El Escudo Branquiazul.

Todo fue en cuestión de minutos, sucedió en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez en una grabación para un comercial de una marca de cerveza.
Llegué bonito con un impresionante saco de tela Casimir inglés legítimo, de lejos tenía su pintaza, de cerca se notaban los huequitos de las polillas y las mangas gastadas, pero se veía lindo, se veía bien.
En la solapa llevaba el escudo blanquiazul de mi Club Alianza Lima adherido con un fuerte imperdible.
Cuando me tocó grabar dejé el saco en el improvisado perchero en el sitio más alto para vigilarlo. Sólo dije a la cámara, con esta cerveza soy otro, y acabo mi parte, me dijeron gracias, que pase el siguiente.
Cuando me acerqué a recoger mi saquito habían arrancado de la solapa mi escudo aliancista, el saco había quedado huérfano y destrozado, una porquería, se le notaba a la legua el huecazo en la solapa, el hueco parecía una rosa triste en otoño, quíze llorar, granputear, mentar la madre, odiar al vecino...pues, requinté, zapatié, interrogué a los presentes si sabían algo... mandé a rodar a una linda aspirante a modelo que quería ser actriz...estaba herido, ofendido, escupía bilis, tenía los ojos inyectados de odio e impotencia, todos eran complices del robo...miré al cielo, como nunca estaba despejado de nubes y se veía hermosamente azul como el color del solapero...me sonreí, luego me reí, se me comenzó a pasar todita la cólera, reflexioné con sentimiento íntimo, el pericote tiene que ser un buen hincha fanático de Alianza, de mi equipo... mirando el cielo azul y con una mano en mi victoriano corazón ... le perdoné la vida ... ¡lo perdoné!.