El zapatazo del Agrónomo del diablo (666)
Racconto de los últimos minutos del agrónomo del diablo en La Oficina.
Me trajeron a la memoria varios chismes, no presté oídos a ninguno de ellos porque sabía que la envidia los corroía y más que chisme eran habladurías.
- Carlitos, nunca pensé que te prestabas para la güevadita. Pensé que eras mudo porque nunca te escuché decir ni pío, me acuerdo que mirabas petrificado, te mordías las orejas de angustía y resignación.
- No podía hablar porque …
- ¿Estabas trabado? Con razón, también, te querías morder el codo.
- Si lo quieres decir asi, si. Escucha … yo lo vi ... estaba en la esquina, en la esquina de La Oficina. No te imaginas como quiero matar la amargura y el dolor que me produce la desgracia ajena. Quiero desahogar mis penas, mi llanto, mi culpa y mi tormento.
- ¿Chuchi, estás grifiado? Creí que estabas zanahoria.
- Yo estaba con el cieguito Aldito, el hipócrates; él hermano de la flaca Sessi ...
- ¿Que michi has visto, Carlitos? Tú eres el Ciego Carlos; el otro, el Ciego Aldito. ¿Qué miércoles vieron? ¡Dos ciegos, no jodas!
- Yo vi todo, Aldito solo vio la mitad porque él ve solo con un ojo con el otro no ve ná. Lo que te quiero contar está en el parte policial de la policía, me llevaron a la fuerza pá que declare, y declaré lo que me convenía, cojudo no soy.
- ¿Cinco minutos es suficiente? Habla.
- Cuando llegué a La Oficina, el Agrónomo estaba completamente descuajeringado, yo no sé si se había metido un tiro de plata a lo Llanero Solitario pero lo vi tambaleándose, él se arrecostó a la paré de Oso Grasso, dio dos pasos pá delante y uno pa'trás; volvió a dar dos pasitos más pá delante y volvió a dar un pasito pa'trás. Miró pá La Oficina todo virolo, veía doble, todo a duque. Se agarró del poste, cerró los ojos mirando el cielo medio dormido y meó. Ya era de noche. Los mutantes y zombis merodeaban la esquina. Los apaches y las gallinas narices frías habían ocupado La Oficina, estaba full de llena, no había sitio pá sentarse. Las gallinas gritaban como si las estuvieran matando. El agrónomo estaba tomando racumín con Omberto del Boca, el veneno se lo había regalado El Padrino Tawa ... Mozza le dijo algo y el agrónomo se agachó para recoger su Shiumura dos pasitas que estaba entre el murito y el jardincito; la Mozza le quiso patear la cara y perdió; el agrónomo le agarró la pata y ella se fue en caldo y se recontrasueleó, se sacó la connchasuumare; Cuchín recogió su racumín y se fue junto a los Marchenas.
- ¿A qué?
- ¡No sé!
- Los taradúpidos, el hijo del Riqui, el Chato Marlon Pitufo y el finado Arbertor, esperaron que se tomara otro sorbo de
Shiumura para sacarle la chochoca. Los otros fuguretis, toda la mancha crema, lo empezaron a gritar y a botar al agrónomo, él se defendió como los buenos pero era él solito contra todos los plumíferos que le hicieron carga montón, callejón oscuro, le rompieron los botones, el cierre … Entonces el agrónomo se sacó su zapatazo chancabuque y se los tiró a ellos endiabladamente y la tabaza le cayó en la jeta a la Mozza. Le gritaron: ¡Cuchín, con la misma vara que mides serás medido! “¡Volveré y juro que los haréee pedazos! Respondió Cuchín. Después desapareció.
- ¡Carajo! ¡Para ser ciego eres bien sapo!
- ¡Pregúntale si quieres al ciego Aldito!
- ¿Y el ciego Miguel de las casitas blancas?
- ¡No vio nada … llegó tarzán!
- En la Comisaría quisieron arreglar con el Comanche pá que lo capturen y lo metan precioso y el jefecito no atracó. “¡A la Policía se le Respeta!”, les dijo. El jefe no quería manchar sus manos con un ripio. Vamos al Hotel o no hay arreglo, les propuso a las dos. La Mozza y la Katty no se ponían de acuerdo y empezaron a discutir. En el barrio Julyto sacó un bate pá romperle las costillas al gil de la Katty por atrevido. En la madrugada la Katty comenzó a pegar en las esquinas del barrio unos papelitos que había hecho en su computadora, empapeló todo el barrunto: “Se vuzca bibo oh muertho o biem shamkado al Hágromomo deL Diavlo @ Kushínn. Rekompemza: 001 poyada kon hadithibos i todo lo De maz. Rásom yomja del Oso serka A LaOffisina LAKKKTTTAAA”. Con el cuento de que tenían que reconstruirle el cacharro a su comadre, hicieron mil polladas donde se armaban unas orgías bacanales mismo Sodoma y Gamarra, Guatica y La Parada.
- Mira Carlitos ya pasaron los cinco minutos, yo no estoy para escuchar más cojudeces. ¡Adiós! ¡Que las luciérnagas te iluminen! ¡Espero que todo lo que me has chismoseado tenga alguito de verdad!
- ¡Por mi virgencita blanquiazul que todo es verdá! Pero la verdá es que el Agrónomo desapareció por el poto de los Andes. Así me dijeron.
- ¡Basta! ¡Ya no quiero escuchar más! ¡Chismoso de ... pacotilla!! ¡Nos vidrios!
- ¡Hey, suéltate un Sol pé ... pá un pan! ¡Conshhhhhón!
Foto: Monumento a los Zapatos Viejos en honor al poeta Don Luis López.
Foto: Monumento a los Zapatos Viejos en honor al poeta Don Luis López.

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