¡Zorro, paga lo que debes!

¡Zorro, paga lo que debes!
Dedico la siguiente narrativa a mi entrañable amigo, maestro vidriero y querido vecino del alma, Guillermo Aparicio (a) Memo, solterón maduro de Vizcardo y Guzmán.

Como en las buenas familias en BalconCity, también, tenemos nuestros problemitas; los vecinos nos queremos y respetamos pero al igual que una parejita de eternos enamorados tenemos que limar ciertas asperezas para reanimar el romance y así remar en la misma correcta dirección para que todo marche sin contratiempos y con mucho amor.

La casualidad fue que en el mismo día de mi cumpleaños número cincuenta, Bodas de Oro de mi Natalicio, me tocó ser protagonista de un escandaloso y sonado birrinche palermitano. Como nunca había salido temprano de mi dulce hogar, en el taller familiar me esperaban con duda y asombro, me dieron las órdenes correspondientes de las labores del día, un hermoso sábado chelero pero primero había que cumplir con las obligaciones, me tocaba cubrir la función de Jefe de sección cobranza; con plano y direcciones bajo el brazo tenía que peinar las zonas gráficas de Lima y La Victoria, y alguito de Breña; cobrar a los benditos morosos hijos de la morosidad. De paso yo cobraba lo mío, mis cachuelitos, fotos, muertos y heridos.

Cuatro de la tarde del mismo día regresaba al barrio con la cara larga, algunos inescrupulosos habían amortizado migajas, el resto había prometido para la próxima semana; y lo mío, solo me habían pagado tres fotos con rebaja. Bajé del micro en la sucursal del guaguancó, la avenida Palermo, toda la gente del barrio de fiesta y mi billetera de luto; a paso ligero sin fisgonear me dirigí al taller a rendir cuentas, en eso se me da por sapear el telehipódromo, una buena mancha de conocidos pero la mayoría misios; miré la berma central, otros conocidos pero antipatiquitos; luqueo a las esquinas y nada; en eso miro mi licorería favorita "Botillería La Negrita" y veo adentro una cara simpática, mi vecino Memo, esfuerzo mi vista de lince mismo Terminator y veo a su cuñado Jorguito Nassi, y entre los borrachines a Bigote; y en el centro, sapeo, nitidamente, a uno de los más grandes tramposos, sinverguenza, conchudazo del barrunto, el trístemente célebre: Señor Zorro (a) Carlos Aparicio, el de los bonitos ojitos verdes. Rodeado de ayayeros chupando como vikingo con su gentita de media mampara; el cánido este se me había escapado infinidad de veces de la exhaustiva cobranza; siempre me metía un floro en el taller o cerquita de la casita de mamita y en ese terruño yo soy niño bueno, más bueno que un pan; no podía decir nada ni levantar la voz, todo cojudazo atracaba sus mentiras y cuentos; pero ahora estábamos en corral ajeno, había que hacer algo, por ejemplo, ir a cobrar.

Crucé la avenida despacio pensando como entrar en la conversación. - ¡Mira Zorrito ha pasado un güevo de tiempo y me estas meciendo de lo lindo, bueno, pues, ya basta de mecidas, entre gitanos no nos podemos adivinar la suerte¡, repasaba la lección mentalmente para decirle lo aprendido como amigo y se caiga con algo. Llegué al umbral de la licoreria y me paré como cherif de coboyada, interiormente me daba valor escuchando en mi subconciente la músiquita "Por un puñado de dólares", por supuesto que yo era el bueno, Joe, Clint Eastwood; en eso, del mostrador salen dos bravos, con caras de malos, que se me vienen encima, los nuevos abigeos de BalconCity, Louis Carrasco y Edward Market, tragué saliva pero como era el jovencito de la cauuboy seguí parado en mi sitio.

