Muertos.

Gol agónico en la Cancha de los Muertos.
Para el angelical Carlitosf, el huerfanito del Pasaje Corbacho, el hijo putativo de Odriozola, el primer avicultor Santificado del Parque Miguel Dasso.

A una semana para festejar el Primero de Mayo - Día Internacional de los Trabajadores - fiesta por antonomasia del movimiento obrero mundial, nos llegó una invitación para jugar un cuadrangular en la famosísima Cancha de los Muertos del Estadio Municipal del Distrito de Chorrillos. Luchito Puma, el popular Si Don Luis, leyó a todo pulmón la esquela. Varios de los jugadores no querían salir del barrio aludiendo que en el Día de Trabajo no se trabaja, y como había una pollada bailable hasta las últimas consecuencias con mayor razón, nones.


- ¡Los mártires, nuestros muertos, necesitan una reivindicación, gracias a ellos tenemos la jornada laboral de ocho horas de trabajo y ocho horas para el sueño. Sólo cumpliremos nuestro deber si nos traemos el trofeo por las ánimas que en Paz descansan! - Dije mi arenga con una convicción de obrero percudido en los zocabones de los callejones sahumadores victorianos.
- ¡Vete a la mierda! - Me arrocharon en mancha.

Al Che Julio Parodi, nuestro Director Técnico; victoriano jubilado en el Barrio de La Boca; le pareció buena idea aceptar el torneo. El compañero delegado Manué Franco pidió votación.

- ¡Mayoría manda! ¡Levanten la mano los que quieren ir Chorrillos!

Manué contó y la mayoría ganó. La Bruja Fernando ofreció en venta chimpunes de segunda mano del Mercado Central. Fredy Federico y el Chato Rubén se comprometiron llevar cámara fotográfica y vídeo. El siempre colaborador Don Jaime Montenegro ofreció llevar a la gente en su Combi Asesina.

Llegó el día y la hora, subimos en fila india al microbus. El capitán goleador Julio Polo González y su compadre Jorge Camión Albújar cargaban la imagen de nuestra Santa Patrona Nuestra Señora de las Victorias. Mayco Munanqui, el portero, estrenaba camiseta nueva color morado. Los Albújar; Paco, Pedrito, Carlos, Zambi, Chelo; erradiaban simpatía y frescura al ambiente. Los hermanos Camberra, Osskar y Veache Chávez cargaban el agua y el botiquín de primeros auxilios. Gonsha Simón llevaba en su maletincito un botellón de Shiumura con dos pasita. Ugo Tocón y Luchito Alberto aparecieron con caras de boleto al colepato. Luchito cargaba sobre sus hombros a su engreidísimo sobrinito, el querubín me miró entre sorprendido y maravillado, nunca había visto a un crack tan de cerca.

- ¿Qué? ¿Tú tambien juegas? - me preguntó la inocente criatura.
- Si. Te voy a demostrar lo que es bueno. El primer gol que haga desde ahorita te lo estoy dedicando a ti.
- ¡Ahora eres goleador, que bacán .... pero nunca de los nuncas fuístes un padre, bueno eso no se estudia, con eso se nace! ¡Y tú no lo eres!. - Carlos David, el Asesor Comercial de Kia Motors, escupió un comentario fuera del bacín.
- ¡Este ñato es igualito a su papá! - Exclamó el más cocharca del grupo.
- ¿Viste jugar a mi papá? - preguntó el angelito.
- Toda La Victoria y alrededores vio jugar a tu señor padre, un gran caballero, un gentleman. En un avión se fue de La Victoria a la gloria. Jugando está con los Campeones y desde su Gloria, grita: ¡Arriba Alianza de La Victoria!!
- ¡Oe viejo, no seas patero! ¡Nunca fue bueno, cumplidor no más! - volvió a joder Carlos David de Kia Motors.
- ¡Oe, güevonazo, respeta güevón! - Luchito Alberto interrumpió - Mi sobrinito es nuestro amuleto, es nuestra mascota y vamos a ganar. - El tufazo de Luchito Alberto; a pisco, tabaco y ron; se impregnó en el interior del vehículo.

