El Billete Falso


Hace 10 años, o más, en un feo y crudo invierno de Lima; después de dormir mi borrachera, la rica mona, desperté zombi. En mis tímpanos todavía me retumbaban las melodiosas notas de las estrofas de la Marcha Ugartina, vilmente maltratada por vejestorias voces, voces estropeadas por las imprudentes carrasperas ocasionadas por las ricas chelas heladas y por el galopar de los años transcurridos.

La tarde anterior había asistido a mi colegio nacional (G.U.E "Alfonso Ugarte") de San Isidro, so pretexto de jugar una pichanguita en los deportivos sábados que organiza la Asociación de Ex-alumnos. Después del fulbito reglamentariamente venía el "fullvaso".

Con dolor de cabeza recordaba que con los pseudos deportistas ugartinos habíamos ido en caravana a una chingana en Surquillo "La Frontera" a un paso de San Borja.

Los grandes camarones sabatinos, los langostinos, los gargantas de lata, los gorreros : Lucho & Justino, fueron los patricios que se habían encargado de dirigir el convoy de automoviles hasta el local en mensión apoyados por otro par de acomedidos peseteros que de antemano tenían el local reservado.

Una ayudadita a mis hermanos ugartinos despistados que no ubican a la dupla Lucho & Justino, ellos son:
— Luis Seminario Zafra (a) El Archivado. El que pide permiso los sábados por la tarde con tres soles de propina para los pasajes de ida y vuelta. Fue un carismático Presidente de la Asociación y en menos de lo que canta un gallo la hundió.
— Justino Peralta Lanza (a) Trafa.S.A. Más conocido en el distrito de Surquillo y en el jirón Rufino Torrico por el nombre de su emblemática empresa. A patentado la frase: "Dame nomás que después te pago".

Fuímos a La Frontera por unas cervezitas y unas porciones de chancholíes y anticuchos. El local era tan chiquito que había que hacer cola para ingresar y acomodarnos unos encima de otros, a la hora de entrar al baño era una tragedia. Me pregunto como pudimos soportar el perfume del Waterlú. El baño emanaba un aroma bastante conocido combinado con un fuerte olor de ruda abombada que cacheteaba nuestras sensibles membranas pituitarias de cuando en vez. Esto fue una pequeña demostración que fuimos dispuestos a luchar.

En la reunión hubo bastante verso, floro y letra de los asistentes sobre el caos económico nacional, sobre Perú en los mundiales de fútbol y sobre la crisis económica de nuestros bolsillos gracias al Gobierno de turno.

Este último tema es un buen artificio de los conchudasos para no poner su chancha. Nunca tienen un Nuevo Sol. Pero son campeones para chupar y comer gratis.

En el taxi regresando a mi "haus", saqué de la secreta un billetito que se le había caído a uno de los camaronasos antes mencionados. Lo revisé detenidamente, lo puse a contraluz aprovechando el tímido foquito del VW. Miré bien y me di con la sorpresa que era falso. Un maldito billete falso. Lo guardé en mi billetera como si nada hubiera pasado. Lo dejé solito, sin compañía. En mi dormitorio dejé la billetera encima de mi escritorio.

Domingo de sol y calor, era un bello amanecer de un lindo mediodía dominguero, era la hora de tomar el desayuno. A mi no me apetecía ni tenía ganas de levantarme de mi camita. La humedad calaba hondo en mis huesitos, aparte que estaba con la resaca y el cuerpo descompuesto.

Cuando por fin me desperté, después de un buen duchazo con agua fría, me dirigí a la cocina y con sorpresa observé que junto a las ollas había una bolsa con dos pollos, otra de carne y bolsitas de menudencias; frutas, arroz y fideos; especies, azúcar, gelatinas, galletas y caramelos; jabones, shampoo y detergentes; menestras, phs; botellas de aceite, vinagre, sillao y de gaseosas; además de otras bolsas de papel que no se veía el contenido.

¡Increíble! Será cierto lo que estoy pensando? Me pregunté.

Calladamente me dirigí a mi cuarto, a mi escritorio, abrí mi billetera. Mi princesa había tomado el billete falso y lo había hecho pasar en el mercado. ¡Qué leche! ¡Qué lechero! ¡Aleluya!, grité con todas mis fuerzas en el más completo silencio.

Seguí callado hasta la hora de almorzar. Una vez sentadito en la mesa rodeado de mis hijos, junto a mi querida suegra que había llegado de visita. (Ojo: Mi queridísima suegra siempre nos visitaba dos veces al año, en cada visita se quedaba un semestre). Miré a la flaca, la miré fijamente a los ojos para agradecer su buen proceder. Ella, con un suculento plato servido entre manos, dándose cuenta de mi malévola miraba, me miró fijamente también y antes que yo abra la boca asestó a quema ropa:

"¡¡ Si !! ¡Yo agarré la plata! ¡ Así como tu gastas en licor con los vagos de tus amigos! ¡Con los borrachos de tu colegio! ¡Gasta también en comida, pues! ¿Y ahora qué? ¿Qué vas a decir? ¿No me vas a decir que Lucho Seminario, Jorge Vigo Diaz, Justino Peralta, te invitan? ¡Tremendos conchudasos! ¡Huele guisos! ¡Buenos para nada! Con Vigo no tengo problemas es buena gente y honrado. ¡Pero los otros! ¡Qué me vas a decir! ¡Ni te atrevas a defenderlos! ¡Conchudasos! ¡Tremendos lagartijas! ¡Malandrines de miércoles!

Bajé la mirada, hice una mueca de sonrisa. Dije no con la cabeza. Mis lágrimas de cocodrilo caían por mis mejillas y yo conteniendo la risa, conteniendo la carcajada de payaso de pueblo joven para disimular todo lo ocurrido hasta ese momento.

Mientras tanto todo giraba silenciosamente,...sereno, tranquilo y sonriente…agradecí al Señor de los Milagros, a Santa Rosita de Lima, a mi Patrono Coronel Alfonso Ugarte, y me dije para mi mismo para mis adentros:

¡Gracias Camaronasos Ugartinos!
¡Gracias! !Muchas Gracias!
¡¡Servido!! y ¡¡¡Provecho!!!

La Victoria, Mayo 2008

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