Fotógrafo y boxeador.

Para mi compadre Leo Marallano.

Mi compadre Leónidas DeaLucca, vendedor de artículos deportivos y sobre todo confeccionista de los accesorios para los rudos deportes de artes marciales (Tae kwon do, full contact, kick boxing, karate-do, kung-fu, aikido, judo) y de box. Gran devoto de San Judas Tadeo, Patrón de los casos imposibles. Me llamó de emergencia para que lo ayude a cargar los sacos de mercadería que tenía que llevar a la Federacion Peruana de Box y de paso ver unas peleas de boxeadores Amatuers en la Bombonera del Estadio Nacional, aprovechar el tiempo y hacer una entrevista a una de las jovenes promesas y también hacer unas declaraciónes y comerciales para sus productos en la Radio.

Me pidió que llevara mi cámara fotográfica profesional con el lente zoom que había usado en su matrimonio y equipo (trípode y accesorios) para hacer unas tomas a los pugilistas con los guantes y todo lo que se pueda, pero la idea principal era hacer fotos expresamente a los artículos con los logotipos de su compañía con el modelo boxer encima.

En la Bombonera, Leónidas hablaba con uno, con otro, todo iba saliendo conforme lo había programado, yo estaba que saltaba en un solo pie, a río revuelto ganancia de pescadores, iba a cobrar mi sencillo más las fotos, seguro que me pedía rebaja pero ganaba mis centavos honradamente.

En un momento se me perdió de vista, lo buscaba y nada, yo seguía con mi chamba de fotógrafo y cuidador de los guantes, fajas, peras, caretas, suspensores, protectores de varios tipos, y cuando apareció estaba estaba confundido, llevaba una grabadora portatil en la mano y mirada perdida.

- ¿Qué pasa? Le pregunté rápidamente.
- El boxeador al que tenía que entrevistar no llega, no ha venido, y tengo que ir a la Radio llevando la entrevista. Sin entrevista no me van a recibir para que yo pueda dar las declaraciones, estoy jodido.
- ¡Los de la Radio conocen la voz del entrevistado?
- ¡No! Ni yo la conozco, no conozco personalmente al pata.
- Entonces, entrevistame a mi. ¡Entrevistame a mi!
- ¿Qué?
- ¡Entrevístame a mi! Llevas la grabación, haces tus declaraciones y punto, asunto arreglado. ¿La paras?
- Ya. Acá, junto al cuadrilatero y a la campana.

Nos pusimos de acuerdo en que yo usara una típica voz de negro. Hice una voz de un conocido mio que conocí en el caserío El Guayabo en Chincha. Mi pata Canuto Cottito Milichichi. Escuchamos la grabación y quedamos conforme.

Leónidas se fue a la Radio y yo me dirigí a mi casa con el cincuenta por ciento de adelanto por el trabajo de las fotos y mi platita por ayudar a cargar y cuidar los bultos.

Después de dos semanas regresamos a la Bombonera y conocí personalmente, a medio metro de distancia, al joven que yo había imitado. Y cuando lo escuché hablar por poco me caígo de espaldas patas arriba, el joven boxeador Categoría: Pesado, tremendo manganzón de 200 libras tenía una voz de pito, delgadita y aflautada, esas vocecitas de silbato de fiestas infantiles.

Fue un gancho certero, un perfecto KO a la improvisación.

1 comentario:

chibura dijo...

buenisimo emgustan tus historias mas por que son ciertas si? muy criollas un abrazo profesor