Cuando el equipo entró a la cancha, los ayayeros, los mutantes, los chicos malos dueños de lo ajeno y los zanahorias, aplaudieron a rabiar. En el primer partido vencimos por 3-0 a los organizadores, el aguerrido Club San Pedro, a ellos les faltó precisión para definir, su Santo Patrón se quinció y nos ayudó a nosotros. Polo González, Yuri, Totem y Willy Villegas demostraron su valía. Yo me la pasé calentando la banca de suplentes. Descansamos una hora, hicimos tiempo y un poquito de trote. De nuevo a la cancha. El árbitro pitó llamando a los equipos.

- ¡Bueno pibes, desagüevence, jugá como en el barrio!

El Che técnico miró a cada uno de los jugadores, menos a mí, yo seguía en banca. Una hora más de espectador. Se acercaba el final del encuentro. Nosotros, Atlético de BalconCity, habíamos dominado el primer y segundo tiempo en forma contundente, el pizarrón señalaba un rotundo cero a cero. Camión Albújar levantó un brazo, levantó los dos brazos, miró con odio al Ché DT. Con los brazos en jarra, pidió con un grito que no le pasen la bola, pidió chepa, cambio, reemplazo. El empate favorecía a los otros visitantes. El hijo adoptivo del barrio de La Boca de repente miró desconfiadamente hacia mí. Miró la banca de supletes y para su desgracia el único suplente era yo. Miró a los Directivos del Club, me miró fijamente a los ojos con una convicción paternal, y me dio el valor necesario para mandarme a la Cancha de los Muertos.

- ¡Che vos, mirá fiera, no la vayas a cagar, si te aprietan, botála che! ¿Entendés? ¡Salí y jugá como vos sabés!

Me persigné tres veces. Toqué el gramado y me di otra persignada por si las moscas. Los veintidos jugadores estaban trapos, parecían los últimos clientes de polladas y de güevaditas. El pibe querubín me miró como un fantasma en pena. Me ubiqué en mi puesto. Luché como un varón. Mi rival me tenía cojudo. Lo único que hacía yo era botar la bola al lateral. Último minuto. Con el último aliento me la jugué y mandé a la borda las indicaciones del entrenador. Pedí el balón, Frank Reyes me la cruzó, hice un amague con quiebre a veinticinco metros de la portería contraria, toqué en prima para el doctor Condor Artidoro, me la devolvió preciosamente de taquito; acomodé la pelota con un pequeño toque, miré el arco, hice la finta de centrar bola y la puse en el ángulo recto superior derecho, totalmente imposible para el supermán chorrillano. La belleza de la jugada dejó estupefacto a medio mundo. Me salió un golazo de arte moderno como nos tenía acostumbrado el Poeta de la Zurda, el Cholo, el Nene o el incomparable maestro Pedro Perico. Todos los espectadores se sorprendieron de lo que fui capaz, hasta los contrarios, hinchas y jugadores, me aplaudieron.

Por diferencia de goles, nos trajimos el Trofeo a casa. Celebramos a lo grande en la pollada bailable, al día siguiente nadie sabía nada de la Copa Trofeo.


En la mesita de noche del buen niño querubín, junto a la foto de su santa madrecita y de recortes de periódicos con ilustraciones del gran Lolo Fernández, Alberto Terry, Roberto Challe, Chemo Del Solar; reposaba brillantemente iluminada con una velita misionera el máximo Trofeo de la Cancha de los Muertos.

Karlsruhe, April 2012.

Carta impía y pública para el irresistible ciudadano Carlosf de la tribu de David


Carta impía y pública para el irresistible ciudadano Carlosf de la tribu de David

"Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles". Mahatma Gandhi.

Semana Santa, Viernes Santo, nuestro acongojado barrunto recuerda la Pasión de Nuestro Señor: su aprehensión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Inspirado en el Verbo escribí un clásico cuento de barrio y lo pegué en mi concienzuda página blog. Inmediatamente recibí manifestaciones de cariño y también recibí un comentario, una clase modelo de ética y moral.

- carlosf dijo: ... Eres de todo, que bacan ... Pero nunca de los nuncas fuistes un padre, bueno eso no se estudia, con eso se nace!!!!!! Y tu no lo eres

Como buen vecino pródigo respondo con el mejor y más puro de los sentimientos que nos enseño Cristo Jesús: El Amor.