- ¡Jelo! Quiúbole? Me saludo Louis. Edward movió la cabeza.
- ¡Holas! Quiero cobrar una arruga … al Zorro. Dije despacito.
- ¿A ese? Me miraron y movieron la cabeza sonriendo. Perdíste, ón. Mejor vete y no te hagas problema. Me animó a la retirada.
- Voy hacer el intento.
- ¡Esa basura es un hueso duro de roer! ¡Táque care!

Saludé a todos los presentes, ní me miraron, miré al Zorro, me dovolvío la mirada con odio. Yo me hacía el que no me daba cuenta. El Zorro, antes que yo pudiera abrir la boca, se me adelantó y todo guapo me despachó.

- ¡Oe, si vas a venir a joder mejor te largas, ahora estoy con mis amigos, más tarde o el próximo sábado arreglamos cuentas, llegaste placé, chao!
- ¡Oe, Zorro, zonzo de mierda, sí no quieres que te jodan pága! ¡Pá gá ló qué dé bes!¡Págame lo que debes! ¡No te hagas el cojudo! ¡Yo también quiero licorearme! Le dije con todo el respeto que se merecía delante de sus amigos. ¡Yo soy tu amigo, taradazo, por eso te di crédito imbécil!

Me acordé de mi historial de matón en mi escuelita de Kindergarten.

- ¡Hubieras venido más temprano, he pagado el menú, espera el otro sábado!
- ¡La señora del menú te está buscando con policia y recompensa!

El abusivo me mentó la madrecita. Me sonreí, volví a la carga.

- ¡Paga no más! ¡No te me hagas el valiente qué nada te cuesta!

Yo hablaba fuerte pero controlando mis gritos, en el fondo me hacia el valiente manteníendo mi distancia de cualquier imprevisto; le seguí cobrando, cobre que te cobre delante de toda su mancha, el matón de cantina hervía en cólera hasta que conseguí lo que quería escuchar. Uno de sus ayayeros, el payasito del bar, dándosela de matón de esquina, como bueno le aconsejó que me metiera goma; para mí era la primera vez que un metiche me caía super bien. El chistosito fingiendo voz gruesa de macho machote, grito:

- ¡Sácalo al fresco y reviéntale el pico por bocón!

Otro ayayero fue más cauto en sus palabras:

- ¡Págale al idiota este para que no joda y nos deje chupar tranquilos!

El Zorro con sus noventitantos kilos de peso e impresionante y descomunal tallota avanzó un par de pasos, lo insulté y al toque salí de la tienda, agarré vereda, su mancha en mancha me cercaron, a empujones yo seguía retrocediendo y guapeando, en un momento nos quedamos cara a cara, él con dos botellas de cerveza en una mano, una helada y una sin helar, y con un vaso bien servido cepillado de a cheque en la otra. Su hermano Memo, muy acomedido, le quitó las botellas y el vaso para que esté libre de bultos. Y burlonamente me miró como diciendo: "¡Ahora que te maten por cojudo!" Zorrito hizo un ademán de golpe, retrocedí empujando a los bravos que no me dejaban retroceder, estaba en medio, solo y acorralado en el círculo de la muerte; en eso veo con el rabillo del ojo nuestra camioneta con Emilio, el lugarteniente de mi hermano menor en la caña; no distinguí al copiloto; agarré confianza y me acomodé para lo que venga. Zorro estaba caldeado y no soportó más los insultos y la cobranza, hace un ademán de meterme un tabazo, con el hombro vuelvo a empujar el cordón humano; me sentía más acorralado que cuy en tombola. El Zorro se me viene con todo y yo hago un queco, lo que nadie hasta ese momento había pensado, ni el Zorro; me metí en su guardia y le apliqué un tremendo puñetazo al mejor estilo de mi Campeón Nacional Mauro Mina de Chincha Cuna de Campeones. Zorro se me desarmaba con el hocico hinchado y comienzó a caerse lentamente de espaldas como Goliath; aprovecho la sorpresa general y en prima salto por sobre las cabezas y hombros de la gran muralla humana, mismo jugador de fútbol americano, de suerte que caígo parado, hasta las caiguas pero parado; con otro gran salto felino mismo gato techero como una tromba me prendo de la puerta derecha de la camioneta, estaba con seguro, miro a través del vidrio y me doy con la sorpresa que adentro, orinándose de miedo estaba El Pato Edgard Sardón, le pedí por favor de buenas maneras que me abra la puerta y el muy maricón no atinaba a nada.

