Reflexiones desde la cuarta pared

Reflexiones desde la cuarta pared
De niño fui un asiduo concurrente teatral, gracias a mamita; de joven seguí con el interés teatrero; y como ciudadano con libreta electoral, insistí tercamente. En el transcurso del tiempo aprendí que en el teatro nunca se termina de aprender.
Y por aprender más, dando tumbos, llegué al Teatro de Arena de São Paulo, sabía que estaba cerrado por orden de la represiva dictadura militar, pero quería verlo, sentirlo, palparlo; al director lo habían etiquetado como activista cultural, lo habían tomado preso y desterrado. En la universidad nos contáctamos con ex-integrantes del grupo y nos explicaron salomonicamente los lineamientos del Teatro de Arena, el sistema Coringa y las bases del Teatro del Oprimido.
Nuevamente en casa, preparando una obra con la esperanza que todo lo aprendido funcione, sin querer queriendo mentalmente comencé a comparar los trabajos que hasta entonces había visto. Y traje a mi memoria las obras más significativas de la cartelera nacional:
La Celestina de Fernando de Rojas. La Celestina es el personaje pintoresco, vívido, hedonista, avara y vital; "mujer malvada y manipuladora", mejor dicho la alcahueta ejemplar. Fue interpretada por la primera dama de la escena nacional. Según los datos de camarín, el director quedó algo decepcionado porque la prima dona no alcanzó los requerimiento exigidos, pero después de todo el espectáculo tuvo bastante éxito. Me pregunté: ¿En que falló la actriz?; me respondí: No basta aprender letra y recitar de memoria toda la lección aprendida. El personaje tiene que tener vida propia.
Sentados en un rincón del Bar Palermo de la avenida La Colmena, leíamos los argumentos de las obras del comediógrafo griego Aristófanes, acompañados de música clásica del primer violín de la Sinfónica que al igual que nosotros saboreaba su pisco mezclado con gaseosa y limón. De rato en rato había un comentario sobre lo leído. Charlabamos también de anécdotas de camarín. Escuchamos una con mucha atención: Cuando estaban barajando los nombres de los actores para la obra La Ópera de dos por medio, de Bertolt Brecht, para escoger a la "Polly Peachum" de nada sirvió lo dramático, ni la calidad interpretativa de la actrices, sino dieron prioridad a la vara, al tarjetazo del papá que presidía la comisión del presupuesto en el Senado, representante de la estrella de cinco puntas e intereses económicos, para que hubiera plata para la puesta, dejando rezagado lo artístico; lamentablemente el que perdió fue el teatro. Tal acción me trajo a la memoria la premisa de Brecht: "Qué es mayor delito, ¿robar un banco o fundar un banco?."
Seguí con mis eternos estudios, actuaciones y giras; estudiando y aprendiendo. Mientras tanto en cartelera presentaban: Las Troyanas de Eurípides, con la gran actriz de carácter como protagonista. El mensaje de la obra es, una condena a la guerra en general y de las expediciones coloniales en particular. La gran actriz en el papel de Hécuba, la ex reina de Troya que a perdido todo. La prima dona demostró su profesionalismo, perfecta dicción, voz clara y limpia con tonos graves y agudos, engolada y exagerada por momentitos, pero su personaje no demostró su drama.
Con buenos almanaques en el mundo artístico, con lindas experiencias como actor y director, fui invitado a un estreno: La casa de Bernarda Alba, drama de Federico García Lorca. Esta demás decir que en la obra destacan rasgos de la 'España profunda' de principios del siglo XX que vivía en una sociedad tradicional muy violenta en el que el papel que la mujer jugaba es secundario, mezclado con un fanatismo religioso y el miedo a descubrir la intimidad. Bernarda es la tirana, la hipócrita, la déspota. Representa el orden español estricto y represivo. Gracias a Bernarda, Federico, nos dejó su opinión de lo que es el teatro:
"El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre".
Viendo la función, nos fuímos contra una pared; la actriz protagonista reinventa un personaje ajeno a lo que propone García Lorca; por momentos es graciosa, simpática y pintoresca. El cuchicheo se filtró del pasillo de los camarines. “Quiero que todo sea natural, dramático, pero natural, sin gritos”, se escuchó el consejo del director. Y el colmo de los colmos, las buenas y favorables críticas salían publicadas en el diario conocido como el "Decano de América". Periódico de marcada ideología política de derecha. Y lo que publicaba el Decano, los mortales lo aceptaban como verdadero.
Otro si, cuando los articulistas definen a una actriz como : "la gran actriz de carácter", "primerísima actriz de carácter": ¿Qué quieren decir? Existe un concepto y creo que es diferente a lo que quieren decir los "comentaristas" y "críticos de arte".
Cuando lejos me encontraba de casita, en Berlín Este, me enteré por los medios que habían estrenado "Madre Coraje y sus hijos" de Bertolt Brecht. El argumento: Madre Coraje es una astuta vendedora ambulante que saca provecho de la guerra y del dolor humano. Es la obra fundamental del teatro épico de Bertolt Brecht, donde utiliza el efecto de distanciamiento, para evitar la catarsis y permitir al público el entendimiento del proceder del personaje y las consecuencias de la guerra. El tema es un profundo alegato antibélico. La audiencia debe reaccionar indignada ante la inutilidad de la guerra y no compadecerse emocionalmente de Madre Coraje.
Por los mismos medios, prensa escrita, leí una entrevista a la protagonista en la que manifestaba, que se había preparado suficientemente bien para meterse en el personaje y sufrir y plasmar los avatares de la Madre Coraje; para mi concepto, fue una magistral errónea preparación, muy lejos de los preceptos del Breviario de Bertolt Brecht.
Para terminar:
"La función social del teatro no es la de mostrar como son las cosas verdaderas, sino la de revelar como son verdaderamente las cosas". Bertolt Brecht

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