- Carlosf, espero que hayas leído el cuento "Viernes Santo de reflexión" antes de poner tu lacónico comentario. Mi blog Leonadas, principalmente, es para entretener pero si se trata de reflexionar te puedo decir que tienes razón. Fui un mal Hijo, un pésimo Padre y un peor Espíritu Santo. ¿Tú estás libre de pecado? ¿Puedes arrojar la primera piedra? Te deseo: Salud, Paz, Amor, Armonía y Bendiciones. Saluti alla tua famiglia. Amén. Niky León del Dasso. - PD. La palabra correcta es "fuiste" sin "S".

Al no recibir respuesta de Carlosf, al tercer día envié otro correo electrónico al Muro de COMANDO SUR ORLANDO, CLUB ALIANZA LIMA:



- Mi entrañable Carlosf: "Y en verdad os digo que tu verdad está construida con cimientos de barro cual castillo de naipes en el aire. Mi verdad es la verdad verdadera y por decencia no voy a escribir un comentario en el anonimato. Todos los datos están fríamente compaginados en el borrador de mi próximo libro intitulado "Amor, mentiras y desengaños en el pasaje José María Corbacho". Dedicado con respeto y cariño a Mi gente querida del parque MIGUEL DASSO". Trataré que te llegue un ejemplar a precio módico. Si antes no di nada ahora con mayor razón doy menos. Niky León de BalconCity.

Tanta reflexión y sin respuesta alguna me reflexionaron y decidí escribir una carta pública para que no quede huella ni malos pensamientos, y dice así:

- Mi irreparable Carlosf:
A estas alturas del juego de la vida, veo más limpio y más claro mi cielo blanquiazul, escucho al Espíritu Santo trinar y a las paredes hablar; estoy despercudido de odios y rencores; psiquiátricamente no tengo remedio ni cura, soy feliz.
Llevo escribiendo hasta la fecha varias obras de teatro; artículos periodísticos; ensayos revísticos; maleteos, chismes, cientos de cuentos y muchos de ellos se encuentran en mi página blog Leonadas. En ninguno de mis escritos te he mencionado, ni a tí ni a tu inmaculada familia, pero, huelo en el subtexto de tu incipiente comentario el querer ser llamado a la posteridad.
Pues bien, como buen vecino pródigo cumplo el mandato celestial de nuestra Santísima Cruz del Dasso, de ahora en adelante te tendré presente en mis narrativas. ¡Os recalco, a partir de hoy estarás conmigo en el paraíso palermitano! Estarás convertido en un personaje real o imaginario en mi mundo cuadriculado lleno de aventuras, de acción y contradicción.
En nombre de los duendes gráficos y de los querubines terrenales participarás en la inolvidable tierra del nunca jámas del realismo mágico victoriano con sucursal en el paradísiaco barrunto de BalconCity. No te preocupéis, no voy a poner tu nombre ni tu apellido pero los ávidos lectores electromagnéticos cibernéticos sabrán que eres tú y solamente tú; el inconfundible e irresistible ciudadano Carlosf de la tribu de David del parque Miguel Dasso. Atentamente con atención me despido con un grito desgarrador de AMOR:

¡ALIANZA LIMA CORAZÓN! ¡COMANDO SvR - La Fiel y Leal #12!

Niky León de la Rica Viky de La Victoria.

Viernes Santo de reflexión

Viernes Santo de reflexión
A quien madruga. Dios le ayuda.


En la esquina de La Oficina participábamos de un tranquilo Viernes Santo de reflexión. Picando una fuente de atún grated con galletitas de soda, y bajando el picante con sangría de casa y chelitas heladas. El gordo Chorri Nicolini nos pone las pilas para seguir reflexionando en su barrunto, el veraniego distrito de Chorrillos. Aprovechamos el auto de Óscar Semilla, nos acomodamos misma lata de sardinas. Anclamos en la Playa de Agua Dulce, nos cuadramos en un kiosko con vista a una canchita de vóley playa donde jugaban unas jugadoras profesionales. Ni bien pedimos el menú como por arte de magia se acabó el partido y las chicas entraron en tropel a la terraza granputeándose unas a otras. Nos jodieron la tranquilidad de reflexión. Dos mastodontes con pinta de pescadores artesanales sacan la net y sus parantes e instalan dos arquitos de futbito playa. Del otro lado, un grupo de fascinerosos nos retan a jugar una pichanguita. Decentemente los mandé a rodar para que no joroban la paciencia. Mis yuntas me miraron mal. Nos miramos como buenos victorianos. Con pendejada. Semilla incentivó los ánimos.