- ¡Abre conchatúuuumare! ¡Imbéeecil! ¡Aaabre! ¡Hijodepú! ¡Abre maldecido! ¡Maricón! ¡Cobarde! ¿De qué tienes miedo? ¡Idiooota!

La gente del Zorro empezó a reaccionar, doy dos trancazos por encima de la tolba llegando con las justas a la otra puerta. Cerrada también con seguro. Vuelvo a pedirle por favor al Pato Sardón que me abra la puerta.

- ¡Hijodetumare! ¡Abre rechuchatumaaay!! ¡Aaaaabre!! Pormi mádrecitaaa queyáaaate cagástee conmiiiigo! ¡Abre cobarde!

Se me vino un iracundo fans, le metí un cachetadón, y otro y otro, y todos los hijos de la guayaba; en mi desesperación corrí en fracción de segundos como cien metros sin respiro en tiempo record, atrás mío volaban las botellas, vasos, latas de cerveza. Memo corría desesperadamente aconsejando a su hermano Zorro.

- ¡Las botellas llenas, no! ¡Las llenas, no! ¡Las botellas con cerveza, nóoo! ¡Zóorroo, noooo!

A los cien metros exactos se me acabó la cuerda, me metí a la Panadería y entre vitrinas, vidrios y el mostrador esperé que pase lo que pase. Controlando mi respiración. Entró uno, otro, y otros con caras de lobos hambriento, atrás llegaba el Zorro, le hicieron un caminito. Zorro se me cuadro a un metro de distancia, ahora me tenía respeto, estaba tan cansado y agotado que no atinaba a nada; quizo levantar el brazo y le pesaba, quizo patear y se acalambraba; me sonreí cachacientamente y con ironía estudiada; con la palma de la mano a manera de un cachetadón le empujé la cara de zorro languideciento, retrocedió un buen paso, inerte. Ahora su gente iba a ser justicia por él. Esperé lo peor. De afuera escuché una voz bajita pero firme del ex-infante policia militar del ejercito peruano: Emilio, el lugarteniente y chaleco de mi hermanito Yuri; me tomó del hombro y salí de la boca del lobo, vivo.

Caminando a paso lento, el ex combatiente de primera clase me dio más valor para no volver hacer cojudeces, menos en el día de mi cumpleaños.

- ¡Esta es la última vez que te salvo la vida, ya no me voy a meter en tus problemas, la próxima me sigo de largo, dejaré que te saquen la mierda así se amargue Yuri! ¿Haz entendido? ¡La última vez!
- Yo solo quería cobrar mi sencillo.
- ¿Qué le vas a cobrar al sinverguenza ese del Zorrosquete? ¡Todo el mundo sabe que ese no paga!

Hasta el momento mi corrida ha pasado desarpercibida, muchos a lo mudo y quietecitos me apoyaron con su silencio. Cuando me llevaban en la camioneta me arregle los lentes, ví que me aplaudían sin golpear las palmas y sonreían de satisfacción. Me había convertido, sin quererlo, en el vengador anónimo.

Ahora después de diez años, a Zorro (a) Carlos Aparicio, le perdono todas sus malcriadeces y él que me perdone todos mis pecados, pero, la deuda no se la perdono, sigue pendiente y en la próxima vez, voy a cobrar acompañado de mi bateria porque Emilio ya no me quiere apoyar.

Karlsruhe 2010.

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