- Cumpa, recordemos los buenos tiempos.
- Semilla, me casé y colgué los chimpunes, no jodas, juego ... ¿y si me muero?
- ¡Vamos güevón!, gritaron los impuros.

Pavoni y Nicolini, los más maletas, aceptaron el reto.

- ¡Con apuesta! - gritaron los chorrillanos.
- ¡Una caja de chelas! - respondió Nicolini.
- ¡Con seviches!
- ¡No hay problema! - gritó Pavoni.

Me dí una chequeada de cuerpo entero. Era el fiel reflejo de una dolorosa y triste realidad. No quedaba nada de aquel cuerpo atlético que yo tenía.

- ¡Vamos güevón! gritaron nuevamente los fariseos victorianos.

A regañadientes acepté. Nos liberamos de las tabernas y de las micaelas, dando saltitos sobre la arena caliente entramos al recreo deportivo. Yo al toque agarré mi puesto antes que otro se me adelante, libero back central; Canuto Iscariote Villanueva se acomodó en el arco; Pedro Perico León, centro delantero; Semilla Óscar Puma en la volante; El Chorri Nicolini, entreala güeveador; Eduardo Pavo Pavoni, puntero mentiroso.

Nos tocó sacar bola. El heladero del triciclo de D'Onofrio fungía de árbitro, tocó el silbato. El gordo Nicolini no sabía que hacer con la redonda, da la espalda al campo contrario y la retrocede a Semilla, este con dificultad la manda hasta nuestro arco; Canuto sale de su arco, yo me abro hacía la derecha, Canuto me la pasa dificultosamente con bote; la domino y se la cruzo a Semilla, me la regresa en pared, sigo corriendo, se la entrego a Pedro Perico, me la devuelve al toque, también, en pared; la bola se levanta; con el pechito la mato, la duermo, la voy bajando en cámara lenta, la acomodo para el muslo izquierdo y con un toquecito me doy un autopase para mi pie derecho, y de voleo saco un patadón ... y ... gol. Levanté los brazos a lo Teófilo Cubillas, miré al cielo para agradecer al Señor y el cielo azul se me puso negro, me dio soroche, me faltaba el aire, di dos pasos y salí de la canchita, sentí mi respiración arítmica, el pulso nulo, mis ojitos blancos vieron mis ideas. Me tumbé en la arena con agarrotamiento muscular, se me acalambraron los dedos de los pies, las pantorrillas, el empeine derecho. El heladero preocupadísimo me miró sin acercarse, me examinó a la distancia y pitó.

- ¡Ese cojudo quiere enfriar el partido. Se hace el pendejo!!

Siguieron jugando, el árbitro dio largona, hubo un conato de bronca. Pito final. Acabó el partido y mi descanso técnico, el equipo se había replegado en nuestra área defendiendo el único gol, ganamos uno a cero. El golazo madrugador nos dio la victoria. Me llevaron en camilla a la mesa adornada de una jarrota de sangría, cervecitas al polo, seviches y choritos a la chalaca.

Al principio parecía Lázaro dando los primeros pasos después de la resucitada. Entre sorbo y sorbo, poco a poco, fui recuperando la salud, el pulso se me normalizó.

- ¡Salud, salucito, y que siga la jarana, aunque no se coma mañana! ¡Dame otro pisquito para resbalar los choritos, nos iremos de madrugada en un colepato hasta la parada para arrimarnos con un criollazo caldo de gallina!

Después de saborear mi leche de tigre y dos cervezas  negras más, llegamos bien curaditos al barrio con unas caras de Poncio Pilato.

Foto: Postal Lima Antigua, Playa de Agua Dulce - Chorrillos.

Karlsruhe, April, 2012.